Monitor Nacional
10 Personas que aprendieron a amar su cuerpo y te inspirarán a hacer lo mismo
BienESTAR | Redacción
11 de mayo de 2016 - 12:30 pm
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La autoaceptación es lo mejor que puedes hacer por ti

Ciudad de México.- Si ellos pueden, tú también.

1. Después de vencer el cáncer, ganar y perder cantidades extremas de peso, y sufrir en el amor, Tam Naymark aprendió que la felicidad está en su capacidad de poder re-descubrirse cuantas veces ella quiera.

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“Cuando era chica, mi cuerpo se enfermó y mutó. Producto de las dosis de corticoides, mi cuerpo se hinchó. De repente pasé de ser una nena muy flaquita a una nena muy gordita. No puedo echarle la culpa al cáncer, también me gustó siempre comer. Años de quimioterapia me dejaron la huella en el cuerpo y pasé años engordando sin que eso me importase demasiado. Sin embargo detrás de todos esos kilos, yo escondía una parte. Pensando en que la gente que me quisiese me tenía que querer internamente, descansé en la comodidad de pesar lo que pesaba. Pero yo no estaba cómoda, y eso era mi gran secreto, y mi gran mentira”.

2. Bruno Cinti pudo transicionar a su verdadero ‘yo’ y así poder empezar a disfrutar su vida.

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“Muchas personas me felicitaron por mi “valentía”. Pero lo que propulsó mi transición fue en realidad miedo. Miedo a seguir siendo infeliz en un cuerpo erróneo. Miedo a morir sin nunca haber sido yo. Miedo a los espejos. ¿Te imaginas cómo se siente que cada espejo por el que pases te devuelva un reflejo ajeno? ¿Ver ese mismo reflejo foráneo en las pupilas de todos los que te miran? No había nada qué podía hacer para amigarme con mi cuerpo y aprender a habitarlo. Salvo transformarlo”.

3. Jenifer González perdió el miedo a expresar sus sentimientos y darle menos importancia a lo que la gente piensa sobre ella.

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“Me empecé a aceptar cuando ya no me daba miedo expresar mis pensamientos abiertamente por más “locos”, “raros” o “diferentes” que fueran. Solo ahí empecé a notar que le agradaba a las personas por cómo era y me di cuenta que nutrir mis pensamientos era básico para sentirme bien. A partir de ello me empezó a gustar mi cuerpo (la forma, mi ojos, mi sonrisa, mi pelo y etc.) y me sentí hermosa; eso me motivó a llevar una vida más sana, no solo mental, sino físicamente”.

4. Lucas Fauno aprendió a amar su cuerpo tal y como es, ignorando los estereotipos de varones gays que imponen los medios.

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“La cultura de la imagen de varones gays impone modelos en los que no encajo. Los calzoncillos más sexy los puedo usar de vestido. No tengo culo, soy muy flaco, no tengo brazos y mucho menos espalda. Me avergonzaba mucho mi cuerpo tan delgado entre los estereotipos de cuerpos de Adonis”.

5. Henry Tovar ignoró los prejuicios sobre su delgadez y se dio cuenta que su físico nunca le impidió lograr sus metas.

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“Por historia familiar, genética o equis motivo no patológico, he tenido una tendencia a ser bastante delgado desde siempre. A muy temprana edad, en mi niñez, esto nunca representó un “problema”, pero con el paso del tiempo al entrar a la adolescencia, recibí esa avalancha en los medios de personalidades estereotipadas. Chicos altos, musculosos, por lo general de tez bastante clara, entre otros, y comencé a sentir alguna especie de diferencia, la cual terminó desencadenando una serie de inseguridades y afectando mi autoestima sin duda”.

6. Pablo Bouvier entendió que debía amar su cuerpo después de lidiar con depresión y problemas alimentarios.

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“Cuando iba a la secundaria padecí de bullying… todos me catalogaban como el “gordito raro”, “gordito emo” y demás calificativos que me hacían sentir muy mal. Como mi casa era un infierno y el único lugar para escapar era el colegio tuve que aprender a lidiar con eso como mejor pude. Pasé por bulimia, me desmayé y terminé deprimiéndome. Con el tiempo conocí a una persona que me hizo entrar en el mundo de los boliches (porque yo era bailarín). Era todo un desafío que un chico que no tenía un cuerpo de gimnasio bailara sobre un escenario. Soporté críticas, burlas así como halagos y buenas vibras”.

7. Sara Blandon decidió amar su cuerpo delgado a pesar de las burlas de muchos.

Sin título“Yo soy una persona muy delgada y por lo tanto siempre ha habido personas atacandome por mi figura. Diciéndome cosas como, ‘si fueras más llenita fueras más bonita’, ‘no tenes cuerpo’, ‘pareces niño’, ‘pareces enferma’, ‘come más’. También habían muchos que me ponían apodos como “anoréxica” y otros más. Cuando estaba en los básicos eso me afectaba mucho. Aunque no lo demostraba en la casa, me miraba en el espejo y me sentía fea, enferma y me ponía a llorar. No me sentía cómoda conmigo misma”.

8. Brenda Mato se dio cuenta que la perfección no existe y que la belleza está en aceptar tu verdadero ‘yo’.

Brenda Mato se dio cuenta que la perfección no existe y que la belleza está en aceptar tu verdadero 'yo'.

“Actualmente mi actividad principal es el modelaje. Pero no todo empezó tan fácil. Me tocó nacer en un cuerpo gordo y mi primer dieta fue a los seis meses de vida. Sí, la pediatra le dijo a mi mamá que estaba excedida de peso, así que debió restringirme la comida. Crecer en un cuerpo gordo no es fácil, todos sabemos que los chicos pueden llegar a ser muy crueles, pero nos olvidamos que los adultos son sumamente peores. Aún recuerdo el comentario sobre mi sobrepeso en cada reunión familiar a la que asistíamos. Y a pesar de que en mi adolescencia “pegué el estirón” y llegue a tener un cuerpo más “normalito”, el hecho de tener busto, caderas grandes y algo de panza, hacía que mi título de gorda no desapareciera. Así que obligadamente seguía tirándome abajo, sintiéndome mal con mis amigas y saliendo con chicos que tal vez ni me gustaban, pero eran los que se fijaban en mí, así que suponía que estaba bien”.

9. Jessica Galdámez Mijangos logró entender que su estatura no es un impedimento.

Sin título“Desde que tengo memoria, si algo me ha faltado toda la vida es estatura. Siempre fue problema de bullying y humillación desde pequeña. Sin embargo, desde muy joven maduré y aprendí a aceptarme tal y como soy. En segundo primaria fue cuando más bromas tuve acerca de mi estatura, pero recuerdo una de ellas en particular. En donde estudiaba la primaria solían tomar una fotografía de todo el colegio en uno de los campos de fútbol. Para mi mala suerte era en orden de estatura, por lo que no estaba dentro del grupo de mi clase sino con niños de kinder. Ya te imaginarás el bochorno y molestadera de todos”.

10. Trás sufrir muchas críticas por su peso, Katherine Fabiola Rivera García aprendió a aceptar que todos somos perfectamente imperfectos.

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“Cuando tenía 11, era una niña gordita, bajita, con cabello alborotado, y siempre muy alegre. En ese tiempo no le prestaba mucha atención a la apariencia porque tener un gran grupo de amigas y suficientes muñecas para jugar era lo que más me importaba. Aún así, los insultos “inocentes” de mis compañeros, no me agradaban, recuerdo que me apodaban “barrilito”, y siempre por las mañanas al ingresar al colegio era lo primero que escuchaba que me decían. Los ignoraba y actuaba como si no me importara, pero si hubiese sido así, seguramente ni lo estuviera contando en este momento”.

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