A través de mis ojos

1 de diciembre y México ha renacido, hoy la 4a. Transformación se ha iniciado y esta transformación, que es precedida por La Guerra de Independencia, La Guerra de Reforma y La Revolución Mexicana, contraria a las mencionadas, no es armada sino moral; hoy los mexicanos han renacido con el Presidente López Obrador extendiendo la mano y jurando sobre la Constitución. Hoy desapareció la basura de las calles, los robos, hoy se han dejado de pasar las luces rojas y de estacionarse en lugares prohibidos, hoy se empezó a cruzar por los puentes y cruces peatonales y han dejado de desaparecer mujeres y niñas y el crimen organizado desapareció de las calles.

Así era, ¿no?

Nuevamente, como desde hace 200 años, el enfoque de la era AMLO surge de la cabeza de la pirámide hasta la base. Cuando la reconfiguración de un país y su transformación no dependen de que el gobernante en turno sea corrupto o no, pues deriva de que los ciudadanos dejen de ser como siempre han sido: ventajosos, oportunistas y personales, actuando y pensando únicamente en beneficio propio y no de la nación, buscando hacer dinero y no historia.

La 4a. Transformación de México no llegará por perdonar la corrupción ni al mantener al ejército a las calles. La transformación de México llegará cuando sea más importante mejorar la calidad educativa que cambiar los colores de la banda presidencial y reformar los requisitos para que un español sea el director del Fondo de Cultura Económica.

La transformación no empieza en Palacio Nacional ni en Los Pinos, sino en cada uno de los 31.4 millones de hogares qué hay en México. La transformación iniciará cuando los 119 millones de mexicanos decidamos ser mejores y vivir conforme a las reglas de concordia y civilidad.

Mientras esto no suceda, la presidencia de Andrés Manuel López Obrador será una más de las otras tantas que ha habido en México.

Así, hoy nos encontramos como en aquella madrugada del 15 de septiembre de 1810, donde apenas unos 75 habitantes del pueblo de Dolores, Guanajuato, acompañaban al presbítero Miguel Hidalgo y Costilla, proclamando la independencia nacional y llamando a las armas, sólo que hoy se llama a las conciencias, para liberarnos de la esclavitud que nosotros mismos hemos puesto a regir sobre nuestras vidas y cambiar nuestra patria desde dentro: nuestras cabezas.

 

El llamado es a la reflexión; y tú ¿esperarás a que tus hijos y nietos te reclamen por el país que les has dejado, o comenzarás a transformar nuestra patria?

 

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