A unos días de la elecciones presidenciales en Brasil…

Desde la primera ronda de votaciones el 7 de octubre de este año, los brasileños se preparan para votar nuevamente en una segunda ronda este 28 de octubre entre Jair Bolsonaro y Fernando Haddad. Bolsonaro siendo el candidato de la derecha extrema, quien ha realizado en constantes ocasiones comentarios sexistas, homofóbicos y autoritarios; mientras que Haddad es el candidato del mismo partido del anterior presidente Lula da Silva, quien actualmente se encuentra en la cárcel por cargos de corrupción.

Este ciclo de elecciones ha sido especialmente violento para Brasil, contabilizándose de manera oficial hasta el 7 de octubre al menos 10 casos de violencia política, incluyendo asesinatos. El ambiente político de Brasil ha polarizado completamente a su población votante y no votante, la situaciones de violencia se han convertido en escenas cada vez más comunes.

Este clima de violencia es el resultado de una población que se encuentra agotada de la clase política. Por una parte están aquellos y aquellas que luchan en contra de un candidato como Bolsonaro por medio del movimiento #Elenão; candidato que ha realizado comentarios sumamente sexistas, racistas, totalitarios y homofóbicos y que ha fomentado el uso de la violencia para ganar terreno político. Mientras que hay muchos otros que están hartos del mismo partido político y de la larga historia de corrupción, por lo que se niegan a aceptar a otro de sus candidato como lo es Haddad.

La derecha extrema que se ve personificada en Bolsonaro en Brasil, se ha aprovechado fuertemente del disgusto que la población tiene hacia la elite política, particularmente el enojo de los escándalos de corrupción. Aquellos que llegaron con el discurso de ser el cambio, como en su momento fue Lula, son ahora el rostro del peor de los males, la corrupción. Es precisamente por este enojo que gran parte de la población está dispuesta a dejar pasar todos los demás males de un candidato como Bolsonaro, si este carga con un discurso prometedor de arrancar desde raíz este problema.

Pareciera que la situación electoral de Brasil es muy similar a la de muchos otros países, como México, en el que la población se ve en la necesidad de votar por el mejor entre dos grandes males: no existe una representación política genuina ni un debate abierto y sincero. Lo que se vive hoy día en Brasil es el clímax de una ciudadanía cansada, harta y desesperada, pero es también una ciudadanía despierta, que exige y grita. Si bien los niveles de violencia han llevado a una crisis social y cultural, es también cierto que el país se encuentra en un momento coyuntural que definirá el tipo de sociedad, el modo de vida que se llevará en el interior del país, el tipo de población que, independientemente del ganador, deberá exigir resultados, rendición de cuentas, transparencia, respeto y apertura sociocultural.

El ciclo de votaciones en Latinoamericano ha estado permeado por los discursos de una clase política que no convence, que no genera otra cosa más que enojo y que ha resultado en una polaridad de la ciudadanía y de la democracia. Hasta qué punto hemos llegado como sociedad latinoamericana en el que el candidato liderando las encuestas en uno que ha dicho en repetidas ocasiones que el problema de la dictadura brasileña fue que no se asesinaron suficientes personas, o que las mujeres no deberían participar en la política y ha realizado comentarios en contra de los grupos LGBT+, indígenas y afrodescendientes. Es momento de frenar, ver la realidad, pero también de salir a las calles y de exigir un cambio, de cuestionar nuestras propias conductas e ideales. Si bien es cierto que el escenario político de Brasil y de la región es desilusionante, la realidad es que el futuro latinoamericano no está en sus manos, sino en las nuestras.