Monitor Nacional
Aba, la mejor amiga de “cuatro patas” para un niño con autismo
BienESTAR | Redacción
2 de abril de 2016 - 3:43 pm
Autismo-MN
La conducta del autista tiene una amplia variedad de alteraciones

Ciudad de México.- El pequeño Emmanuel y su perra Aba son más que buenos amigos. Ella, un labrador retriever de tres años, se ha convertido en su compañera y guía para integrarse mejor a la sociedad y, sobre todo, reducir las conductas de fuga que padece por su problema de autismo.

Diagnosticado con este padecimiento cuando tenía dos años, al igual que muchas personas, Emmanuel enfrentó dificultades severas para comunicarse con su familia porque tuvo una alteración del lenguaje con mutismo e inatención, que incluso hizo pensar en una posible sordera.

“Nos dimos cuenta a los dos años porque no hablaba. Le hablábamos y él se pasaba sin hacernos caso; nosotros creíamos que tenía algún problema de oído y por eso no nos escuchaba”, expone Lucia García Sotelo, mamá del menor.

La conducta del autista tiene además una amplia variedad de alteraciones. Con frecuencia, explica Claudia Paola Aguilar Torrentera, directora general de Bocalán México, muestra una muy deficiente interacción social, evita el contacto visual y elude al interlocutor.

Asimismo, indica a Notimex, es común que tengan rasgos de conducta rígida y resistencia a los cambios porque disfrutan el mismo juego o juguetes de manera monótona, por ejemplo, y además tienden a comer y vestir lo de siempre.

La especialista comenta que las estereotipias motoras son notables en estos pacientes, pues en repetidas ocasiones hay aleteo de manos, giros de la cabeza y balanceo de ciertas partes o todo el cuerpo.

Los berrinches de larga duración son otra manifestación muy habitual y de difícil manejo en los pacientes con autismo.

“En Emanuel ha habido una diminución en los berrinches”, resalta Aguilar Torrentera y argumenta que la mejora del menor es gracias a la llegada de Aba, el primer perro de autismo entregado en México por esta fundación.

La hembra de pelaje color amarrillo inició su entrenamiento para convertirse en un perro de asistencia en la sede de Guadalajara, Jalisco, y hace un año arribó a la Ciudad de México para conocer a su pequeño amigo y usuario, con quien ha tenido un excelente proceso de acoplamiento.

La titular de esta organización subraya que Aba es un estímulo sensorial e innovador para las terapias del menor de ocho años. “El pelaje, la lengua, las patas y las formas de moverse atraen al niño y ayudan para obtener más participación en sus terapias”, acentúa.

Debido a su apariencia amigable y temperamento, abunda Aguilar Torrentera, esta raza es idónea para trabajar aquellas habilidades que ayudan a disminuir en estos pacientes las conductas de fuga y estereotipias, así como mejorar los patrones de sueño.

Sin duda Aba, que lleva el mismo nombre que la terapia basada en el análisis conductual aplicado, reitera la entrevistada, ha sido un factor clave para lograr un cambio significativo y positivo en el comportamiento del pequeño Emanuel.

David Zielanowsky, especialista del Hospital ABC, considera que si bien hay diversos métodos o programas con buenos resultados, como la intervención para el desarrollo de las relaciones, el de ABA está diseñado para reforzar las habilidades cognitivas, motrices, sociales y de lenguaje mediante una refuerzo sistemático.

“Lo que ofrece esta terapia son habilidades muy específicas, que de manera natural tuvieron que haber aprendido desde el inicio de su desarrollo y, por consiguiente, poderlos encaminar hacia una vida social y escolar”, acota en entrevista por separado.

El fin, menciona, es reducir las conductas problemáticas a través de este método que tiene más de 40 años en función. Este programa incluye apoyo al niño en un marco escolar con un ayudante individual para facilitar la transferencia sistemática de destrezas en un ambiente escolar.

En ese contexto, la mama de Emmanuel, quien habita en la delegación Benito Juárez en la Ciudad de México, relata que su hijo adquiere cada vez mayor independencia en sus actividades cotidianas.

“Emanuel tenía conductas de fuga porque salía corriendo por impulso, y esto dejo de suceder porque todo el tiempo va sujetado a Aba”. Lo anterior sucede porque el niño va anclado a través de un cinturón a la perra y, cuando hay fuga, Aba se sienta o acuesta para frenar esta conducta.

Incluso, narra, los avances con el pequeño han sido tan significativos que hoy en día puede vestir, cepillarse los dientes y acudir al sanitario solo. El menor también ha mostrado gran interés por buscar y jugar con su único hermano, Julio, de nueve años, con quien llega “hasta pelear”, expone.

Aguilar Torrentera destaca a su vez que la peluda amiga esta adiestrada para dormir junto al menor y ayudarlo a relajarse, disminuir los niveles de ansiedad y mejorar los patrones de sueño mediante el tacto.

Así, la presencia de Aba ha elevado de manera trascendental y positiva las conductas sociales de este pequeño con trastorno del espectro autista (TEA), una afección que carece de una causa específica, pero se trata de una condición con alta predisposición genética combina con factores ambientales.

De acuerdo con la Clínica Mexicana de Autismo, uno de cada 300 niños vive con esta condición en México. Se estima que cada año son registrados más de seis mil nuevos casos.

En Estados Unidos, el Instituto Nacional de Salud Mental reportó que en 2012 había un caso de TEA por cada 88 menores. Al referirse a estas cifras, el doctor Zielanowsky recuerda que por cada tres niños con autismo hay una niña.

Resalta que en ocasiones también es confundida la sintomatología y los pequeños obtienen un diagnóstico erróneo. “No por tener alguno de estos problemas, quiere decir que el niño padece el trastorno del espectro autista”, enfatiza.

Por tal situación, ambos especialistas hacen énfasis en la importancia de acudir con un neurólogo infantil o psicólogo experto en el área, principalmente, para identificar los síntomas descritos y hacer una detección temprana del autismo, ya que entre “más temprano, más fácil será la intervención en el niño”.

En tanto, García Sotelo dice que Emmanuel sigue con su tratamiento farmacológico y lo refuerza con terapias cognitivo-conductuales en una escuela, en donde le enseñan las letras, colores y figuras, además de practicar equinoterapia.

“Al principio es difícil porque realmente no sabes que es lo que tiene (…). Si vives tu duelo porque es algo que no esperabas, no has vivido y no conocías; entonces lo primero es aceptar y ponerte a trabajar para buscar información, leer y ver en que le puedes ayudar para salir adelante”, expresa.

En México, y en el resto del mundo, la prevalencia del autismo es cercana a uno por ciento; es complejo, porque pertenece a los trastornos del neurodesarrollo y se caracteriza por alteraciones en la comunicación desde etapas tempranas, comenta la experta Jacqueline Cortés Morelos.

Además, los niños se ven impedidos para establecer un contacto con el exterior, dijo la investigadora con especialidad en Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“No existe un factor que lo precipite, es multifactorial y tiene un alto índice de heredabilidad; todos los trastornos del espectro autista tienen esta condición muy alta, casi de 100 por ciento”.

Cortés Morelos resalta que viven en su propio mundo, entonces, al crecer adquieren pocas herramientas de neurodesarrollo, que son habituales para los demás infantes.

Pueden llegar a carecer de comunicación verbal, y no verbal; no ofrecen respuestas a señales; tienen movimientos repetitivos (manerismos): se mecen, aletean o acarician su cabello.

Hoy en día, Emanuel camina a paso seguro sobre el parque y al lado de Aba, uno de los perros de asistencia patrocinados por la marca de alimento Ganador y uno de los cinco animales entregados por dicha fundación para personas sordas, con diabetes tipo I y alguna discapacidad.

Información de Notimex

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