Abuelas de acero

Como algunos podrán recordar el 28 de agosto en México se celebra el día del abuelo; aclaro que sólo algunos recordarán, ya que no todos participan en este festejo. En la familia no hicimos un ritual o celebración especial ya que somos un tanto desorganizados; pero eso no implica que lo olvidara.

Tengo algunos conocidos que, en definitivo, jamás han tenido un buen trato con los padres de sus padres, esto debido a que se toman problemas de familia como si fueran suyos y después convierten a los abuelos en grandes verdugos. No quiero defender a todos los abuelos del mundo ni mucho menos, pues existen aquellos que realmente si son unos lobos vestidos de lobos, porque a veces el traje de cordero les queda grande.

En lo personal quiero agradecer a mis dos abuelas por el tiempo de su vida que dedicaron a cuidarme, procurarme, regañarme e incluso por querer hacerme ver unos cuantos moralismos de las épocas de oro de José José y eso es decir mucho.

Agradezco a la madre de mi madre por enseñarme a ser un buen hijo, por preocuparse por mi alimentación, salud y hasta vida personal. También agradezco a la madre de mi padre por darme la libertad que necesitaba para vivir mi adolescencia al máximo sin restricción alguna.

Ambas mujeres terminaron por convertirse en el pilar de su respectiva familia, ambas tuvieron una vida difícil cuando eran jóvenes y ambas lograron sacar a sus hijos adelante. No todo es tan bello en esta historia, muchas veces nos olvidamos que existe una abuela en la familia, aquella a la que tenemos viviendo en un cuarto mal pintado, durmiendo en una cama no tan digna y aquella a la que nadie le dedica más de 5 minutos para preguntar ¿como está? o ¿como se siente?

Abuelas de acero aquellas que a veces no salen a caminar por el desgaste de sus huesos, aquellas que se quedaron en la amargura de no volver a encontrar el amor; abuelas de acero aquellas que teniendo hijos viven en el vil abandono y terminarán muriendo solas. A ellas les dedico mi más grande respeto, mi más grande disculpa por ser un poco mal agradecido y no tener por lo menos un día, como los tantos que ellas si me brindaron.

Abuelas de acero aquellas que viven en las calles, aquellas que con todo y el dolor de su alma trabajan para alimentar a los suyos; gracias a todas aquellas que dedicaron su vida a cuidar de grandes familias. Y para aquellos que se olvidan de sus madres o abuelas; no olviden que esa mujer un día les dio parte de su vida, alegrías, sonrisas y educación y cuando muera no servirá de nada llorarle.