Monitor Nacional
Adultos mayores no pierden optimismo y esperanza de comicios
Política | Redacción
7 de junio de 2015 - 8:05 pm
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Don Enrique Aceves no pierde su esperanza ni optimismo de que México algún día sea un país mejor

Ciudad de México.- A sus 86 años de edad, tras cinco “infartitos”, casi ciego y sordo, don Enrique Aceves no pierde su esperanza ni optimismo de que México algún día sea un país mejor, por lo que a primera hora de este domingo salió de su casa sin esperar a que su hija lo acompañara a votar.

Con bastón en mano, perfectamente arreglado de pies a cabeza, un “caballero a la antigüita” como él se denomina, don Enrique, llegó a la casilla ubicada en Heriberto Frías en la colonia Del Valle, sin embargo se había equivocado, “buscaba la calle de Tlacoquemecatl, sé que está a unas cuadras de la casa pero no la identificó”.

Lo anterior no le quito el buen humor ni las ganas de votar a don Enrique, y se dejó guiar y acompañar durante unas seis cuadras en donde aseguró que “la esperanza es lo último que muere”.

“Tuve cinco infartitos, pequeños pero cinco, nadie ha sobrevivido a cinco infartos, gracias a Dios ya me siento bien, pero no veo casi, estoy sordo también, eso no fue por infarto sino porque mi madre era sorda y toda mi familia es sorda”, relató.

“Soy casi ciego y casi sordo, por eso no me dejan salir, yo me escapo porque me aburro en la casa, no me dejan salir pero como todos mis hijos trabajan, pues me escapé”, sostuvo.

“Tengo una hija que también vive en la colonia Del Valle gracias a Dios, si sabe que yo me escapé porque ella me iba a acompañar a votar seguro se asusta, pero yo por mi enfermedad tengo insomnio y no puedo dormir. Se me hacen las noches eternas y ya no aguanté. Me di el regaderazo para salir a buscar la casilla”.

Recordó que meses atrás, al bajar la banqueta del parque cercano, lo atropelló una señora que iba en su coche con su mamá, pero “no me pasó nada”.

Recuerda, sin embargo, que las mujeres se asustaron tanto que empezaron a llorar, por lo que decidió ser él quien las consolara.

Una semana después, en el mismo lugar, lo atropellaron dos policías en su bicicleta platicando, pero se apenaron tanto “que me reí y me preguntaron ¿de qué se ríe señor? y fue donde les contó el primer incidente”.

“Me dieron ganas de levantarme, pues tengo esperanza que esto se mejore, no creo que estemos muy bien pero tengo esperanza de que se mejore, claro que sí”, respondió de buena gana al tiempo de asegurar que nunca ha dejado de votar, y “si tengo la convicción de que quiero mejorar tengo la obligación de votar, por supuesto”.

En este sentido, admitió que sus hijos le dicen que para qué se entusiasma tanto con el voto si todo sigue igual.

“Mis hijos son de esa idea en la que no estoy de acuerdo, pero no dejo de ver que a veces tienen razón”; sin embargo, insiste en mantener la esperanza, “yo pienso que se debe de votar, hasta por patriotismo si es necesario”.

Nacido en Jalisco, aunque prácticamente toda su vida ha radicado en la Ciudad de México, y los últimos 30 años en la delegación Benito Juárez, cuenta que no ve los semáforos y de los nombres de las calles “ni de chiste”.

Integrante de la última generación de la escuela de medicina vieja de Santo Domingo, ahí alguien le dijo que había una plaza en las Islas Marías, “yo quería conocerlas y me fui allá, donde hice mi servicio social”.

“Yo fui dizque por seis meses y decían seis meses allá y otros seis meses en lugares muy atrasados, pero el jefe de servicio que era médico militar, todos eran médicos militares, yo fui el único médico civil que estaba ahí y este me dijo que saldría de vacaciones, que si lo suplía, yo pensé que iban a ser 15 días, pero me estuve otros seis meses, en total un año”.

Ginecólogo y obstetra de profesión, hoy jubilado, don Enrique, impecable de traje rosado, chaleco y camisa, aseguró que no se vistió especial para la ocasión, “soy muy friolento, tengo frío aunque no lo crea, por eso uso saco, no porque vista bien”.

Así pasó a votar y con su gran sonrisa mostró su pulgar. Al regresar a su casa resulta que estaba casi enfrente de esta última casilla.

Otra contemporánea y vecina de don Enrique exigió que no se le cuestionara su edad.

Concepción Julieta Cárdenas también se mostró optimista al ejercer su voto, señaló que la esperanza no se le ha quitado para nada. “Todos los días me levanto contenta”.

“El voto tiene que servir, de todos modos hay que votar, por si de verás se compone la situación, porque andamos de cabeza, pero yo siempre muy positiva. Espero que esto se componga y se arregle”.

Don Mario Héctor, de 63 años, también con bastón, aunque con notable mayor dificultad para caminar que don Enrique, aun así se formó en la casilla por más de una hora, al término platicó en breve caminando porque “si me paro me caigo”.

Con tanta publicidad uno está desmotivado a votar pero con el funcionamiento de las casillas siempre es un problema echarlas a andar por la mañana y hoy no fue la excepción. Llegó un poquito antes de las 8:00 horas a votar, pero le toco esperar más de una hora y “en las condiciones en que estoy pues es más difícil todavía”.

“Toda la vida he votado, creo que alguna vez estando de viaje no lo hice, pero siempre lo he hecho.

Sí hay mucha gente que está absteniéndose de votar pero a mí nunca se me quitaron las ganas. “He campechaneado, antes era todo por un solo partido pero ahora lo repartimos para que se cuiden las manos unos a otros”, agregó.

La delegación Benito Juárez es la que tiene el mayor número de adultos mayores de la capital mexicana. Se trata del 20 por ciento.

Con información de Notimex

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