Monitor Nacional
Agenda Post-2015 y el Congreso mexicano
Portada | Eduardo Luciano Tadeo Hernández
25 de agosto de 2015 - 11:34 am
Congreso-MN
Evaluando compromisos internacionales

En el año 2000 inició uno de los proyectos más importantes y ambiciosos a nivel internacional: el establecimiento de objetivos del milenio respaldados por los países integrantes de la Organización de Naciones Unidas, de tal suerte que pudieran ser aplicados de manera universal y evaluados con base en indicadores concretos durante un periodo de tres lustros.

México participó en la histórica reunión de la Asamblea General a principios de siglo y asumió también el compromiso, desde la política exterior, de trabajar para el bienestar de la población mexicana; deber ser del quehacer político interno y externo.

Tras quince años de trabajo, se publicó el último informe sobre el avance de los ocho objetivos del milenio en territorio nacional, mostrando diversos resultados:

En el primer objetivo, sobre la erradicación de la pobreza y el hambre, la proporción de personas con ingresos percápita inferiores se redujo de 9.4% del año 2000 a 3.7% en 2014, sin embargo cuando se observa la tasa del crecimiento del PIB por persona ocupada, se tiene un progreso insuficiente.

En el objetivo dos referente a lograr la enseñanza universal, destaca el aumento de la tasa de alfabetización de personas de 96.7% a 98.4% de 2000 a 2014.

El objetivo tres se ha cumplido; llegando a todas las metas establecidas en relación a la promoción de la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer. Sin esto significar la desaparición de todos los obstáculos que hay en México para el desarrollo de las mujeres.

En cuanto al objetivo cuatro, reducir la mortalidad de niños menores de cinco años, la tasa de mortalidad disminuyó de 25 en 2000 a 15.7 en 2013.

El quinto objetivo cuya intención fue la mejora de la salud materna, registra progreso insuficiente en la meta de disminución de la razón de defunciones por cada 100 000 nacidos vivos, pues para 2013 era de 38.2, cuando el reto era llegar a 22.2.

El objetivo seis, enfocado en el combate al VIH/SIDA, el paludismo y otras enfermedades, se cumplió en relación a la disminución de la prevalencia del VIH en población adulta, pero tuvo un progreso cuestionable en cuanto a la disminución de la incidencia asociada a la tuberculosis.

Tristemente, es el objetivo siete en el que más estancamiento hubo y, en consecuencia, existen más metas incumplidas relación a la sostenibilidad del medio ambiente. Preocupa por ejemplo que las emisiones de carbono totales no se redujeran y que no existan datos suficientes para calcular la proporción de especies en peligro de extinción.

Finalmente, en el último objetivo, fomentar una alianza para el desarrollo, puede argumentarse que el progreso fue positivo para el caso mexicano.

Con este diagnóstico, México llega a 2015 para asumir nuevos retos y responsabilidades para los siguientes quince años. En septiembre, los líderes políticos del mundo aprobarán un nuevo marco de acción mundial que busca fortalecer los objetivos del milenio, adoptados por la Asamblea General de la ONU en el año 2000. La propuesta se extiende hasta 2030.

Durante tres lustros se trabajará para alcanzar 17 objetivos y 169 metas específicas, los cuales giran en torno al tema del desarrollo sostenible, abrazando aspectos como la protección al medio ambiente, la igualdad de género, el combate a la desigualdad social, la erradicación de la pobreza, entre otros.

El escenario post-2015 reafirma la comprensión de la comunidad internacional sobre la existencia de problemas para los cuales soluciones locales no son suficientes; requiriéndose, entonces, de una cooperación entre países, organizaciones regionales e internacionales. Pero, también de la participación de diversos actores del Estado.

En México, desde la década de los noventa, los diversos gobiernos federales han ido incorporando, lentamente, pero cada vez en mayor medida, a distintos actores a fin de tomar en consideración su voz y respetar sus facultades constitucionales en relación a la política exterior. El caso particularmente emblemático es el del Senado de la República.

Ante la coyuntura sobre los nuevos retos que demandan los compromisos 2015-2030, la Senadora Laura Rojas ha hecho una propuesta que debe tomarse muy en serio por parte de los ciudadanos mexicanos, debido a que representa una magnífica oportunidad para que nuestros representados vigilen de cerca los avances de los nuevos objetivos y metas: la creación de una comisión bicameral para el seguimiento a la implementación de la nueva agenda 2015-2030.

Esta propuesta fue introducida el 14 de agosto de 2015, en el seno de la Comisión Permanente y ha sido turnada para discusión a la comisión de relaciones exteriores y organismos internacionales del Senado. En la Cámara de Diputados está por terminarse el periodo de tres años que mandata la constitución para quienes ocupan el cargo, por lo que serán los nuevos diputados y la nueva Junta de Coordinación Política, quienes tengan que dar seguimiento a esta propuesta trascedente.

Será la LXIII Legislatura del Congreso de la Unión, quien haga historia creando esta comisión bicameral de control legislativo. Asumiendo sus facultades institucionales en política exterior, en el caso del Senado, y el tema de la aprobación del presupuesto de egresos, en el caso de los diputados, pueden generar un gran impacto en la conducción de la política exterior de México, aún más importante, en la mejora de la calidad de vida de la población, la cual vive ansiosa por ver reflejados en sus vidas cotidianas los números e indicadores alentadores que tanto se mencionan en discursos oficiales.

El ciudadano mexicano también deberá asumir una gran responsabilidad, pues de aprobarse la creación de la comisión bicameral, tendrá que exigir transparencia y estar atento a las acciones que los legisladores lleven a cabo; canalizando a través de ellos las inquietudes y las realidades que se vayan presentado hasta el 2030.

¡Sí a la democratización de la política exterior!

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