Monitor Nacional
Algunas de las condiciones de las prisiones en América Latina
The Global Goals | Michelle Valdes
14 de noviembre de 2016 - 8:32 am
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La sobrepoblación que genera el hacinamiento es un mal que existe desde siempre en la mayoría de las prisiones de Latinoamérica

Uno de los grupos sociales que ven vulnerados con mayor frecuencia sus derechos humanos es el de los que se encuentran en prisión.

Sin embargo, se debe comprender que los derechos humanos son inherentes a la persona, por el simple hecho de serlo. El hecho de cometer un delito por grave que este sea, no puede ser motivo para que se vulneren los derechos humanos de nadie.

Hablar del sistema Penitenciario de América Latina es muy amplio y complejo, lamentablemente es hablar de corrupción, hacinamiento, tráfico de drogas, de injusticias, de complicidad de las mismas autoridades, de la inadecuada clasificación de los presos, de la falta de capacidad para poder resolver los problemas nuevos y los problemas que ya vienen arrastrando desde hace mucho tiempo y entre otras cosas.

Quien ingresa a una cárcel, pierde el derecho de libre tránsito y el ejercicio de sus derechos políticos; pues la prisión está catalogada como una pena corporal que impide libertad de acción y movimiento, pero no de sus demás derechos humanos.

Las prisiones son aquellos lugares que se utilizan para aislar de la sociedad a quienes generan problemas. Estos lugares pueden terminar siendo una fábrica de malhechores, debido a la forzosa e intensa convivencia que tienen que vivir estos reclusos a pesar de los cambios y las condiciones que han mejorado a lo largo de los años, siguen habiendo problemas dentro de ellas, algunos solo han evolucionado.

El peor suplicio de un prisionero –según Dostoievsky- es la convivencia con ciertos individuos. En las cárceles, hay sujetos con los que nadie quisiera vivir, ni mirar siquiera. (GARCÍA RAMÍREZ, 2002)

La cohabitación por lo general es forzada, pero en la cárcel puede llegar a ser horrible, ahí existen algunos de los hombres con los que nadie querría vivir.

Ha existido un incremento desmesurado en el uso de las medidas de internamiento; el sistema ha agudizado las desigualdades sociales donde se encuentra cada vez más la corrupción, la superpoblación y violación de los derechos humanos, así como la violencia física, psíquica y sexual; esto ha hecho de las cárceles ambientes de inadaptación, donde se destroza la dignidad, identidad social y privacidad, acentuando la inseguridad que proporcionan los personales administrativos con la degradación que ejercen hacia los presos.

La sobrepoblación penitenciaria es entendida como la cantidad de presos que excede la capacidad instalada en un establecimiento penal. (BRINGAS, 1998)

La sobrepoblación que genera el hacinamiento es un mal que existe desde siempre en la mayoría de las prisiones de Latinoamérica. Las prisiones se están llenando de delincuentes por delitos que bien podrían ser sancionados tomando otras medidas. Están mandando a la cárcel a ignorantes, a personas que no pueden pagar un abogado adecuado, a ladrones de un litro de leche, y los están condenando hasta por 10 años y por supuesto, no a los grandes criminales.

El hacinamiento carcelario ha sido definido como un trato cruel, inhumano y degradante, en los términos de la Convención de las Naciones Unidas contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, este trato además de ser un mal en sí mismo, incide negativamente sobre todas o casi todas las funciones esenciales de los sistemas penitenciarios. (TAPIA MENDOZA, 2010)

Las cárceles que tienen sobre población, tienen por seguro enfermedades, insalubridad, hacinamiento, promiscuidad, falta de espacio para realizar actividades deportivas y recreativas, la comida que se ofrece es cada vez más escasa, la falta de atención médica y de seguridad, generando corrupción, desorden, y lo más preocupante para el Gobierno, generará más gasto.

Aquellos prisioneros no tienen calidad de vida y la garantía de sus derechos humanos es cada vez menor.

Algunos de los derechos que deberían de prevalecer en cualquier persona que se encuentra ya sea privada o no de su libertad son:

El derecho a la vida y a la seguridad.

El derecho a la salud.

El derecho a no ser torturado ni maltratado.

El derecho a la libertad de culto.

El derecho al respeto de la dignidad humana.

El derecho a no ser sometido a la esclavitud.

El derecho al desarrollo personal.

El derecho al respeto a la vida familiar.

El derecho a la no discriminación de ningún tipo.

Sin embargo, existe una tradición de silencio oficial, que guardan las instituciones penitenciarias, además del escaso interés que manifiesta la sociedad sobre el tema de las prisiones.

Se cree que con la construcción de nuevas prisiones se resolverá el problema, pero se debe ser consciente que no lo eliminan, pues existe evidencia por experiencias de otros países que en el futuro las nuevas cárceles estarán abarrotadas como las existentes.

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