Andrés Manuel no es completamente culpable

Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México

Mucho se ha mencionado sobre el anuncio de la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México y de la consulta, después de conocer los resultados de esta última, organizada por el gobierno electo para tomar tal decisión, y seguramente se seguirá discutiendo aun después de que el nuevo presidente tome posesión el primero de diciembre.

Se podrán decir muchas cosas de la forma en que se decidió cancelar la obra, que si la consulta no estuvo dentro del marco legal, que si estuvo mal organizada, que si no hubo secrecía del voto, que se dejó la decisión a poco más del 1% de la lista nominal y un largo etcétera. Pero si miramos un poco hacia atrás, a la forma en que este y los anteriores gobiernos han trabajado podemos observar que en realidad los únicos culpables de la próxima cancelación de la construcción del NAIM son los mismos que lo mandaron hacer.

Ese contubernio entre la clase política gobernante y la clase empresarial, con sus adjudicaciones directas, favoritismo, sobre costos en las obras, en pocas palabras, eso que se conoce como capitalismo de cuates, es algo de lo que ocasionó la indignación por la construcción del nuevo aeropuerto, que es visto por el presidente electo como una obra faraónica, con un costo muy alto, que por si fuera poco sería construida por las contratistas preferidas del actual gobierno.

Esta obra, apestosa a corrupción, sobre la que la Auditoría Superior de la Federación ha encontrado irregularidades por 328 millones de pesos, junto a un sexenio repleto de escándalos de malversación de fondos, en los estados y a nivel federal, fueron los que ocasionaron que el NAIM sea visto con malos ojos, todo el sexenio le han hecho el caldo gordo a Andrés Manuel, que se encargó de implantar esa indignación entre sus simpatizantes. Le fueron allanando el camino a alguien que ahora cuenta con un capital político de alrededor de 30 millones de mexicanos.  No se puede echar toda la culpa a una consulta, aunque mal hecha, cuando durante más de cinco años se actuó de esa forma. La obra se cancela por costosa y cuestionable.

Que ahora no salgan muchos con que les preocupa la forma en que se tomó la decisión, porque de haber hecho bien las cosas, de haber combatido la impunidad y la corrupción como decían; de haberse preocupado por la economía de los mexicanos, que ha quedado claro que no fue así con declaraciones como las de Ildefonso Guajardo en el Senado. Se preocuparon por su propia economía. De haberse mostrado más sensibles y más cercanos al pueblo; de haber mejorado de verdad, no solo en el discurso, la situación de las familias mexicanas y, claro, si no representaran a la perfección ese capitalismo de cuates, casi estaría seguro de que nadie les habría reclamado y jamás se hubiese cancelado la obra.

No estarían ahora organizando marchas para pedir su aeropuerto, ni preocupados por que los aviones no vayan a chocar con Santa Lucía funcionando. Si tan solo eso hubieran hecho. ¿Tanto les costaba hacer su trabajo? Pero bueno, actuar de esa forma no es ningún negocio, así que para qué. Así que ni AMLO ni quienes votaron por él en julio y mucho menos quienes dieron el “Sí” a Santa Lucía son los mayores culpables, estos tienen cuello blanco.