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Antonio Brown, una novela con dos finales

“Es extraño, pero es verdad; porque la verdad es siempre cosa extraña; 

más extraña que una ficción”.

-Lord Byron

 

“Antonio Brown, el del barrio”. Fue la novela de mayor rating de la NFL en el verano. 

 

El receptor estelar, el divo del momento, nos brindó una formidable actuación durante toda la pretemporada. Hubo de todo: drama, llanto, enojo, memes, videos, contratos, renuncias, de nuevo contratos y finalmente risas. 

Aplausos y un Emmy para el muchacho.

Sí, Brown celebra, pega de brincos, dice que es “libre como un ave”… Deja a los Raiders.

Un par de horas después, de la nada, sorpresivamente, los Patriots lo contratan por un año y 15 millones de dólares, más un bono de nueve millones tan solo por firmar. Para nada está mal, el divo debe cotizarse. Sabe lo que tiene, pero sobre todo tiene lo que vale.

Hasta aquí la novela tiene un desenlace que tiende a un final perfecto. El guión no puede ser mejor. El jugador con el jersey 84 lleva a Tom Brady y los Patriots a ganar su séptimo Super Bowl. Todos festejan. Brown le restriega a Steelers y Raiders lo que se perdieron. Todos son felices y tan tan.

Aunque hay un final alternativo. Uno que nadie ha visto aún, pero que sin duda cambia radicalmente la historia.

En un mundo perverso y lleno de maldad, Bill Belichick, ‘El Monje’ del Diablo (y coach de los #Pats), a sabiendas de la frágil mente de Antonio Brown, al saber que el receptor desde un principio no estaba contento en Oakland —un equipo que para nada es contendiente en la AFC— aprovechó para hacerle una llamada telefónica. 

¿Se imaginan? En dicha conversación, Belichick le sugiere a @AB84 que actúe como un loco, que desquicie a los Raiders y que haga todo lo posible para que lo despidan. Le aclara que no debe preocuparse, que los Patriots, cueste lo que cueste, le ofrecerían un jugoso contrato de inmediato. ¡Pum! De la noche a la mañana, Antonio estaría en un equipo con aspiración a un título y con su bolsillo atascado de billetes verdes. Y lo mejor de todo, se vería tan natural que nadie sospecharía nada.

¡Ah, exquisita ficción! Creo que le llamaré a Ernesto Alonso, Juan Osorio o Luis de Llano para venderles la historia. Sé que esto no le gustará a los fans de Nueva Inglaterra. Por favor, no lo tomen personal. Es solo una realidad alternativa, como el ‘Spygate’ y el ‘Deflategate’.

La periodista Ann Killion, del San Francisco Chronicle, piensa que existe una posibilidad de que todo este drama haya sido planeado por los Patriots. Así lo expresa en su artículo: “¿Fue la saga de Antonio Brown una estratagema? ¿Un juego de los Patriots? ¿O solo los Raiders como de costumbre?”. ¿Será?

Otros personajes secundarios, en esta otra opción de final de la novela, como los aficionados de los Raiders, opinan que fue una manipulación operada y que debería conducir a una investigación por parte de la NFL. Tampoco faltan los extras que consideran la “teoría de la conspiración”, como el artículo de “Popculture Sports”, es decir:

El agente de Brown, Drew Rosenhaus, operó con el receptor un engaño, previamente consensuado con los Patriots. Al ser imposible que los Steelers le cedieran a su acérrimo rival al receptor más talentoso de la NFL, pretendieron el movimiento con los Raiders, pero jamás fue su intención quedarse con ellos.

En este final, la NFL investiga y descubre los audios de las conversaciones entre Brown, Rosenhaus y Belichick. El comisionado de la liga, Roger Goodell, cual justo salvador, dirige las pesquisas, descubre la verdad, pero para salvar la imagen de la organización, manda a quemar todas las pruebas… Recuerden, es una ficción, eso no sucede [Spygate, cof, cof]. 

Como sea, el movimiento está hecho y “Antonio Brown, el del barrio” siempre será recordado. 

Zone Blitz

El impacto en las casas de apuestas de Las Vegas fue inmediato. Antes del fichaje de Brown, Nueva Inglaterra estaba 13 a 2 como favorito para ganar el Super Bowl LIV. Ahora están 4 a 1. Eso es ser un verdadero “influencer”.