Monitor Nacional
Argentina: viraje electoral
Opinión | Eduardo Gonzalez
26 de noviembre de 2015 - 1:13 pm
Macri-MN
Lo que sigue para los argentinos es evitar que el nuevo proyecto nacional de Mauricio Macri regrese a las políticas neoliberales puestas en marcha en décadas anteriores

Los argentinos salieron a las urnas el domingo pasado para cumplir con la segunda vuelta electoral, la primera que se realiza en la historia de ese país, y elegir a su nuevo presidente. Aunque los resultados no son del todo sorpresivos, se impone reflexionar sobre los derroteros que tomará la política del país sudamericano a partir del 10 de diciembre cuando la derecha regrese al poder, empero bastante acotada. En realidad podemos decir que en los siguientes cuatro años habrá una especie de cogobierno entre el régimen que se va y el que llega, incluso el presidente del Banco Central, Alejandro Vanoli, y la fiscal general, Alejandra Gils Carbó continuarán en sus cargos más allá del 10 de diciembre, lo cual puede hacer las veces de una bisagra política para transitar pacíficamente hacia otros escenarios ya sea al interior de Argentina o en la relación guardada con sus vecinos del Cono Sur.

Mauricio Macri y Gabriela Michetti de Propuesta Republicana encabezaron la alianza Cambiemos y obtuvieron 51.40 por ciento de votos, 12 millones 903 mil 293 de sufragios; mientras la fórmula de Daniel Scioli-Carlos Zannini, del oficialista Frente para la Victoria, obtuvo 48.60 por ciento de votos, 12 millones 198 mil 437 de sufragios. La distribución de la votación le da a Cambiemos, 91 de los 129 diputados necesarios para aprobar o modificar leyes, y 15 de los 37 senadores requeridos para tal fin. Por lo tanto, el nuevo presidente tendrá duras negociaciones con la oposición para sacar adelante cambios legislativos para apuntalar su administración; esto representa una situación inédita debido a que en Argentina el jefe del Ejecutivo nunca había arribado al poder con desventaja en los órganos legislativos. Por lo pronto, en los siguientes cuatro años, el ejercicio de gobierno estará asentado en varias manos.

Algunas razones del triunfo derechista se encuentran en el desgaste que produjo al partido gobernante doce años de ejercicio del poder; los frecuentes enfrentamientos con la oligárquica y los medios de comunicación que sistemáticamente golpearon a los gobiernos kirchneristas. Asimismo, la sensible disminución en el crecimiento económico a consecuencia del abaratamiento de las materias primas en las cuales se había apuntalado el crecimiento de la economía argentina; sin olvidar, desde luego, varios casos de corrupción gubernamental y la pobreza que experimentan 21.8 por ciento de los argentinos. Por su parte, Mauricio Macri supo unificar al electorado opositor y a la ciudadanía en torno a un discurso del “cambio” aunque en estos momentos no quede muy claro hacia dónde irá el cambio prometido.

Desde luego, no podemos escatimar algunos logros del gobierno de Cristina Fernández, uno de los más importantes del proyecto kirchnerista fue poner fin a una prolongada crisis política y ordenar la economía, con lo cual pudo dejar la tasa de desempleo en 5.9 por ciento, el menor nivel en casi tres décadas; por otro lado, consolidó un marco legal para favorecer el respeto a los derechos humanos, así como escudriñar en la memoria histórica para juzgar a los militares que encabezaron la dictadura a mediados de los años setenta.

Lo que sigue para los argentinos es evitar que el nuevo proyecto nacional de Mauricio Macri regrese a las políticas neoliberales puestas en marcha en décadas anteriores que sumieron a su país en una profunda crisis económica y política que condujo a una baja credibilidad en la clase gobernante y pulverizó el nivel de vida de los argentinos.

Estoy cierto que la herencia del gobierno de Cristina Fernández no es positiva en todos los ámbitos, pero en los cuales los resultados han sido favorables para la población no habría que dar vuelta de timón. El peronismo tendrá entre sus nuevas responsabilidades defender lo alcanzado y realizar una severa autocrítica de los erros cometidos a fin de abonar en la consolidación democrática de Argentina junto al nuevo gobierno de Mauricio Macri. Una actitud diferente sería ir contracorriente de lo construido en los últimos doce años.

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