Ascenso y caída del Partido de los Trabajadores en Brasil

Brasil ha sido el foco de atención durante estos últimos años, con varios eventos tanto positivos como negativos, tomando en cuenta los recientes Juegos Olímpicos en Río de Janeiro, así como el evidente movimiento positivo que ha tenido en las últimas décadas.

       Ha existido un evidente ascenso económico de una población pobre, que ha pasado a formar parte de la llamada Clase C, o clase media-baja. De igual forma se ha visto una circulación de élites, con la llegada de nuevos grupos a las posiciones de poder que antes se veían imposible. Esto comenzó desde las políticas redistributivas en el gobierno del ex presidente Lula da Silva y Dilma Rousseff, haciendo de su país el más destacable de América Latina.

       Lula da Silva gozo durante la mayor parte de su mandato una popularidad sin precedentes, en parte por su origen humilde y por incluir en gran medida a la clase pobre, logrando una expresiva declinación de las tasas de desigualdad y pobreza, este gobierno dejó de lado a las élites tradicionales. Sus programas de este tipo redistributivo fueron tan famosos como el caso de Bolsa Familia, así como un aumento real del salario mínimo, aumento del empleo formal y la elevación del nivel educativo. En parte esto fue continuado por su pupila Rousseff con programas como Brasil sin miseria.

       La forma de gobernar de Lula no se puede dejar de lado, ya que se pueden rescatar factores muy importantes siendo su gobierno de un estilo populista, que emergió en el ocaso de la dictadura militar. Su forma natural de liderar a las masas no fue lo más relevante ya que internamente no busco crear nuevas instituciones o rehacer las ya existentes, sino que se mantuvo con las mismas operándose de una manera más eficiente, así como negociar con los diferentes partidos inclusive los opositores, dando un aire verdadero de democracia.

       Encuestas al final de su gobierno incluso eran bastante alentadoras, mostrando que solo el 14% desconfiaban de Lula. Esto se vio todavía más beneficiado cuando rechazó una propuesta de reforma constitucional para poder gozar de un tercer mandato. Lo que más se le celebra fue la distribución de cargos gubernamentales, haciendo de su gobierno uno multipartidista. Todo esto lleno de buenos resultados económicos y sociales.

       Tristemente no todo siguió su curso en su segundo mandato cuando surge un factor que tambaleó a Brasil, el escándalo llamado Mensalao, que propiamente daba cuentas de cómo el Partido de los Trabajadores (PT) había pagado tanto a sus miembros como a los demás partidos, sumas considerables para compensar el poco protagonismo de los partidos opositores en el decadente multipartidismo de antaño. Se les pagó por lo tanto a los aliados y nuevos aliados. Lula no supo afrontar estas críticas en su partido ya que el PT en Brasil era considerado el verdugo de todos, castigando severamente la corrupción. Viendo que ahora ellos eran los causantes de tal vicio, simplemente Lula comentó que esto era una práctica corriente y que el PT apenas había hecho lo que los demás partidos ya hacían.

Para agravar la situación también surge la duda de quién sería dentro de su Partido de los Trabajadores el candidato a la presidencia. Con los escándalos dentro de su partido de corrupción que quitaron al favorito Antonio Palocci, se veía casi inexistente quien sería el candidato para la población en general, aquí es donde sale Dilma Rousseff.

       Rousseff era en ese momento Jefa de la Casa Civil, reemplazando a José Dirceu, otro más de los que había caído en desgracia con la corrupción, por lo cual el puesto tuvo que ser llenado. Ella no tenía realmente ninguna experiencia electoral y era prácticamente desconocida hasta que se hizo evidente el intento de Lula de posicionarla, siendo criticado severamente como lo que se conoce en México como el dedazo. Todos sabemos que en efecto Dilma Rousseff llegó a la presidencia en el 2011.

       La primera mujer presidenta de Brasil tuvo como lema el seguir con el buen gobierno de Lula, pero evidentemente tuvo cambios muy significativos. En primer lugar, hizo de su gabinete un fuerte predominio de su propio partido, que no correspondía con el multipartidismo existente tanto en el Parlamento (sólo 17% de los escaños pertenencia al PT), ni al Senado (16%). Por lo cual no se hicieron esperar las quejas, ya que este tipo de movimientos fomentaría el desequilibrio y más importante, formas de corrupción internas ya fuera para enriquecimiento propio o para apoyo en campañas políticas. Además de esto Dilma enfrentó un distanciamiento con la población en general, siendo su gobierno más sobrio que el anterior.

       Error más grave es el no conocer la historia de tu propio país y esto fue lo que le paso a Dilma Rousseff. Ella no se percató que su población ya era más educada e informada, que el riesgo de una ilegitimidad era cada vez mayor, así como una sociedad moderna y democrática que no perdonaría la hipocresía en los partidos, mucho menos en tema de corrupción. No darse cuenta de la importancia del escándalo Mensalao es imperdonable. Con este escándalo se acentuaba más la rivalidad entre el PT y los partidos de derecha conservadora. Ya que siendo el PT un partido de izquierda, se podía hacer evidente la tambaleante situación de la antigua élite, que viendo esta inestabilidad sumando la corrupción del partido que negaba hacerlo, era demasiado.

       Rousseff por lo tanto hizo una mezcla nada permisible, juntando por un lado el odio de la clase aún dominante que era la élite antigua, que veía sus esperanzas en los partidos conservadores de derecha o por lo menos ya nada vinculados al PT. Así como la corrupción evidente como lo fueron sus casos de Petrobras y las presas en la región del Amazonas, que daban un descontento general tanto para la clase pobre como para la clase media, dejándola sola. Llegando por lo tanto a tomar el poder el partido PMDB con una ideología no definida, sentando bien para todos por el momento con el nuevo presidente Michel Temer.

       No quisiera concluir cuál sector peso más, ya que se podría llegar a pensar, que, de haber logrado una alianza con la élite antigua, conservando sus derechos y frenando a la nueva élite, Dilma se hubiera mantenido en la presidencia. Pero si se puede concluir que Brasil logró formar una población que no estará dispuesta a dejarse engañar por sus políticos, algo que sería bastante bueno en el resto de América Latina.