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Capítulo 4: ¿Un sueño o una regresión?

Me encontraba solo, cualquier indicio de seguridad y confianza se fue, estaba listo para que todo terminara y la fría oscuridad, pusiera fin a esta pesadilla.

Entré a la cabaña y al cerrar la puerta, la linterna se apagó, aquel cuarto vacío era frío, muy frío, más que el mismo bosque, el aíre se colaba por las rendijas de la casa, las maderas crujían, en cualquier momento el hombre con el hacha entraría del lúgubre bosque y sería el final.

¿Qué se siente tener miedo? Más de una vez traté de entender y darle significado a esa palabra, pero hoy más que nunca entendí que era algo tangible, una presencia que nos hacía estremecer, que sabía qué nos aterrorizaba más. Escuché un ruido, alguien o más bien algo movió la chapa de la puerta, el cerrojo no sería impedimento alguno para que la sombra lograra su cometido.

De repente escuché un pequeño ruido, era un sonido de interferencia, venía de algún lugar de la cabaña, perecía que trataban de decirme algo, cuando tuve la idea de buscar aquel ruido, un golpe seco dio contra la puerta, no tenía mucho tiempo, había que hacer algo… otro golpe fue la señal de correr…

La cabaña era más grande de lo que parecía, dos pisos, cuartos misteriosos y la oscuridad me aguardaban, escuché el ruido que estaba buscando, corrí, parecía estar en la cocina, la lámpara funcionó y fue el alivio necesario para seguir, había un viejo radio que estaba encendido, antes de que llegara, se apagó y al mismo tiempo, un nuevo sonido se escuchaba en la sala, di unos pasos y un nuevo golpe se hizo presente, no tenía mucho tiempo.

Un mueble antiguo que parecía biblioteca improvisada, tenía una radio vieja y al llegar, entre la interferencia escuché una voz que dijo “Mantén a tus seres queridos que han muerto, en tu corazón”

¿Pero que significaba? En ese momento un golpe contundente sonó en la cabaña, ya no estaba solo, corrí hacia las escaleras, no había opción.

Al recordar la frase pensé en mi padre y en una noche de pesadillas, me dijo que cuando me persiguiera un ser siniestro, corriera al ropero y buscara la luz. Al subir las escaleras vi varias puertas pero un nuevo sonido de interferencia parecía indicarme el camino, entré en un cuarto y otra radio. La siguiente frase fue: “Yo no elegí este camino, el camino me eligió a mí”…

De nuevo el miedo y la incertidumbre invadieron mi ser. Escuché que el hombre de sombra subía las escaleras, corrí a un viejo mueble, entre y cerré las puertas… A medida que el espectro avanzaba la interferencia de la radio sonaba más, yo quería que se callara pero cada vez era más intenso… un silencio sepulcral anunció su llegada, entró a pasos lentos, anunciando y disfrutando el entorno.

Se detuvo a la mitad del cuarto, mi respiración agitada me delataría si no me tranquilizaba, escuché pasos, caminó hacia mi, se movió la cerradura de ese mueble, me aferré a la lámpara, y en ese momento pensé en sorprenderlo y atacar al hombre sombra yo primero, cerré los ojos, suspiré y de un brinco salí… Al abrir las puertas fue como si un interruptor encendiera una luz tan blanca que me cegó, escuché un estruendo como si algo hubiera explotado.

Con un suspiro, se fueron mis energías, mi consciencia. Sin poner ver nada, me desvanecí en aquella habitación, a merced de lo que pudiera ocurrir… abrí los ojos, sentí que habían pasado ya algunas horas, estaba acostado en un sillón, ¿qué sucedió? Y ¿qué le ocurrió al hombre sombra? La luz del día se asomaba entre las cortinas, cierto alivio me hizo pensar en todo lo ocurrido, y de repente escuché de nuevo la interferencia de una radio…

 

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