Monitor Nacional
Clinton y Sanders: entre la experiencia y el idealismo
Simposios Migrantes | Andrea Martinez
17 de febrero de 2016 - 10:45 am
Clinton y Sanders-MN
Los que apoyan a Sanders es una población mayormente joven, claramente de izquierda, atraídos por su mensaje de igualdad y justicia social

La campaña por la candidatura presidencial en Estados Unidos está en todo su apogeo. Donald Trump ha alcanzado una popularidad que de tan increíble es tragicómica, y del lado de los demócratas, Bernie Sanders iza una bandera que él califica de socialista. Los extremos ideológicos parecen ser la tendencia en parte de la población Norteamericana, que se balancea entre el miedo a ataques terroristas y la desigualdad económica. La hegemonía de Estados Unidos se mantiene y por lo tanto, sus decisiones políticas son relevantes para el mundo. Para México en particular, estas elecciones son de suma importancia. Los diferentes pre-candidatos tienen muy diversas perspectivas en el trato de inmigrantes, así que las precandidaturas son dignas de nuestra atención y análisis.

El presente artículo analiza la campaña de los Demócratas, que se ha limitado a Hillary Clinton y Bernie Sanders. Lo sorprendente de la campaña Demócrata es que al igual que con Trump, nadie realmente esperaba que Sanders representara una competencia real para Clinton, pero después de la votación en Iowa y New Hampshire, ha quedado claro que Clinton tiene razón para preocuparse.

Las opiniones se dividen radicalmente. Los que apoyan a Sanders es una población mayormente joven, claramente de izquierda, atraídos por su mensaje de igualdad y justicia social. Acusan a Clinton de una agresiva política exterior, de sus lazos con Wall Street y de un legado más bien conservador. Muchos de los seguidores de Clinton la califican como la opción “pragmática”, la única que realmente podría derrotar con mayor seguridad a los republicanos. Dicen que es metódica, con una gran experiencia y que además sería la primera presidenta de Estados Unidos. La crítica a Sanders es un idealismo que no ha aterrizado, un candidato con un solo mensaje, con muchas quejas pero pocas soluciones que sólo polarizará a los votantes.

Los dos debates que han tenido lugar hasta ahora han revelado las fortalezas y debilidades de ambos candidatos. El conocimiento detallado de Clinton de política exterior y su larga trayectoria con los demócratas le permite un discurso mesurado, con vastas referencias a datos históricos. En política exterior, Sanders es ambiguo, con comentarios generales y sin comprometerse demasiado. Una de las moderadoras, Rachel Maddow, comenta para Playboy que Sanders tiende a querer preparar sus respuestas en los intermedios, lo cual tal vez denota inseguridad sobre su dominio de ciertos temas. Sin embargo, Sanders promueve una revolución política, se posiciona en contra del libre comercio
y defiende al comercio justo, proyecta un mensaje de unidad a partir de la diversidad.

Defiende su falta de experiencia a comparación de Clinton por medio de la calidad de juicio. Clinton ha tomado decisiones erróneas dice, a pesar de que la experiencia está de su lado. En el último debate resaltó la amistad entre Clinton y Henry Kissinger (quien ha sido acusado de crímenes de guerra por su intervención como secretario de Estado en Bangladesh, Chile, Indochina y Timor del Este). Libia, Siria e Iraq son ejemplos de fracasos en cuestiones de política exterior. Sanders desea el diálogo y la negociación. Clinton dice que no hay negociación con terroristas sin condiciones impuestas por Estados Unidos. Sanders pinta un mundo que (aún) no existe, que no sabemos si es posible. Clinton, pragmática y serena, recurre a la política americana que todos conocemos: apoyo a la pena de muerte y duro y a la cabeza contra los enemigos.

En su socialismo democrático, Sanders habla de la extensión del ObamaCare a todos los ciudadanos, pero no sabemos cómo lo llevará a cabo. La preocupación no es sólo que Sanders no sea una competencia lo suficientemente fuerte para los republicanos, sino que aún cuando ganara la presidencia, el Senado y el Congreso serían una pesadilla peor de lo que han sidopara Obama. Clinton, algunos dicen, tiene poder real de negociación. Dando un giro a su campaña, en contraste con la del 2008, Clinton se intenta presentar como un agente de cambio. Durante las últimas dos semanas, uno de los ejes de debate es quién de ambos candidatos es el más progresista. Aunque Clinton cuenta con el apoyo de feministas de vieja guardia y de algunas minorías, su posición es, en general, más conservadora. Algunos dicen más realista. Aunque Sanders ha logrado atraer a muchos votantes jóvenes, no ha logrado convencer del todo a la población negra. Dentro de las filas de Hillary están personalidades como Lena Dunham, Gloria Steinem, Madeleine Albright, y Beyonce. Del lado de Sanders: Noam Chomsky, Michael Moore, Susan Sarandon, Sarah Silverman.

En un trágico episodio de la campaña de Clinton, la afamada feminista de los sesenta, Gloria Steinem, declaró que aquellas mujeres que no apoyan a otras mujeres deberían estar avergonzadas de sí mismas. Y añadió que aquellas mujeres jóvenes que apoyaban a Sanders, lo hacía para llamar la atención de los hombres. El comentario desató un sinnúmero de respuestas en los medios. Algunas feministas salieron a defender a Clinton por sobre todas las cosas, indicando que ella ha aguantado comentarios sexistas toda su carrera, y que merece ganar. Que debe ser la primera mujer presidenta porque antes que nadie, ella entiende de discriminación y sexismo. De sexismo sí. El episodio Monica Lewinsky no se ha logrado borrar de legado Clinton y es realmente ridículo, pero Hillary es una mujer privilegiada, que no
sólo por ser mujer tiene un entendimiento a-priori de la discriminación en contra de las minorías.

Otras feministas saltaron ofendidas en respuesta al comentario de Steinem. Finalmente, así como el género no debe dictar diferencia de salarios, tampoco debe dictar el voto. El no estar de acuerdo con las políticas de Clinton no significa darle la espalda al resto de las mujeres, ni al cargo de presidente para una mujer. Al elegir a un presidente se elige mucho más que su género, por lo tanto, la discusión respecto a quién debe ser el candidato demócrata no debe basarse en sexo, género, o color de piel, sino en la capacidad de los candidatos, en sus estrategias políticas, en su ideología y sus planes a futuro. Tomar la posición de Steinem, es reducir a Clinton a su género, como si su experiencia y sus pensamientos no importaran. Esta reducción del género es lo que ha combatido el feminismo durante décadas. Elegir a Clinton no necesariamente resultará en una sociedad menos sexista, así como Thatcher no trajo una sociedad más liberal para el Reino Unido. Esos cambios ocurren por medio del esfuerzo de la sociedad civil, no sólo con líderes y símbolos.

La elección es compleja ya que ambos candidatos representan políticas e ideologías distintas dentro de un mismo partido . Clinton es la vieja guardia, una agenda diluida hacia al centro y una política exterior militarista. Sanders tal vez es soñar con el riesgo de no tener los pies en la tierra. La opción más realista y pragmática es también la que contiene menos posibilidades de cambio y progreso. Algunos dirían que cambios como la legalización del matrimonio gay, el derecho del voto a la mujer, y el movimiento de derechos civiles no surgieron del pragmatismo de la sociedad civil, sino de un sueño. Aún así, un sólo presidente no puede ser el único motor de cambio, pero los Americanos podrían darle una oportunidad a una visión del mundo distinta.

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