Compleja Realidad

Daniela Guerrero

A pesar de que el populismo se enaltece uno de los fenómenos políticos más dinámicos del siglo XXI, las complejas interconexiones del mundo actual ciñen sus promesas y panaceas.

Durante el último año, el mandatario estadounidense Donald Trump y el Secretario de Agricultura George “Sonny” Perdue, se han enfrentado a una de estas paradojas.

Desde que la administración actual se determinó a favorecer a los productores norteamericanos ante las prácticas comerciales “injustas” de China, los agricultores se han convertido en daño colateral de la guerra comercial. 

Más allá de juramentos sobre ser “el elegido” para combatir el déficit comercial con China, el presidente Trump insiste que las medidas adoptadas benefician a todos.

Sin embargo, a más de un año de la guerra comercial, las ventas de trigo, cerdo, soya, y otras exportaciones agrícolas estadounidenses a China, se reducen dramáticamente. Ante los agresivos aranceles de la administración actual, el viernes 23 de agosto China declaró que ya no comprará productos agrícolas estadounidenses, además de subir las tarifas de $75 billones de productos.

Los contratos lucrativos que sostienen a miles de agricultores y representan una fuente significativa de ingresos en EEUU, se evaporan con la salida de compradores chinos, que buscan sustituir productos en países como Canadá y Brasil.

No resulta sorprendente que las solicitudes de quiebra en el sector agrícola han aumentado un 13% desde 2018, mientras que la tasa de morosidad de préstamos continúa al alza. De acuerdo a la Federación Agrícola Estadounidense, las ganancias de exportaciones norteamericanas a China han decaído de $24 a $9.1 billones en menos de 4 años.

Los costosos parches de Trump y Perdue han resultado insuficientes, puesto que el paquete de $28 billones en ayuda financiera y las visitas diáfanas a estados como Minnesota, Iowa, y Wisconsin, resultan fútiles ante la pérdida del país mas poblado del mundo como mercado de exportación.

Las denuncias públicas del presidente de la Asociación de Cultivadores de Maíz de Minnesota Brian Thalmann al secretario Perdue, ilustran la desesperación de uno de los sectores más afluentes y conservadores del país. Su apoyo a Trump en 2020 será distinto. El efecto deslumbrante del candidato irreverente, lleno de potencial, será remplazado por la inercia del partidismo republicano y la desilusión de una gestión accidentada y en muchas instancias, contraproducente.

El pánico de algunos agricultores ilustra los límites de políticas públicas extremas y soberbias. A pesar de que la irascibilidad de Trump se ha convertido en una de sus herramientas políticas más útiles para invocar privilegios ejecutivos sin alarmar a su base, el dilema entre agricultores y productores ejemplifica al principal obstáculo del populismo desmesurado: la compleja realidad.