Consumidores de personas.

La trata de personas va mucho más allá de ser un problema social. Ya que muestra como se le está quitando el valor a una persona de manera que pueda ser comerciada.

Durante años muchos activistas han intentado terminar con este problema, sin embargo, lo cierto es que mientras siga existiendo una demanda, también existirá una oferta.

Tendemos a culpar completamente a los tratantes sin ver que ese mercado negro tiene consumidores, consumidores que se ven como gente “normal⬝ y que a veces sin saber contribuyen a que este negocio siga creciendo.

Se presume que de 10 mujeres que son prostituidas sólo una “eligió⬝ esa forma de vida, obviamente sin contar las necesidades que quizás la pudieron llevar a decidirlo. Sin embargo, las otras 9 se encuentran en el negocio en contra de su voluntad.

Lamentablemente queremos creer que algo tan impactante como lo es este problema es algo que se encuentra muy lejos y de esa manera se alivia la culpa respecto a lo que hacemos.

La trata de personas con fines de explotación sexual se alimenta de aquellos que la compran, de aquellos que quieren culpar a la misma mujer de que elija ser tratada como un objeto por el que se puede pagar. Sin darnos cuenta que esta visión se va alimentando de diversas fuentes, que van desde la pornografía, donde se normalizan actos sexuales que objetivaban a la mujer y que muchas veces son cometidos sin el conocimiento de esta, así con una creencia social de que aquellas que están en el negocio es porque escogieron una forma “fácil⬝ de ganar dinero.

El negocio de la trata es por demás complejo y alimentado por muchos factores sin embargo uno de los más fuertes es la demanda, que se disfraza en actos “cotidianos⬝ y que afecta la vida de millones de personas que no tienen la libertad de elegir ni siquiera sobre su propio cuerpo.