Monitor Nacional
Creer en la gente, herramienta de vida
Por la libre y con amor | Yadira Arzate
28 de abril de 2017 - 12:58 pm
empatia-comunicacion
Los seres humanos estamos hechos de historias y éstas desarrollan nuestra capacidad de crear, de imaginar y soñar con algo mejor

Que bonitas son las historias que nos cuentan nuestros abuelos o padres sobre vivencias familiares. No sé ustedes, pero a mí me gustaba mucho escucharlas: me alimentaban, me fortalecieron como persona y me dieron un sentido de pertenencia. Recuerdo que mis abuelos las contaban cuando hacíamos la sobremesa, mi mamá cuando se iba la luz y no había otra cosa más que hacer durante la espera a que el bendito foco se prendiera. ¿Cuántas anécdotas recuerdan ustedes?

Lo fabuloso de escucharlas cuando niña, es que las creía en su totalidad. Ahora que soy adulta, me parece que algunas se narraron con un poco de exageración, o bien con un cierto aderezo de fantasía. No quiero pensar que de mala fe distorsionaron la realidad, pero al crecer y tener más criterio podría presentarse una sensación de decepción o desengaño sobre esos relatos que me parecían fabulosos. ¿Para qué nos sirve contar nuestras historias?

Aristóteles, el gran filósofo de la Grecia Clásica, en su libro Metafísica, nos dice que los seres humanos tenemos la facultad cognitiva de alcanzar la verdad, siempre y cuando tengamos una correspondencia con los hechos, con la realidad. Debido a nuestras limitaciones, no siempre llegaremos a ella.

Existe una gran necesidad de poseer la verdad y hay muchas maneras de alcanzarla dependiendo del área o tema que nos interese. Hay investigadores de renombre, libros, evidencias que nos parecen válidos y certeras. Pero, ¿Qué sucede con las historias de familia que, por lo general, no aparecen en los libros, por ejemplo? ¿Nos conformamos con que un ser querido dé testimonio de ello? ¿Nos gusta creerle? Sí, porque eso forma parte de la fe humana. Tendemos a creer por naturaleza, a decir la verdad y a confiar en la veracidad de los testigos. Este ejercicio nos enriquece y perfecciona más la naturaleza humana, pues entran en juego los valores morales para confiar en las personas y esto provoca un lugar de encuentro, una relación más estable e íntima con ellas.

El creer en la gente es necesario en una sociedad. La confianza, la esperanza, la fe son valores indispensables para generar otros como el respeto, la solidaridad y el amor. Una sociedad que carece de estos valores se sume en la desesperanza, el encono, la indiferencia y a final de cuentas se deshumaniza.

Los seres humanos estamos hechos de historias y éstas desarrollan nuestra capacidad de crear, de imaginar y soñar con algo mejor. Es maravilloso sentirnos parte de historias interesantes, maravillosas, que nos otorgan la posibilidad de mantener vivas las tradiciones, los sueños de los que ya no están con nosotros. Es una manera de vencer a la muerte para sentirnos más vivos que nunca. Es por eso que los invito a que sigamos contando historias, seamos realistas y sinceros en ellas, sin dejar de crear. Mantengamos vivos los recuerdos de los que en algún momento nos abandonarán, no dejemos de creer en la gente.

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