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¿Cuál es el impacto del lenguaje en nuestra toma de decisiones?

Lengua materna

Ciudad de México.- La lengua materna o idioma nativo es la primera  que por defecto aprende una persona, sea por la semiótica, por la simbología o por nuestra necesidad de querer comunicarnos con los demás, los humanos relacionamos imágenes o símbolos con palabras que, indiscriminadamente, son utilizadas para llamar a los objetos con un nombre.

Según las conclusiones de Hayakawa, Costa, Foucart y Keysar, cuando pensamos en nuestra lengua materna, existe una mayor carga emocional en las decisiones que tomamos y tiene más presencia el juicio moral que dicta lo bueno y lo malo.

Sin embargo, cuando reflexionamos en un idioma extranjero, la respuesta es más deliberada, menos emocional y resulta más útil, ya que el lenguaje no solo influye en si nos decantamos por decisiones más emocionales o más racionales, afecta incluso a nuestra percepción del riesgo y al impacto del miedo.

Las y los vendedores de mercados turísticos o de pueblos mágicos, saben por experiencia que hablar en la lengua materna de quien nos escucha genera más empatía. No se dirigen a los clientes en inglés (que casi todo buen turista al menos sabe medio hablar) sino en la lengua del comprador para que les entiendan y para reducir distancias (si la oferta fuera tan buena como par un solo comprador).

También esto pasa cuando nos enfrentamos al mundo laboral. Si tuviéramos un jefe o compañeros de equipo extranjeros y quisiéramos ganarnos su confianza, valdría la pena aprender su idioma, aunque sea unas palabras. Ante decisiones complicadas en una multinacional, como a veces ocurre en procesos de despidos, sería recomendable reflexionarlas en un idioma diferente del materno, para que las conclusiones fueran más elaboradas y menos movidas por apegos. Y, por supuesto, si tuviéramos que abordar una negociación o un conflicto entre dos personas, parece que conseguiríamos dejar a raya nuestros sentimientos si se abordara con idiomas que no fueran los natales.

En definitiva, hay decisiones que son difíciles de abordar. A veces las emociones ayudan y, en ocasiones, las entorpecen. Lo que ha demostrado la ciencia es la capacidad que tenemos de cambiar nuestro punto de vista cuando podemos pensar nuestras decisiones en un idioma diferente del materno.