Monitor Nacional
Cuando el smog no nos deja ver…
Calidad de humano | Enya Sandoval
12 de mayo de 2016 - 9:58 am
Contingencia-MN
Se deben prever un conjunto de medidas dedicadas a la sustentabilidad para la ciudad

El Distrito Federal reformado, la Ciudad de México o CDMX, se ha visto envuelto en problemas ambientales severos durante los últimos meses. Los niveles de contaminación han sido tan altos que se ha establecido la fase 1 de contingencia ambiental, cuyas consecuencias llevan a la aplicación del doble no circula en la capital. Sin embargo, las normas establecidas a los carros no han funcionado para disminuir los altos índices de smog que envuelven a la ciudad.

La culpa de este fenómeno se le puede atribuir a muchos factores, generalmente apuntando a la sociedad civil y su descontrolado uso de automóviles. No obstante, es un problema complejo que involucra mucho más allá de la Ciudad de México. Un conjunto de cuatro valles vecinos que forman una cuenca en el centro del país, donde en ocasiones se estanca el aire circulante. Me refiero a las 16 delegaciones actuales más 60 municipios; 59 del Estado de México y uno de Hidalgo.

El crecimiento de automóviles ha sido de 3 millones en el 2000 a cerca de 8 millones actualmente (INEGI). Pero ¿cuál es la diferencia de la megalópolis mexicana a otras metrópolis alrededor del mundo donde existen muchos más carros en circulación? Más lejos del uso cotidiano del automóvil, se trata de intereses económicos, entre políticos y empresarios. Si bien, la gran mayoría de las emisiones provienen de vehículos, ya van más de 10 años desde que la norma oficial mexicana no ha sido actualizada con reglas estrictas de verificación en cuanto a la emisión de los carros. Ciudades como Monterrey generan más emisiones diarias que la CDMX, pero no se ven tan desfavorecidas por su locación geográfica como la capital.

Además de esto, la zona metropolitana se ha caracterizado por un rápido crecimiento urbano sin orden alguno. La falta de planeación ha recurrido a la creación de vías rápidas que a la vez fomenta el uso de automóviles. Así mismo, no hay crecimiento vertical, por lo que mucha gente se ve obligada a usar un transporte con motor para llegar a su destino.
El jefe de Gobierno de la Ciudad de México anterior, Marcelo Ebrard, destinó parte del presupuesto público a la instalación de puntos específicos para el uso de bicicletas del mismo gobierno como incentivo a disminuir el uso de los automóviles. No obstante, la Ciudad de México no es precisamente un lugar afable con los ciclistas.

La cultura vial en la Ciudad de México es deprimente. En muchas ocasiones, los conductores ni siquiera se percatan de la existencia de aparatos especiales que cuelgan en las esquinas de las calles, que tienen tres luces de diferentes colores, llamados semáforos. Estos llegan a ser una especia de sugerencia. El conductor, si lo desea, se para. Si no, pues, hace como si no existiera. La falta de esta cultura cívica hace que encuentres autos en carriles donde no deberían estar, generando tráfico y accidentes innecesarios. No se espera un gran respeto por los ciclistas por lo mismo. Y aunque estas personas estén capturadas en videos, no hay sanción alguna que se aplique. Además, la corrupción. El soborno a las autoridades al momento de cometer una infracción existe, y mientras eso siga, la cultura vial no se verá fomentada.

El más reciente reglamento vial ha sido también víctima de acusaciones por la contingencia ambiental. En él se pide una velocidad máxima muy baja para evitar los arrancones y accidentes por el exceso de velocidad. Mientras que los argumentos apuntan a una mayor contaminación debido al “ir lento”, con o sin reglamento, es prácticamente imposible ir a más de 40 kilómetros por hora en promedio en la CDMX debido al tráfico. Es verdad que cuando un carro mantiene una velocidad constante contamina menos, pero con los embotellamientos, el frenar y arrancar se vuelve la única opción.

Se habla acerca de la inversión al transporte público. Sí, igualmente es un factor que contribuye a la contaminación general. La red de metros de la capital es de las más grandes del mundo, cuyas estaciones de mayor afluencia de pasajeros superan 400 mil pasajeros diarios, según el Sistema de Trasporte Colectivo (2015). Sería muy complicado seguir instalando líneas de metro, siendo que las más nuevas rutas no tienen tanta demanda como algunas ya establecidas. A pesar de esto, se debe considerar que la zona metropolitana incluye a municipios de otros estados, sobre todo del Estado de México, cuyo transporte público sí es muy deficiente, normalmente dejado a empresas privadas. Carecía de una conexión con la CDMX hasta que se disputó la ampliación de una línea de metro.
La Ciudad de México ha buscado con el “hoy no circula” disminuir el nivel de contaminación, al igual que crear una alarma en la gente que cree consciencia sobre su situación ambiental. Lamentablemente, no ha tenido como enfoque involucrar también a las empresas de automóviles y obligar a la ciudadanía a cumplir reglas de tráfico. Nuestros vehículos contaminan más. Aquellos que se comercializan en Estados Unidos y Europa tienen normas mucho más estrictas anticontaminantes, que elevan el costo de los autos, pero aseguran una emisión menor. En un mercado como el nuestro, si se pueden reducir costos sin consecuencias, se va a hacer, y a las empresas de automóviles les conviene para poder vender más.

Si bien, el uso de opciones de transportes alternativos es más común, no ha sido suficiente. Como pregunté en un principio, ¿cómo es que ciudades con una mayor densidad de automóviles logran mantener sus niveles de contaminación estables? Además de su planificación urbana, estos poseen normas muy estrictas de verificación, tanto para fabricantes como para los operadores de vehículos, públicos y privados. Así mismo, se incentiva el cumplimiento de esto y se sanciona cualquiera fuera de la regla.

Cuando se trata de contaminación, los gobernantes deben olvidarse de divisiones políticas. En el caso de la megalópolis que es la Ciudad de México, se debe asegurar un mismo reglamento vial para toda la zona. El reglamento de tránsito vigente en la Ciudad de México es uno para todo el estado. Se espera que, después de la nueva constitución, esa facultad no pase a cada futuro municipio tal y como sucede en el Estado de México. Eso implicaría que un conductor conociera 16 reglamentos delegacionales, más los municipales del EdoMex y uno de Hidalgo. Estos reglamentos incluyen los “hoy no circula” que son diferentes en distintos municipios del Estado de México.

Siendo la capital uno de mis próximos destinos para vivir en un futuro, la contingencia me preocupa. Opino que es necesaria una autoridad metropolitana, por encima de los gobiernos y congresos locales, que emita y promulgue un reglamento vial para toda la zona por igual, así como normas específicas que eviten generar más contaminación de la que ya hay. Un ejemplo tan absurdo y sencillo se ve con los camiones que abastecen las tiendas de conveniencia a medio día, estacionados en segunda fila por horas. Así mismo, se deben prever un conjunto de medidas dedicadas a la sustentabilidad para la ciudad, que incluyan desde prohibiciones que obliguen a las empresas a abastecer con vehículos adecuados en la noche, o cuando menos tráfico exista, hasta exigir a los proveedores de autos cumplir con normas de verificación más estrictas; crear una estrategia metropolitana y concientizar a la gente que cargar dos bolsas un par de cuadras, no les cuesta nada, mientras que usar el carro para lo mismo puede que les cueste sus pulmones en unos años.

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