Monitor Nacional
Cuando la violencia se vuelve belleza: La Naranja Mecánica
Abrir los oídos para ver de verdad | Sandra Itzel
27 de julio de 2016 - 1:05 pm
NM
Este soundtrack cuenta con música original y reinterpretada por Wendy Carlos

El día de ayer 26 de julio, todos los amantes del cine recordamos el cumpleaños del gran Stanley Kubrick, quien nos regaló películas memorables como The Shining, 2001: A Space Odyssey, Lolita y A Clockwork Orange, entre otras, siendo precisamente esta última de la que les hablaré el día de hoy.

La naranja mecánica, es el resultado de la genialidad de Kubrick y la historia original del escritor Anthony Burgess, esta película se estrenó en 1971 y nos narra la historia de Alex DeLarge, interpretado por Malcom McDowell, un joven que acompañado de sus “drugos” va por la vida cometiendo crímenes relacionados con la violencia, hasta el momento en que sus compañeros se hartan de su abuso de autoridad, lo traicionan y provocan que vaya a prisión por haber matado a una de sus víctimas.

Para no cumplir una condena de 14 años Alex acepta tomar un tratamiento experimental el cual lo “curará”, y hará de él un hombre de bien, luego de reponerse vuelve a las calles en donde se encuentra con todos aquellos a quienes dañó, incapaz de defenderse como resultado del tratamiento que le prohíbe ser violento, sufre las consecuencias de sus actos. Soportando el peor de los castigos, no ser capaz de escuchar su melodía favorita, la novena Sinfonía de Beethoven.

Las fechas se vuelven un caos al tratar de explicar esta película hasta que descubres que es una cinta rodada en 1971, inspirada en un libro que se escribió una década antes, pero con una visión “futurista” en aquel entonces, proyectada a 1995, es un poco confuso pero una vez que razonas esto se vuelve más fácil de digerir.

Debo confesar que para mí no fue fácil entender la trama de la película, la primera vez que la vi me encontraba completamente descontextualizada y no comprendía miles de palabras, que hoy con mayor información sé que son parte de la magia de la cinta que nos muestra una jerga conocida como “nadsat” que se basa en combinar lenguas eslavas, dando un mayor énfasis en el ruso, además del inglés y el cockney.

Así es, no tenía ni idea de porqué sus amigos eran drugos, o porqué le llamaban “moloko” a la leche. Para aquellos que no han visto la película les dejo una pequeña parte del guión para que entiendan de qué hablo:

«Teníamos los bolsillos llenos de dengo, de modo que no había verdadera necesidad de crastar un poco más, detolchocar a algún anciano cheloveco en un callejón, y videarlo nadando en sangre mientras contábamos el botín…»

De acuerdo con el autor del libro, el uso de este tipo de lengua tiene un propósito, que va mucho más allá del juego de interpretación con el lector, y es que de alguna forma amortiguaba la cantidad de violencia que contenía su texto.

Una vez contextualizados en la trama vayamos al punto que nos compete, la música; este soundtrack cuenta con música original y reinterpretada por Wendy Carlos, así como con temas que se vuelven emblemáticos. Cómo olvidar aquella escena en la que Alex y sus drugos están violando a una mujer en su casa mientras DeLarge canta el clásico Singin’ in the Rain, creando un ambiente irónico y sarcástico al presentar una canción que nos remonta a un momento de felicidad, que sin embargo, la película nos muestra con tanta violencia.

Y cómo dejar de lado la Novena Sinfonía de Beethoven, misma que, si la memoria no me falla,  aparece en cuatro ocasiones a lo largo de la película, la primera de ellas la presenciamos cuando Alex se encuentra en su habitación y el director hace una serie de planos que nos muestran partes específicas de una figura de cristos abrazados; manos, pies, brazos, pies, torso, cara, manos, brazos, manos, cara, pies, torso, manos… Cada movimiento realizado con la velocidad precisa para acompañarse de la melodía, seguidos de una serie de escenas en las que se muestran explosiones que logran capturar la violencia que proyecta la pieza musical.

La Novena Sinfonía de Beethoven retoma mucha importancia al aparecer en escenas específicas de la cinta, y por ello se vuelve parte de la historia y quizás hasta del mismo Alex, pues de alguna manera, expresa agresividad, pero al mismo tiempo belleza, es una extraña fusión que me hace pensar que Kubrick buscaba que el espectador asociara la sinfonía al placer que sentía el protagonista cuando era violento, mismo que le cortan de tajo al programar su cerebro para que relacione esta música que le provocaba tanto placer con algo malo, tan malo que en una de las escenas le provoca intentar suicidarse.

Para mí la Naranja Mecánica es una película que vale mucho la pena ver, que logra conquistar al espectador por muy escéptico que sea, no digo que sea amada por todos, habrá a quien no le guste, pero también creo que existe una lista enorme de títulos que cualquiera que guste del cine debe ver a lo largo de su vida y ésta es una de ellas.

No se preocupen no les contaré el final de la película porque ya hablé demasiado de la historia y no dudo que la arruiné para unos cuantos, pero si les dejo esta frase que saqué de una entrevista que se le hizo al autor del libro y que de alguna manera resume perfectamente la trama de esta maravillosa cinta:

«Mejor ser malvado por decisión propia que bueno por lavado del cerebro» Anthony Burgess

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