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De consultas ciudadanas y otros tropiezos

Las elecciones intermedias que se realizaron el pasado martes en Estados Unidos han demostrado cómo un país ejerce realmente la democracia y para los integrantes del próximo gobierno mexicano, este acto debe representar un modelo a seguir en cuanto a consulta ciudadana se refiere, sobre todo si este instrumento ha de ser recurrente.

Además de repartir los puestos en la Cámara de Representantes y en del Senado estadounidense, los ciudadanos de 37 entidades tuvieron la facultad de intervenir en la aprobación de 155 iniciativas de ley sobre temas como la legalización de la marihuana, impuestos y salarios. Sin embargo, la manera en que se realizó este ejercicio resultó mucho más eficaz que la del NAICM.

Ellos SÍ lo hicieron bajo todas las de la ley, de tal forma que no se pudiera emitir más de una vez el voto, tomando como referencia muestras racionales de población –no como el nada representante 1% de los mexicanos que eligieron Santa Lucía– y aprovechando las elecciones de mitad de gobierno.

Y no, no estoy en contra de que en México se involucre a la ciudadanía en las decisiones clave del país, pero no de la forma burlesca en que lo hizo Obrador hace un par de semanas: sin un padrón electoral, con mesas de votación mal distribuidas –por sentido común debió haber más en el Estado de México y la CDMX que en otras entidades–, influidas directamente por sus argumentos y los de sus secuaces, así como por la pobre participación.

Si quiere que la voz de los ciudadanos sea lo que mueva su gobierno, debe brindar una certeza de que se está haciendo “por la limpia” y no dar la imagen – tal vez en estos momentos errónea– de que hará su voluntad con el respaldo de diputados y senadores morenistas, dejando las consultas como un mero trámite para ratificar su postura.

Quizá habrá que esperar hasta la prometida consulta del Tren Maya para averiguar si estos “ejercicios ciudadanos” se tomarán en serio o seguirán siendo un atole con el dedo. Y en este caso habrá que tener especial atención, pues AMLO planea lanzar la encuesta entre diciembre y enero, sin tener plan ejecutivo y estudios de impacto ambiental… entonces ¿cómo sabremos cuál será realmente viable o no?

O tal vez al igual que con el Nuevo Aeropuerto –donde se niega la participación de Riobóo, pero este se encuentra más involucrado de lo que él mismo quisiera– serán intereses de particulares, entiéndase por compadres y amigos cercanos, los que decidirán el rumbo del país, trayendo de vuelta las viejas tradiciones priístas y difuminando la “cuarta transformación”.