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De José José aprendí.

En 2017 publiqué “De José José aprendí”, texto que hoy saco del archivo en homenaje al maestro. Estoy seguro que si José José nos hubiera querido ver sobrios, se habría muerto en lunes. ¡Salud!

Por Miguel De la Vega

jueves, 16 de marzo de 2017 • 00:00

Una noticia sorprendió a México: José José fue hospitalizado y se reporta grave. La sorpresa, claro, no fue que lo hayan internado, sino que no lo hayan hecho antes.

Y aunque la familia insiste en que no pasa nada y el Príncipe de la Canción está más sano que un jitomate orgánico, la realidad es que al cantante lo venimos zopiloteando desde hace varios años. Unos cuarenta, más o menos, cuando empezó a chupar como si fuera columnista de “de este periódico”.

Todos quisiéramos que José José viviera para siempre, pero ese privilegio está reservado exclusivamente para Chabelo.

Es por eso que hoy quiero rendirle homenaje recordando: todo lo que José José nos enseñó a los mexicanos.
Lo primero que aprendimos de José José es que a la hora de repartir los moches, los diputados tienen que tener las cuentas muy claras: “Yo tengo cuarenta y tu veinte”.

También aprendimos que amar es como andar en campaña electoral, y que querer es ya estar en el cargo público, pues “amar es sufrir y querer es gozar”. Y, claro, que todos los puestos políticos hay que aprovecharlos al máximo, porque “el querer pronto puede acabar”. En cambio, los que andan en campaña toda la vida, como Andrés Manuel, son más felices, pues “el amor no conoce el final”.

Fue José José quien nos enseñó que, pese a todo, Felipe Calderón puede ser una persona cariñosa: “A veces regreso borracho de angustia, te lleno de besos y caricias mustias”. Y claro, también que Margarita Zavala es dura con su marido: “Te abrazo a mi pecho me duermo contigo, más luego despierto tú no estás conmigo… sólo está mi almohada”.

Si no fuera por José José, no se podría entender por qué la gente volvió a votar por el PRI en 2012, con todo y que el candidato era Enrique Peña Nieto: “Amor como el nuestro no hay dos en la vida, por más que se busque, por más que se esconda, tú duermes conmigo toditas las noches”.

“Que triste fue decirnos adiós, cuando adorábamos más, hasta la golondrina emigró, presagiando el final”… No, eso no se lo cantó el PRI a Javier Duarte, sino José José allá por 1972. Era todo un profeta, el maestro.

Al cantante se le debe el himno de los senadores que dejaron el PRD para irse corriendo a treparse al tren de Morena: ” Ya lo pasado, pasado; no me interesa. Si antes sufrí y lloré, todo quedó en el ayer. Ya olvidé…”.

Las enseñanzas del maestro no son sólo sobre política, dado que también hizo importantes reflexiones teológicas, como su estudio sobre las fallas estructurales del espíritu: “Porque el tiempo tiene grietas, porque grietas tiene el alma, porque nada es para siempre y hasta la belleza cansa”.

Nadie como José José ha logrado desentrañar la desesperación que siente un mexicano al final de la quincena: “(Reloj) Detén el tiempo en tus manos, haz esta noche perpetua, para que nunca se vaya de mí, para que nunca amanezca”.

Y, sí, cuando en México no se hablaba de eso, José José hizo interesantes revelaciones sobre la capacidad humana para transformarse en otras especies: “Pobre tonto, ingenuo charlatán, que fui paloma por querer ser gavilán”. Los envidiosos dirán que es la historia de un borracho que levanta un travesti, pero no les creas.

Ya para acabar, quiero agradecerle personalmente a José José haberme orientado para encontrar mi verdadera vocación: “Y es verdad soy un payaso, pero qué le voy a hacer, uno no es lo que quiere, sino lo que puede ser”. ¡Salud, maestro!