De las decepciones, la peor

Normalmente el ser humano está dispuesto a poner su fe en los demás; vamos por ahí dando votos de confianza a todo aquel que se nos cruza en el camino. Durante los últimos meses me he pasado muy malos ratos esperando mucho de la gente; no quiero decir que todos los que me rodean no hagan bien su trabajo, sino que algunas personas simplemente me han logrado decepcionar.

Mi primer molestia es hacia aquellas amistades que condicionan su afecto hacia alguna acción; en este caso suele ser un “vienes o no vuelves⬝ , dejando en claro que si no asistes a un evento en particular la amistad se dará por cerrada u ofendida. ¿A caso los amigos no debemos apoyarnos en todo lo que sea necesario?

Entonces comienza un reclamo hacia el mundo, mirando a las empresa que solicitan profesionistas; claro, rechazando a los tatuados, homosexuales, estudiantes y recién egresados, tampoco olvidemos a los mayores de 40, que ya no entran como candidatos. ¿Qué pretenden los empresarios entonces?

Y sigue la vida con un sin fin de problemas, topes, baches y desgracias que van truncando el camino hacía el éxito de muchos. Otro ejemplo claro son las Universidades, pareciera que están diseñadas para cansar a los alumnos, tratarlos mal, dar preferencia a otras cosas y dejar los asuntos importantes para luego. Es entonces aquí cuando encuentro la respuesta sobre la imagen que tiene México y los mexicanos ante el mundo: flojos, sin vergüenza, ladrones, corruptos, borrachos, cabrones, etc.

Definitivo necesitamos hacer algo por nosotros, no podemos estar viviendo en este mundo y tratar a todos con desprecio; el esfuerzo por llegar al éxito debe hacerse en una sociedad con puertas abiertas. Aún cuando cualquiera que se sienta “líder de opinión⬝ en México quiera callarme diciendo que el esfuerzo es una larga lucha durante la vida; le digo rotundamente que NO.

Ya basta de vivir en un país donde el uno se quiere joder al otro, y el que ve triunfar al vecino se la pasa deseándole el fracaso. No podemos permitirnos vivir en esa miseria  que sólo ha generado rezago en nuestra cultura, tampoco permitamos que los que se dicen amigos condicionen nuestra permanencia en un grupo, no tengamos la idea de que todo aquel que está tatuado es un delincuente o que cualquiera que es homosexual es un promiscuo o acosador.

Dejemos los pensamientos mediocres e insanos fuera de nuestra vida, porque de nada sirve ir como un miserable por ahí, lleno de enojo e insatisfacción. El éxito es de aquellos que levantamos la voz a tiempo, que trabajamos y no permitimos que la miseria nos acabe.