Monitor Nacional
De tu arte a mi arte…
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20 de octubre de 2015 - 4:21 pm
Perspectiva-MN
Nosotros, los legos, siempre hemos sentido una intensa curiosidad por saber de qué fuentes extrae su material ese extraño ser, el creativo, y cómo se las arregla para provocarnos con él tal impresión y despertar en nosotros emociones de las cuales, tal vez, ni siquiera nos habíamos creído capaces. Sigmund Freud, «Los escritores creativos y la ensoñación» (1907).

Hay pocas cosas en el mundo que le sean tan inmanentes a los hombres como el arte, la expresión artística. Sin embargo, ¿qué es lo que deberíamos entender por arte? Creo que, como todo lo concerniente a los hombres, debería ser pensado en plural: mientras que el arte, con su origen en la arrogancia de los intelectuales y en el cinismo de aquellos que han vivido demasiado y han comprendido demasiado poco[1], las artes se basarían en el hecho de la pluralidad de los hombres, serían algo terrenal, un producto humano.

Lo anterior resulta evidente cuando se intenta juzgar un objeto de arte. A diferencia del juicio que se realiza por medio de una medición, acreditación y decisión en lo concreto mediante criterios regulativos, en el juicio estético no disponemos de criterio alguno y sólo apelamos a la evidencia de lo juzgado mismo y, más que con la capacidad de ordenar y subsumir, tendría que ver con la capacidad de diferenciar. En esta clase de juicios, como dijo Kant, no se puede disputar, pero sí discutir y llegar a un acuerdo.

¿Qué sería, pues, lo valioso de un objeto de arte? Esta manifestación de la naturaleza humana, y es importante señalarlo pues es un logro exclusivamente humano, nos invita a pensarla como una película pues, siguiendo a Gilles Deleuze[2], el cine forma parte de la historia de las artes. Desde luego que de lo que acá hablo no es de un blockbuster de Hollywood, si no de una película donde la historia y el héroe disfrutan la cadencia de un guión infantil pues, así como al poeta que escribe en relación directa con el niño que fue, y sigue siendo, el escenario infantil resulta inaugural y creador: es en la primera infancia cuando el pensamiento de lo nuevo se encarna en el cuerpo.

Lo último podría llevar a pensar en un aforismo que se le ha adjudicado al psicoanálisis, el cual afirma que la “infancia es destino”. Sin embargo, si el psicoanálisis sostuviera dicho postulado, el dispositivo analítico y a todo lo que apunta no tendría sentido alguno.

Regresando al arte, tal como Lacan[3] sostiene, cuando hablamos de una obra de arte no se trata de algo que se juegue tan ampliamente como es posible en la imitación pues en la obra de arte se juega siempre una remodelación profunda: “el arte nos causa una sustracción pasajera de los apremios de la vida”[4]:

Ahora bien, aquí Lacan introduce una diferencia: la obra de arte. Hay una dimensión de las artes que tiene que ver con el objeto: un cuadro, una escultura… pero hay otra dimensión en las artes que surge a partir de los años 60s que es el performance. Esta dimensión de las artes nos lleva a pensar en una expresión artística: la performance de la Drag Queen.

Sabemos que en la década de los 90s Judith Butler se sirve de la figura de la Drag Queen para desenmascarar el carácter imitativo del género y poner sobre la mesa que “las construcciones teóricas de la masculinidad pura y la femineidad pura sigue siendo incierto”, algo de lo que Freud desde 1925 ya estaba advertido. Si bien Freud desde hablaba desde cierto enfoque biológico/anatómico, con Lacan se radicalizaría lo anterior al sostener en 1974 que la suposición de que habría un sujeto masculino y un sujeto femenino, bajo la luz de la experiencia, resulta imposible de sostener.

Regresando con Lacan al Seminario 6, no dice objeto, dice obra de arte, como uno diría obra de teatro. Si tomamos en serio la frase de RuPaul que dice We’re all born naked and the rest is drag o, en español, todos nacimos desnudos y lo demás es una actuación ¿no habría, entonces, algo de artístico en la performatividad no sólo de la Drag Queen si no en la diaria y cotidiana de todos nosotros? ¿No es el psicoanálisis la práctica que introduce el elemento artístico inmanente a lo humano al poner de manifiesto el carácter escultórico de los síntomas, el carácter fílmico de los sueños y el carácter poético de olvidos, sueños y lapsus? Por tanto, ¿no tendríamos que dejar de pensar las artes como algo ajeno a nuestras vidas y empezar a pensar en una (est)ética de la existencia?

 

 

[1] Hannah  Arendt,  “Introducción a la política”, en  La  promesa  de  la  política.  España,   Paidós,  2008,  pp.131-224.
[2] Gilles Deleuze, “Prefacio”, en La imagen-movimiento. Estudios sobre cine 1. España, Paidós, 1984, pp.11-12.
[3] Jacques Lacan, “Clase del 27 de Mayo de 1959”, en Seminario 6, El Deseo y su Interpretación.
[4] Sigmund Freud, “El malestar en la cultura”, en Obras Completas, t.XXI. Argentina, Amorrortu, 2011, p.80.
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