Monitor Nacional
Deconstruyendo la moral: El tonto de la colina y la futilidad de Sísifo
Simposios Migrantes | Andrea Martinez
23 de diciembre de 2015 - 9:36 am
Fool on the Hill-MN
De igual modo , la mayor parte de las veces, las leyes regulan a la sociedad sin necesidad de incluir principios morales. Las leyes de tránsito no señalan el hablar por celular como un acto inmoral

Cuando somos niños, las reglas sobre nuestro comportamiento y nuestra relación con los demás son bastante claras. Hay cosas buenas, que provocan la aceptación y la sonrisa de nuestros padres, y cosas malas, que inducen su reprobación y regaños. Estas son las enseñanzas básicas sobre una conducta moral dentro de nuestra sociedad. Sin embargo, aunque yo recuerdo haber tenido la distinción entre bueno y malo muy clara a los 11 años, al pasar el tiempo me fui dando cuenta que la vida no es así de simple. Mi edad adulta ha estado repleta de cuestionamientos morales, pero también de cuestionamientos hacia la moralidad. ¿Debe haber una moralidad universal o una moralidad culturalmente relativa? ¿Debemos indignarnos ante un Ezra Pound por haber apoyado el fascismo o debemos considerarlo producto de su contexto histórico y apreciar su poesía? ¿Debemos luchar por sociedades en las que ninguna mujer use un velo en el rostro, o debemos respetarlas? Y finalmente: ¿qué tan bueno es dividir al mundo y a las personas en opuestos: bueno o malo? Es decir, ¿es buena la moral?

En su libro, aún no traducido al español, “The Moral Fool”, Hans Georg Moeller, filósofo y sinólogo Alemán, argumenta en contra de la moral. No propone una sociedad inmoral, sino amoral, aquella que cuestione sus ventajas y desventajas. Moeller explica la moral como una herramienta, no como un hecho comprobable científicamente. Es decir, es imposible afirmar “esto es 34 grados más moral que aquello”, o “los cuchillos son inmorales”. Los juicios morales son independientes de los objetos y las acciones a los que se les atribuyen. Para Moeller, la moral como herramienta sirve para juzgar y justificar, desde fundamentalistas religiosos hasta guerras, y por eso, es peligrosa.

Se dice que la moral es necesaria para mejorar nuestra sociedad y mantenerla en armonía, que si no hubiera principios morales, sería un caos vivir con los demás y que nuestro entorno estaría plagado de inseguridad y violencia. Sin embargo, Moeller argumenta que hay otros mecanismos más importantes por los cuales regulamos nuestra sociedad. Éstos son: el amor y las leyes. Moeller usa el ejemplo del amor filial  para demostrar que este sentimiento muchas veces sobrepasa las reglas morales. Por ejemplo, si mi hijo comete un crimen, no dejo de amarlo por eso. Un padre que denuncia a su hijo y lo lleva a juicio nos resulta enfermo. Cuando cosas similares suceden es generalmente un indicio de que hay un daño patológico en la relación. Igualmente, si uno delata a su pareja por haber cometido fraude, tal vez lo que nos sorprenda inicialmente es la traición, que una vez más indica un problema grave dentro de la pareja, y no necesariamente lo tomamos como un modelo de conducta moral. Los lazos íntimos funcionan a partir del amor y el cariño, y en ocasiones esto implica mentir por ellos, protegerlos y lo hacemos sin pensarlo demasiado. Es sólo cuando nuestra relación afectiva se ve dañada y su balance en riesgo que actuamos sobre nuestros juicios morales más severamente.

De igual modo , la mayor parte de las veces, las leyes regulan a la sociedad sin necesidad de incluir principios morales. Las leyes de tránsito no señalan el hablar por celular como un acto inmoral. Sin embargo, imponen una penalización porque el uso del celular resulta un riesgo para la armonía y seguridad de distintos transeúntes. El robo de un banco es un crimen grave, pero no necesariamente porque robarle a un banco sea inmoral. Los banqueros no suelen ser modelos a seguir en éstos ámbitos, y seguramente hay más de un delincuente que tienen razones “morales” para robar (por ejemplo, para alimentar a su familia). Tales crímenes son penalizados porque desestabilizan la seguridad de la sociedad. Asimismo, no robamos objetos y prendas de los aparadores sólo porque lo podamos considerar inmoral, sino porque el precio a pagar en el aspecto legal puede resultarnos mucho más costoso.

Moeller no piensa que el padre que no entrega a su hijo a la justicia por haber robado esté en lo correcto, ni que la defensa de los bancos sea justa. Él piensa que ambos lados tienen razón dentro de su contexto. Analizando la obra de Sófocles, Antígona, donde la protagonista va en contra de la ley de Creonte y entierra al “traidor” de su hermano, Moeller difiere de las interpretaciones comunes. Normalmente Antígona se lee como la representación de la ley divina, aquella que está por encima de los hombres, y Creonte, el rey, representa la ley humana. Moeller dice que ni Creonte ni Antígona están en lo incorrecto. Antígona, dentro de su amor filial, entierra a su hermano a pesar de su traición, y Creonte, como rey, debe ejercer la ley como representante del Estado. El juicio moral que contrapone la posición de Antígona y Creonte en realidad no puede resolver la tragedia.

Lo que Moeller propone es una actitud fuera de los juicios morales, un pensamiento agnóstico y crítico sobre nuestra concepción de lo bueno y lo malo, llamando a este modelo “el idiota moral”. Tomado de la literatura Taoísta de la China Antigua, el idiota es paradójicamente una figura sabia, que no se atiene a juicios determinantes ni a verdades absolutas, sino que observa a distancia y con escepticismo. Para el mundo taoísta, la mente amoral e indiferente ve más claramente que aquella aferrada a sus emociones y valores. Pensemos en jueces y maestros: si se dejaran llevar por sus emociones y preferencias, ¿qué expectativas podríamos tener respecto a veredictos y calificaciones? El idiota moral no dice “es malo creer en la moral”, simplemente cuestiona sus consecuencias. Como en el caso de Sísifo, el esfuerzo hacia una moralidad absoluta es posiblemente inútil, pero no por eso deja de constituir un aspecto esencial de nuestra existencia. El idiota moral es modesto con respecto a los juicios morales, no considera ninguno como infalible. No es un fanático luchando en contra del mal en Siria, en Alemania, en París: es el tonto de la colina de los Beatles, pero en su estupidez existe la sabiduría de la observación y la calma.

Y para reflexiones navideñas, aquí dejo Fool on the Hill

https://www.youtube.com/watch?v=wXa0MAfOsoU

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