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Democracia y pobreza

Sin duda nuestra democracia muestra un rostro diferente al que tenía en los años sesenta, setenta u ochenta del siglo pasado. Es difícil negar que en los últimos veinte años hemos avanzado en la construcción de una mejor vida democrática, sin poder afirmar que hoy por hoy en México vivamos en una democracia plena o al menos consolidada. La llamada “transición democrática⬝, se quedó en una “alternancia electoral⬝ que apenas es un primer paso.

Si pensamos en la democracia solamente en términos electorales los avances son más significativos; a querer o no, y con todas las fallas sufridas y la intervención sistemática de los partidos políticos a través de los diputados, conseguimos “ciudadanizar⬝ a los órganos electorales; algunas antiguas prácticas priistas puestas en marcha para “beneficiarse⬝ casi siempre de los procesos electorales en décadas pasadas han desaparecido, sin negar que el PRI y el resto de los institutos políticos han inventado y sofisticado otras más. Sea como sea, las elecciones que hoy en día se realizan en nuestro país son más democráticas, transparentes y competitivas de lo que eran hace treinta años, aunque estén lejos de un escenario plenamente democrático.

Ahora bien, la democracia no es únicamente un asunto que inmiscuya únicamente a los procesos electorales, es mucho más complejo, multifacético y de amplio espectro. En un país la democracia se construye a partir del entrelazamiento de las condiciones económicas, sociales, culturales, políticas que configuran la realidad de los ciudadanos. Es decir, no podemos referirnos a la calidad de nuestra democracia solo tomando en cuenta los procesos electorales. De hecho, al hacerlo así, estaríamos conceptualizando una democracia “coja⬝. Una democracia a la “mitad⬝.

Esto viene a cuento por las declaraciones del secretario de Desarrollo Social (Sedesol), José Antonio Meade, quien anunció en el Senado de la República la necesidad de llevar a cabo un blindaje electoral en los catorce estados donde se realizarán elecciones en 2016. La razón es inocultable: los altos niveles de pobreza de la población. En los estados que vivirán elecciones se concentran 37 por ciento de los pobres moderados del país, y 42 por ciento de los pobres extremos. Por ello, es urgente evitar que los programas sociales se utilicen con fines partidistas el próximo año.

Realizar blindajes electorales para que los programas sociales no sean convertidos en generadores de votos, y con ello se perpetúen las condiciones de pobreza y clientelismo electoral en México, es consecuencia de la pobreza estructural que experimentan al menos 70 millones de mexicanos, y del uso y abuso que la clase política hace de la urgencia económica de la población.

En tanto las políticas sociales y económicas no generen las condiciones necesarias para que la pobreza del país disminuya sustancialmente, el binomio pobreza y democracia seguirá profundizando la vulnerabilidad democrática de la República que solo beneficia a los dueños del poder y el dinero en México.