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Derecho de paso

Transitando por una de las emblemáticas avenidas de la Ciudad de México escuché por la radio este mensaje: «Se sugiere a las personas que legalmente recorren la mañana del día de hoy en las siguientes calles de esta impurificada metrópoli tomar vías alternas debido a que contingentes de maestros han decidido manifestarse invadiendo los carriles centrales de las avenidas con mayor circulación».

Es una mayoría de ciudadanos quienes legalmente circulamos por las calles de esta ciudad, no así los que toman las calles. Nosotros tenemos que circular por atajos, de lo contrario, circular por la ruta acostumbrada nos llevaría a un atasco de más de dos horas o, hasta que dicha minoría decida ceder el paso a la mayoría, ellos han tomado nuestro derecho de ir a trabajar sin que autoridad alguna lo impida.

No discrepo ni pacto con sus ideales ’y no ideales’, sólo pido respeto a mi libre tránsito y libre vía ganado desde la Colonia en esta ciudad, ahora consumiré más Imecas que otros días simplemente porque los maestros decidieron seguir su manifestación, estos profesores un día me dijeron que nunca se esperaron que fuera hombre de bien, ahora pienso que fue bueno que no les hiciera caso, pues no sé dónde habría terminado con sus recomendaciones⬦

Ellos han ganado el derecho de apropiarse de las vías públicas, de orinar en la calle (cuando yo no puedo, pues me acusarían de faltas a la moral); han ganado el derecho de acampar en lugares públicos, impidiendo así el paso de vehículos (por su seguridad) y provocando enormes pérdidas a los propietarios de los negocios aledaños a sus campamentos; han ganado el derecho de dejar sin clases a una multitud de niños en diferentes estados y, de paso, se han apoderado de nuestras sendas, obligando a tomar otras rutas a quienes tienen que ganarse la vida todas las mañanas; han provocado que pululen ratas alrededor de la basura que generan sus alojos y treguas ’mal entendidas’ en su mesa de negociaciones.

Ellos han ganado el derecho de anunciar anticipadamente sus actividades y, al no encontrar una autoridad (que sea eso, autoridad) elegida por la mayoría que pueda detener una minoría que altera el orden de la ciudad ’o al menos del caos acostumbrado’, han decidido modificar el caos citadino por el caos de sus protestas. No imagino una marcha de todos los afectados por sus marchas y afectados por pernoctar al aire libre.

Ellos han ganado el derecho de utilizar los servicios públicos pagados por los ciudadanos para sus marchas. Cuando todo esto inició vi un grupo de motocicletas abriéndoles paso, entonces visualicé la poesía de Rubén Darío, Marcha Triunfal:

¡Ya viene el cortejo!

¡Ya viene el cortejo! Ya se oyen los claros clarines,

la espada se anuncia con vivo reflejo;

ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.

Esto impidió el paso por varias cuadras, los maestros se aglutinaban frente al Ángel de la Independencia, por lo menos no lo maltrataron, aunque el Ángel parecía cerrar sus alas de tristeza:

’Ellos enseñan a los niños ’musitó desde su columna mientras observaba cómo se agrupaban los mentores a su alrededor.

En medio de la marcha ’perdida en el anonimato’ una persona repartía banderas protestando contra el Presidente, mientras que un grupo de turistas atónitos no entienden por qué o para qué los manifestantes habían tomado el parador turístico que iban a visitar ese día, mientras escuchaban las consignas: «Maeeeeeestro avanza, la maaaaarcha no se cansa».

Una cámara de televisión captó ese momento y, aunque sólo fue una cuadra de la avenida Reforma en la que se apostaron, fueron miles de automovilistas los afectados, la nota fueron ellos, los maestros, no los ciudadanos.

Al cerrar la arteria principal se saturó la lateral, lo que detuvo el pulso de la ciudad, afectó empleos de miles de personas, tuvo un fuerte costo económico, al final, un equipo de barrenderos vestidos de amarillo (no me lo tomen a mal, lo del color es para que se vean a la distancia) hacen su trabajo seguidos por una camioneta que, en solitario transita por la avenida principal recogiendo a los ciudadanos que hoy no pudieron transitar por esa vía, aunque pagaron una tenencia por su auto y dos verificaciones para circular, pero unos cuantos decidieron que ese día no sería posible, ellos han ganado ser ganado.

Un transeúnte enojado murmuró:

’Estos maestros son tan malos que si los muerde un tiburón los vomita de inmediato.