Monitor Nacional
Desaceleración económica mundial
Divisadero | Eduardo Gonzalez
7 de octubre de 2015 - 5:45 pm
Economía-MN
El FMI ajusta el cinturón del crecimiento y lanza un nuevo balde con agua fría sobre los gobiernos de países emergentes

Este martes en Lima, Perú el Fondo Monetario Internacional (FMI) dio a conocer sus proyecciones económicas para el cierre de 2015, a través de su informe titulado “Perspectivas de la economía mundial: Ajustándose a precios más bajos en las materias primas” (El País, 7 de octubre de 2015). En el documento contiene severas afirmaciones sobre el débil crecimiento económico, y la nueva configuración de las economías emergentes que han cimentado su crecimiento en los altos precios de las materias primas que hoy no solo comienzan a disminuir significativamente, sino que el principal comprador de ellas, China, ha disminuido de manera importante su requerimiento; este nuevo escenario mete en aprietos a esas economías y cuestionan seriamente el modelo apuntalado en la venta de materias primas.

La tormenta que se avecina al cierre del año y para los meses siguientes, según el FMI, es perfecta. Por un lado, la “ralentización” del crecimiento chino empeora las previsiones para las economías emergentes que se alimentan de la venta de “materias primas”. El organismo prevé que este año el PIB chino crezca 6.8% y 6.3% en 2016. El principal cliente se “debilita”.

Esta realidad comienza a dar los primeros coletazos a países como Brasil, Rusia, Venezuela y México. En tanto los precios de las materias primas sean elevados, las economías de estos países pueden medianamente hace frente a varias de sus necesidades y eventualmente poner en marcha programas sociales que ayuden a mitigar las condiciones de pobreza en las que viven decenas de millones de sus habitantes. Sin embargo, la reducción en los precios de las materias primas no solo reduce su capacidad de maniobra financiera y económica, sino que demuestra lo endeble de sus políticas económicas para crecer y generar recursos. La cotización del petróleo ha bajado 46% en el último año, mientras que el precio de los principales metales ha caído 22% y algunos productos agrícolas 17%. El FMI proyecta que los bajos precios en productos básicos se permanecerán al menos dos años más.

Sin más, el FMI ajusta el cinturón del crecimiento y lanza un nuevo balde con agua fría sobre los gobiernos de países emergentes. Su pronóstico es a la baja: el PIB mundial llegará este año a 3.1%, la tasa más baja en seis años. Para las economías latinoamericanas el impacto será mayor: el subcontinente retrocederá este año 0.3 por ciento, frente al aumento de 0.5 por ciento que se anticipaba en hace tres meses. De manera particular, Venezuela reducirá la tasa de su PIB 10%, Brasil 3% y Ecuador 0.6%; Bolivia crecerá 4.1%. En Europa, Alemania crecerá 1.5% y en Asia, Japón lo hará 0.6%. Estados Unidos y Reino Unido, aumentarán 2.6% y 2.5% respectivamente.

Después de leer el reporte del FMI nos percatamos que “salimos de la crisis de 2007” pero no con mucho éxito. Se continúan privatizando las ganancias y sociabilizando las pérdidas. Se rescataron empresas multinacionales y las arcas de algunos gobiernos, pero no las carteras de los ciudadanos, aunque haya sido con el dinero de la población con el que se financió el déficit privado y gubernamental. A pesar de los pesares la estabilidad financiera global no está asegurada. Después de años de ajustes, de reformas primera, segunda y hasta tercera generación, y cambios regulatorios para hacer frente a la mayor crisis económica global desde la Gran Depresión, la economía mundial aún navega por las aguas de la incertidumbre. Por lo menos desde la década de los años ochenta del siglo pasado muchos ciudadanos venimos sufriendo de las “medidas” impuestas por los organismos financieros multinacionales para “mejorar a economía” sin ver resultados positivos, todo lo contrario, al paso de los años, las poblaciones de amplias territorialidades de la aldea global han sufrido una sistemática expoliación de sus recursos disfrazada de medidas y reformas “dolorosas pero necesarias” para salir de la crisis. Al paso del tiempo solo hemos asistimos a más pobreza y desigualdad en el reparto de los bienes y las oportunidades. Urge cambiar el modelo para revertir la desaceleración económica mundial.

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