Monitor Nacional
Desconfianza ciudadana
Opinión | Eduardo Gonzalez
13 de julio de 2016 - 6:15 pm
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La situación económica por la que cruza actualmente provoca que exista un bajo índice de confianza entre los consumidores

El Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) dio a conocer la semana pasada el índice de confianza de los consumidores mexicanos, que muestra una baja de 1.8 por ciento en junio frente al mismo mes del año pasado, con lo que registró su quinta caída consecutiva desde febrero. El Índice de Confianza del Consumidor (ICC) elaborado de manera conjunta por el Inegi y el Banco de México, mide las expectativas de los mexicanos sobre la situación económica del país y de los hogares.

Sin duda, la confianza ciudadana en el futuro de la actividad económica del país necesariamente cruza por variables como el crecimiento que comienza a dar muestras de una desaceleración; por los precios de los bienes y servicios que han comenzado a incrementarse a consecuencia de los aumentos en la luz y las gasolinas. El tamaño del mercado interno que ha declinado en los últimos meses, impactando de forma directa el Producto Interno Bruto (PIB), pues el consumo interno de los consumidores representa 70 por ciento del PIB. El encarecimiento del crédito sea para consumo o inversión que ha frenado la actividad económica. La paridad peso-dólar que este sexenio muestra una depreciación de nuestra moneda frente al billete verde de poco más del 40 por ciento. A querer o no, todas estas variables terminan por reflejarse en el tamaño de la billetera de los consumidores impactando el crecimiento y desarrollo de sus hogares.

No obstante, la pesada realidad económica que recorre los rincones del país ocasionando la desesperanza de millones de mexicanos, me parece que la desconfianza de la ciudadanía abarca aspectos que sobrepasan el tópico económico. Veamos.

El desencanto por el futuro inmediato deviene de las formas anquilosadas de hacer política por parte de nuestra clase gobernante. Sin importar el color de referencia partidista queda la impresión que las prácticas y discursos de los gobernantes continúan instalados en una realidad inexistente, una realidad creada y creída solo por sus hacedores; pero que muy poco tiene que ver con la cotidianidad de los ciudadanos.

La desconfianza de la población no es solo en el futuro de la economía, sino en el sistema de justicia parcializado y corrompido que abarrota los juzgados nacionales y ha creado un submundo carcelario en nuestro país; en el famélico sistema de rendición de cuentas y transparencia que tenemos; en la sistemática violencia que desborda calles, aceras, parques y cualquier espacio público o privado que refiramos; en el uso patrimonialista de los recursos del erario para beneficiar y engordar a la clase gobernante; en la constante violación a los derechos humanos y la criminalización y victimización de quienes sufren un ataque por parte de grupos criminales o de miembros del Estado mexicano, sean policías, soldados o marinos; en la desangelada democracia con millones de pobres que solo se ha materializado en alternancia partidista, que poco o casi nada ha modificado en las prácticas de gobierno, como lo podemos mirar en los tres principales ejemplos de representantes populares independientes, Jaime Rodríguez, Manuel Clouthier y Pedro Kumamoto, que aún no sientan las bases de una verdadera diferencia con respecto a los representantes populares partidistas.

Estas duras realidades experimentadas cada día millones por los mexicanos son las causantes de la desconfianza ciudadana hacia los gobernantes. Que la percepción de la población cambie depende del buen desempeño de los gobiernos, de lo contrario la falta de confianza y el peligro de que se desborde seguirá aumentando.

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