Monitor Nacional
Día mundial contra la esclavitud infantil
Construir el conocimiento | Gabriel Quezada
9 de mayo de 2016 - 8:46 pm
Iqbal Masih
En la actualidad pareciera que la permisividad gubernamental e incluso social presente en varios países, ha llevado a que la esclavitud infantil siga siendo un negocio rentable que enriquece a explotadores

El 16 de abril de 1997 fue la primera vez que se celebró el Día mundial contra la esclavitud infantil. Una conmemoración que tuvo como origen la historia de sufrimiento de Iqbal Masih y su trágico final, a raíz de su sometimiento a explotación laboral con motivo del pago de una deuda de su padre al dueño de una fábrica de alfombras, la cual había sido contraída para pagar la boda de su hijo mayor. Algo inconcebible que haya sido generado desde el seno familiar.

Iqbal Masih, que al inicio de su esclavitud laboral tenía tan solo cuatro años de edad, nació en Paquistán en 1982 y a sus diez años, logró escapar de la fábrica de explotación en la que era sometido a esclavitud durante doce horas diarias, luego de ser influenciado por Ehsan Khan, un activista opositor del trabajo esclavo. Así se convirtió en un luchador social en 1993 con denuncias contra las condiciones de trabajo que vivían muchos niños en telares de alfombras en Pakistán. Al tiempo que el gobierno paquistaní ignoraba la legislación internacional en la materia de la que ese país formaba parte.

En particular, desde 1992, el Estado paquistaní suscribió la Convención contra el trabajo infantil, incluso antes, había prohibido la esclavitud por deudas, pero de facto eso seguía siendo una realidad en el país asiático. Así que con el paso del tiempo, Iqbal Masih con sus actividades a favor del respeto de los derechos de los niños, fue adquiriendo notoriedad, lo cual generó que recibiera amenazas de muerte provenientes de esclavizadores infantiles que no lo amedrentaron, ya que ante el ofrecimiento de protección policial su respuesta fue negativa. Por desgracia en 1995, fue asesinado a bordo de su bicicleta en Muridke, Paquistán, a sus doce años.
Así como él actualmente prevalecen condiciones laborales inhumanas en diferentes partes del mundo para menores que ni siquiera deberían estar trabajando, gracias a las políticas económicas instrumentadas por gobiernos que no generan condiciones dignas para que una familia pueda satisfacer sus necesidades, aunque éstas se encuentren plasmadas en una constitución, una ley nacional o en algún instrumento internacional.

Al revisar los esfuerzos de la comunidad internacional a favor del respeto de los derechos de los niños, es posible recordar que el 20 de noviembre de 1959, la Asamblea General de las Naciones Unidas, aprobó la Declaración de los Derechos del Niño, misma que fue suscrita por 78 Estados miembros. Algunos de los principios que contiene relativos a la historia de Iqbal Masih y de muchos niños en condiciones similares son: El derecho a tener una protección especial para el desarrollo físico, mental y social del niño; El derecho a una alimentación, vivienda y atención médicos adecuados; El derecho a la comprensión y al amor de los padres y de la sociedad; El derecho a actividades recreativas y a una educación gratuita; El derecho a estar entre los primeros en recibir ayuda en cualquier circunstancia, y; El derecho a la protección contra cualquier forma de abandono, crueldad y explotación.

Cabe agregar que también en el artículo 32 numeral 1 de la Convención sobre los derechos del niño se establece que: “Los Estados Partes reconocen el derecho del niño a estar protegido contra la explotación económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso o entorpecer su educación, o que sea nocivo para su salud o para su desarrollo físico, mental, espiritual, moral o social”, mientras que en el numeral 2 refiere: “Los Estados Partes adoptarán medidas legislativas, administrativas, sociales y educacionales para garantizar la aplicación del presente artículo”.

Si bien, muchos de los instrumentos internacionales han sido establecidos desde la perspectiva de Occidente, hay coincidencias en cuanto a que existe una oposición contra la esclavitud infantil, ampliamente reconocida en diversas partes del mundo.

Sin embargo, en la actualidad pareciera que la permisividad gubernamental e incluso social presente en varios países, ha llevado a que la esclavitud infantil siga siendo un negocio rentable que enriquece a explotadores, mientras atenta contra la integridad física de menores que no tienen protección que los lleve a vivir con las condiciones de desarrollo humano necesarias.

Según datos difundidos por Telesur y que han sido publicados por la fundación Save the Children, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (o United Nations International Children’s Emergency Fund) y la Organización Internacional del Trabajo (una ironía que ésta última tenga información sobre la esclavitud infantil, dada su prohibición), alrededor de 400 millones de niños en el mundo, son esclavos. Si bien, hubo una reducción del 32% del 2003 hacia este año, aún existen 168 millones de menores que trabajan, de éstos, 85 millones lo hacen en condiciones peligrosas, resalta y preocupa que de dicha cantidad, la mayoría sean niñas. La televisora difundió también que existen 8 formas de esclavitud infantil: trabajo forzoso en la mina, trata infantil, matrimonio infantil forzoso, esclavitud doméstica, trabajo forzoso en la agricultura, explotación sexual, niños soldados/combatientes y trabajo infantil forzoso por endeudamiento.

Ante estas formas de esclavitud tan despreciables, los gobiernos deben instrumentar políticas de ejecución jurídica, es decir, que no solo se establezca la protección infantil en el derecho, sino se lleve a la práctica a través de instituciones encargadas de contribuir al desarrollo integral de los niños por un lado, y por otro, de instancias con competencias penales que persigan a quienes violen los derechos de los menores con sanciones como la reclusión. Es importante que se permita hacer denuncias anónimas que no pongan en riesgo a quienes delatan ante las autoridades, a explotadores infantiles, sin importar su influencia económica. Por otro lado, los funcionarios deben difundir qué empresas se enriquecen con la esclavitud infantil, luego de ser clausuradas y en caso de que una clausura no se concrete, desde la sociedad se debe recurrir a pedir un boicot como ha ocurrido con compañías europeas que han utilizado mano de obra esclava y han sido evidenciadas frente a los clientes que demandan sus artículos.

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