Monitor Nacional
Doble cara de México frente a los migrantes
Divisadero | Eduardo Gonzalez
21 de septiembre de 2016 - 4:15 pm
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Si realmente el gobierno y la sociedad civil quieren humanizar la migración deben pasar de los discursos a las prácticas

México como un país de migrantes: de expulsión, tránsito, retorno y llegada, tristemente muestra caras diferentes según se trate de la población migrante. No es lo mismo el trato que reciben los estadunidenses avecindados en Chapala o San Miguel Allende, que los centroamericanos que transitan por las calles de la Zona Metropolitana de Guadalajara. La doble cara que muestra el gobierno y la sociedad frente a los migrantes se encuentra en la esencia del discurso lanzado por el “presidente”, Enrique Peña Nieto en la Organización de Naciones Unidas (ONU), en el contexto de la posición de varios mandatarios mundiales para que sean respetados los derechos humanos de refugiados y migrantes.

Vayamos por partes. En principio, la Declaración de Nueva York, aunque incluye varios aspectos fundamentales para la protección de los migrantes y refugiados como son: protección a los derechos humanos de esa población, otorgar servicios básicos de educación, poner fin a la práctica de detener a menores de edad para propósitos de determinar su calidad migratoria, apoyar la búsqueda de nuevos hogares para quienes huyen de sus países (El País, 20 de septiembre de 2016) no incluyen el principal derecho para atender y detener la migración desde su origen: el derecho a no migrar, que debe materializarse con las condiciones económicas, sociales, políticas y de seguridad necesarias para que la gente no experimente la obligatoriedad de huir.

En cuanto al discurso peñista, la hipocresía fue la característica. En Nueva York, el inquilino de Los Pinos se fue contra las barreras a los migrantes y afirmó que seguirá trabajando para que se reconozca a los migrantes como agentes de cambio y desarrollo, para que se garanticen sus derechos humanos y se destierren los discursos de odio y discriminación en su contra. Afirmó tener la obligación ética de actuar para proteger la integridad, la vida, los derechos y la dignidad de los migrantes. Seguramente, el mensaje iba dirigido al candidato presidencial republicano, Donald Trump; sin embargo, sería un gran detalle que lo que pide para los migrantes en Estados Unidos se otorgue a los centroamericanos que atraviesan nuestro país.

A la luz de los hechos presentes en México, las declaraciones de Peña Nieto suenan a burla. Los migrantes que transitan por la República Mexicana experimentan cotidianamente extorsión policiaca y militar; maltratos de las autoridades migratorias; desprecio por parte de los ciudadanos; rechazo de las comunidades a donde arriban; violencia por parte de grupos criminales. Todo lo cual profundiza la criminalización, victimización y discriminación que sufren en México.

Cabe mencionar, que la política migratoria de contención y seguridad nacional puesta en marcha por el “gobierno” mexicano responde a las presiones y exigencias establecidas por la Casa Blanca para detener el flujo migratorio centroamericano en nuestra frontera sur. El Plan Frontera Sur puesto en marcha por México en julio de 2014 para “atender” la migración es la materialización de la obediencia de las autoridades de nuestro país a los ordenamientos establecidos por Washington.

Es urgente que el “gobierno” mexicano deje de tener una doble cara para atender el fenómeno migratorio. Hacia afuera la cara es de pedir respeto a los migrantes; hacia adentro la cara es de persecución y deportación de los exiliados económicos. Si realmente el “gobierno” y la sociedad civil quieren humanizar la migración deben pasar de los discursos a las prácticas.

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