Monitor Nacional
Dubai: ¡Ay!, esa ropa de mujer
No te enchiles wey | Manuel Guisande
2 de noviembre de 2015 - 3:37 pm
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Impresiones de un viaje por los Emiratos Arabes (V)

La primera vez que vi un escaparate de ropa de mujer en los Emiratos Arabes me dije: «joé con la moda, avanzadas están aquí», y al fijarme en algún traje, en concreto en el negro de la foto, me cuestioné, «será para orientar al hombre de la casa». Y así estaba de feliz en mi habitual ignorancia hasta que viendo que todas iban muy tapadas pregunté cómo era posible que viera aquella ropa en las tiendas y no en la calle.

¡Ay Guisandiño, lo que aún te queda por viajar! Pues resulta que esa ropa… en efecto, la compran las emiratíes; pero no para lucir en parques y jardines, sino en casa, para su marido. Es decir, que tú, que te llamas Alhalail Al-Quapepe, llegas a casa, ves a tu mujer con un precioso traje negro y eso significa que vais de fiesta a la cocina, por ejemplo; y si las ves que lleva así como un escotazo, el modelo es de color crema y lleva sombrero… pues que vais de cóctel al balcón interior de la vivienda o a dar una vuelta por el pasillo.

Y supongo, pues que habrá de todo: vestidos para un picnic sobre una alfombra verde frente al televisor con sonidos de la naturaleza; bikinis sexy para el baño; pantalones para hacer footing alrededor de la nevera; indumentaria estilo Nadal mientras fríes huevos con sartenes tipo raqueta… una juerga y una sorpresa cada día que llegas al domicilio conyugular, porque supongo que tal como están, pues es entrar, y eso, a la conyugular.

Y supongo también, que ya puestos, para dar ambiente al vestuario y que todo vaya en consonancia y armonía, pues un día entras en casa y tu mujer te dice toda acalorada con una maleta en la mano: «¡Ay Alhalail Al-Quapepe!, vengo de Europa, de un viaje por la Cerdeña, y traigo un cansancio, pero un cansancio…». Y tú, que vives en el surrealismo puro, respondes: «pues yo vengo de Ginebra, y aunque no dejan me voy a pegar un lingotazo Dalialhalmiña mía…».

Vamos; esa es la sociedad perfecta que yo siempre soñé y en la que me encantaría vivir: realidad en la calle y pura imaginación en casa, como yo, que aún no tengo muy claro ahora mismo, que son las dos de la mañana, si seguir escribiendo, coger un vuelo para Gana o meterme en la cama.

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