Monitor Nacional
Economía de América Latina
Latinoamérica | Redacción
29 de noviembre de 2016 - 1:13 pm
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A finales de los 70´s y principios de los 80´s, ya más asentado el nuevo modelo en Latinoamérica, se crearon dos generaciones de reformas que tenían como objetivo combatir la crisis fiscal

En América Latina existe una cercanía y lejanía simultánea; el idioma, la corrupción, la religión, la pobreza, la impunidad y el pasado conquistador, es lo que nos hace sentir en cercanía con los demás latinos. Lo irónico es que esta cercanía es lo que produce la lejanía, al vivir en un mismo escenario alzamos la vista a nuestro vecino del norte o fijamos la mirada al otro lado del atlántico aspirando llegar a ser algún día como ellos. Este constante anhelo de estar más a la par del mundo occidental nos llevó a implementar un esquema económico muy americano a finales de la Segunda Guerra Mundial, sistema que aún en nuestros días sigue causando repercusiones.

En los 50´s y 60´s, la restructuración de las naciones era necesaria como consecuencia del periodo de guerra. El consumo interno de los países productores, como los son los latinoamericanos, se vio en incremento al igual que su gasto público. Estados Unidos gozaba de uno de sus mejores auges económicos y cómo los latinos estamos acostumbrados a tropicalizar sus ideas, importamos el estilo de vida americano del momento junto con el modelo económico neoliberal y ese fue el inicio de las reformas sin pies ni cabeza.

Redefinir el modelo económico fue idea, en gran parte, de los pensadores especialistas del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, por supuesto no podemos quitarle crédito a Reagan y Thatcher, quienes fueron actores importantes en el desarrollo del modelo neoliberalista.

A finales de los 70´s y principios de los 80´s, ya más asentado el nuevo modelo en Latinoamérica, se crearon dos generaciones de reformas que tenían como objetivo combatir la crisis fiscal, eliminar el exceso de las plazas burocráticas y la incapacidad del Estado de atender las demandas de la sociedad, lo que resultó en la reducción de los estados de bienestar.

Las reformas de primera generación, tenían una finalidad económica, éstas estaban conformadas principalmente por: la búsqueda de paridad monetaria competitiva, la disciplina fiscal, la creación de una reforma tributaria, políticas comerciales liberales, prioridad al gasto público, la privatización de empresas estatales, la protección de la propiedad, entre otras. Desafortunadamente, más allá de beneficiar la economía del Estado y su población, estas reformas produjeron el crecimiento de la brecha entre pobres y acaudalados, la demanda de mano de obra requerida terminó siendo solicitada en el sector informal provocando que los salarios fueran bajos y aumentará la pobreza y por supuesto el intensivo uso de los recursos naturales como consecuencia del aumento de producción y exportación.

Las reformas de segunda generación fueron más concretas y con fines sociales, éstas consistían básicamente en dos puntos: la reforma judicial y la restructuración de administraciones gubernamentales. Ambas buscaban combatir el sistema tan corrupto e impune que existía en ese momento, pero ninguna funcionó. La ausencia de reformas de otra línea como el intento de disminuir la deuda externa, la creación de una regulación para la redistribución de la riqueza o el no buscar el fortalecimiento del mercado interno, dio pie a la fuerte crítica y comentarios negativos de estas reformas.

Comentarios que desde la visión de los resultados no son errados, pues las consecuencias de estas reformas de modelo neoliberal repercuten en nuestros días. El debilitamiento de la industria latinoamericana, el aumento de la migración hacia el norte, los precarios niveles de crecimiento y desarrollo y el incremento de la población pobre en Latinoamérica a un 75%, son tan sólo algunas de las secuelas que hoy vemos día a día.

Con los altos índices de pobreza y la ausencia de empleos formales, la informalidad laboral se ha vuelto una de las características económicas de América Latina. El incremento de ésta surgió como un intento de supervivencia; su causa es la inseguridad económica. Lo satírico es que la misma informalidad genera inseguridad y ésta más informalidad y así sucesivamente dando vueltas en un mismo ciclo. El número de personas que laboran en el sector informal es cada día mayor por lo que podemos considerar que esa informalidad se ha vuelto la formalidad.

Hasta el momento no ha existido un gobierno en esta región que no genere o permita las prácticas informales, y no sólo en la parte económica también en la política. En los sistemas administrativos de los Estados existe un apartado informal y de corrupción, un ejemplo de ello es cuando uno de sus trabajadores realiza un servicio fuera del horario de oficina y cobra por él, esta actividad obviamente no es registrada y el dinero se queda en manos del trabajador. Esto ha provocado que la ciudadanía deje de confiar en sus instituciones derivando en el colapso de las mismas y la destrucción de la estatalidad.

Para abolir toda esta situación, los Estados han puesto en marcha un modelo vanguardista en el cual se permite y se promueve la existencia de foros, encabezados por independientes al gobierno,  en donde la ciudadanía discute las problemáticas actuales; el empleo informal, la pobreza, la corrupción, y trata de encontrar soluciones a los problemas de la nación. Esta idea, aunque pareciera ser buena, pone en duda la presencia del Estado y su interés en resolver dichas problemáticas. Lo que como ciudadanos nos coloca en una posición de alerta, tenemos la obligación de estar enterados de las políticas y reformas económicas que se aprueban en nuestros respectivos países, al final de cuentas éstas afectan directamente en el tejido social e institucional de una nación y nos repercuten a través de los años, como lo hicieron las reformas neoliberales de los 70´s y 80´s.

Entender el modelo político y económico actual y examinar sus iniciativas y no sólo dejárselo al gobierno, nos permitirá tener más herramientas para enfrentar la falta de salarios dignos, seguridad y mínimos básicos a los que como seres humanos tenemos derecho. Mitigar los efectos de las reformas sin pies ni cabeza, que aún seguimos arrastrando, o incluso eliminarlas en una responsabilidad que como sociedad debemos de adquirir.

Lizette Gutiérrez

Estudiante del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey. Campus Gdl.

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