Monitor Nacional
Educación de calidad en América Latina, un reto actual
Latinoamérica | Redacción
23 de noviembre de 2016 - 2:37 pm
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Los datos podrían ser insuficientes en el sentido de que la calidad educativa no solamente se debería medir mediante los resultados de los estudiantes en las pruebas

Entre los derechos fundamentales de toda persona se encuentra la educación por ser necesaria para el desarrollo pleno de la personalidad humana, además de aportar conciencia de otros derechos y libertades. De acuerdo con la Declaración Universal de Derechos Humanos, la educación debe ser obligatoria y gratuita al menos en el nivel elemental y además debe ser generalizada (ONU, 1948).  A pesar de que este derecho es bien reconocido por los países, las dificultades para impartir educación de calidad implica un reto aún en la actualidad.

En lo que concierne a América Latina, se ha conservado el malestar por la paralización de la educación. En muchos países latinoamericanos la calidad de la educación está lejos de ser comparada con la que se imparte en los países de Europa o Asia y, los que llegan a estar en posicionamientos relativamente cercanos, en pocas ocasiones conservan su lugar, como es el caso de Chile. Anteriormente este país superaba a Brasil y México pese a ser consideradas como naciones con el título de potencias económicas.

Los factores que preocupan en materia de educación se han sostenido, pues no todos los países poseen las mismas capacidades para competir en cuanto a modelos educativos eficientes además de que especialmente las naciones latinoamericanas no  son susceptibles de ser comparadas con países líderes en materia educativa. Esto se demuestra sobre todo en las pruebas reconocidas a nivel global. Sin lugar a dudas, la posible existencia de un sistema aplicable para todos los países no parece ser viable dadas las diferencias entre ellos.

Cabe mencionar que los indicadores que figuran como los más significativos para ser considerados en rankings globales son el acceso, la calidad de los maestros, la solidez del sistema educativo e inclusive el desempeño de las instituciones educativas líderes de cada país. En consecuencia, los países latinoamericanos suelen posicionarse entre los lugares más bajos, o por lo menos, no llegan a los primeros. Para comprender esto es importante tener en cuenta que en un mundo globalizado, en el que el aspecto económico es esencial para demostrar el potencial de los países, la demanda de empleados cada vez más especializados y cuya preparación debe ser no menor al nivel superior, la educación constituye un elemento clave.

Algunas cifras que nos ayudan a entender la situación de los países latinoamericanos en materia educativa se presentan en el ranking QS. Este año, QS Higher Education System Strength Rankings presentó cuatro listados en los que colocan 50 países a comparar en este tema. Los resultados refieren que el mejor sistema educativo, o por lo menos el que integra de mejor manera los elementos acceso, calidad de los maestros, la solidez y desempeño de las instituciones educativas líderes, es el de Estados Unidos. En contraste, en el último lugar de la misma lista se encuentra Pakistán.

El primer país de América Latina que aparece en el listado es Argentina con la posición 18, seguido por Brasil en el lugar 22,  Chile en el lugar 31, todavía sobre México – nuestro país se ubica en la posición 33 – y por último, al menos para los países latinoamericanos, se sitúa Colombia en el lugar 34. Estos indicadores acerca de los sistemas educativos en general, mantienen a los países latinoamericanos en el “centro del listado”, y sin embargo no dejan de ser desalentadores.

El rezago educativo de los países latinoamericanos se presenta, en parte, debido a que se implementan los sistemas menos exitosos del mundo. De acuerdo con el mismo estudio, el mejor sistema educativo es el de Brasil – posición 23 – y es precedido por Argentina (26), México (33), Chile (34) y Colombia (36). En efecto, pocos son los países que tienen buenos resultados al evaluar la educación en función de pruebas con estándares internacionales. Un ejemplo de este tipo de evaluación es la prueba PISA (Programme for International Student Assessment) impulsada y coordinada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

La prueba PISA se aplica cada tres años y se evalúan las áreas de lectura, matemáticas y ciencias. La aplicación se realiza a cierta muestra representativa de estudiantes entre los 15 y 16 años de edad y no considera la cantidad total de centros educativos. No obstante, la implementación de este tipo de pruebas no asegura que existe la información suficiente para determinar si los sistemas educativos son realmente eficaces. Sumado a esto, hay países que no poseen toda la información necesaria para compararse con otros, lo cual podría representar una limitante dentro de los rankings.

Finalmente, los datos podrían ser insuficientes en el sentido de que la calidad educativa no solamente se debería medir mediante los resultados de los estudiantes en las pruebas. Cabe recalcar que la educación no se limita al desempeño de los estudiantes, sino a trabajo del personal docente, el contexto, el acceso a las instituciones educativas y la capacidad de las instituciones – y del Estado – para garantizar este derecho fundamental. Esto último no descarta que las pruebas internacionales aporten parte de la información necesaria para observar el desempeño de los sistemas educativos entre los países. Sin lugar a dudas, el impartir educación de calidad en un mundo globalizado sigue representando un reto que incomoda a los países latinoamericanos.

Roxana Michelle Domínguez Aguilera

Estudiante del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM, Campus Gld.

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