Monitor Nacional
El acoso sexual callejero: un problema que merece recibir atención y penitencia
Nacional | Redacción
28 de abril de 2017 - 12:15 pm
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Por último pero no menos importante, me gustaría recordar que cada vez es más grande la necesidad de empezar a denunciar, ya sea con la policía o ante una ONG

Por Daniela Vanessa Montiel

¿Por qué, yo como mujer, he de vivir con miedo de un posible asalto, de una violación, un abuso o una discriminación?, ¿por qué, yo del sexo femenino, soy juzgada cada vez que hago algo considerado como socialmente incorrecto?, ¿por qué, esta vez como sociedad en conjunto, no hemos hecho nada en lo que respecta a la creciente situación de violencia y maltrato hacia la mujer? Las estadísticas actuales nos muestran resultados algo alarmantes, pero sobre todo, en los últimos meses se han estado registrando casos cada vez más numerosos de acoso sexual callejero, cuya problemática radica no solamente en las mujeres que son víctimas de este tipo de abuso, sino también en el hecho de que no es considerado como un acto de violencia sexual ni como un delito en nuestro país.

Pero, ¿a qué me refiero con acoso sexual callejero? A las miradas lascivas, a los comentarios indecentes, y al manoseo ocasional que se puede dar en cualquier medio de transporte o contexto de carácter público; es llevado a cabo por una persona no conocida y causa malestar e incomodidad en la víctima. Dada la definición, es muy difícil concebir la idea de que no se busque que se penalice dicho acto.

A mi parecer, este problema tiene sus orígenes en la manera de ver y de pensar de la sociedad, es decir, en dichos y comportamientos como: “pobre niña a la que violaron ayer, pero si se viste de esa forma no sé cómo no esperaba que le sucediera eso”; o sea, ¿cómo es que se le hace responsable a la mujer de una falta en la que es ella la víctima?

El conocimiento de lo bueno y lo malo que se pasa de generación en generación tiene como característica el ser machista: justificarlo como lo que “debe de ser”; contar con los lineamientos de cómo debe comportarse la mujer en la sociedad así como dentro del hogar; y gracias a ello, colocar a ésta en la posición de provocadora del conflicto, es decir, hacer de una acción efectuada por ella la causa del por qué se respondió de cierta forma (un golpe, una violación, una falta de respeto…). En suma, lo que acabo de explicar se reduce a la famosa frase: “vivimos en una sociedad que enseña a las mujeres a no ser violadas, en vez de enseñar a los hombres a no violar”. Aún cuando el acoso sexual callejero no llegue a una violación, la frase deja muy en claro el hecho de que se hace el intento de cambiar los hábitos de la mujer y no los del hombre.

Ahora, ¿qué podemos hacer para contrarrestar el problema? Lo primero que se necesitaría es reeducar a la gente, quitarles esas ideas del “adecuado” comportamiento femenino y en cambio, hacerles ver que hay maneras de ser de los hombres que no son moralmente correctas. Los hombres mexicanos agreden a mujeres porque pueden, porque no hay nada que lo impida o lo castigue.

Lo que nos lleva a la siguiente propuesta: el hacer campañas donde se haga conciencia del alcance que puede llegar a tener este tipo de acoso y la posición de incorformidad que significa para nosotras las mujeres. Por ejemplo, el proyecto más reciente de la ONU Mujeres y del gobierno del Estado de México en el cual pusieron un asiento con los genitales masculinos en uno de los vagones del metro de la Ciudad de México. Yo supe de este proyecto por medio de Facebook, y me llamó la atención el observar las caras de las personas cuando se daban cuenta de lo que realmente era, de cómo volteaban de reojo para asegurarse de que estaban en lo correcto, de cómo algunos se disgustaban o se sentían avergonzados si llegaban a sentarse por error.

Pues adivinen qué, ¡muchas mujeres sufren de esa inconformidad a diario! Así como la mayoría de ellas trata de ignorarlo o se esfuerzan por soportarlo. Pero esto no debería de ser así. Sin embargo, la sociedad nos ha “enseñado” a callar lo que se necesita denunciar. Lo triste es que si no es la sociedad, entonces el que actúa es el miedo. “Si me defiendo, ¿quién ganaría?, ¿él o yo?”. En verdad me lamento al ser esta una pregunta que ni yo puedo responder.

Por último pero no menos importante, me gustaría recordar que cada vez es más grande la necesidad de empezar a denunciar, ya sea con la policía o ante una ONG, al igual que comenzar a exigir a los gobiernos que se le ponga penitencia a uno de los actos que van en contra de la integridad de la mujer y que lamentablemente es uno de los más comunes hoy en día.

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