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El aire lo compartimos todos

Por: Tashara Smith

Con mayor frecuencia las personas dejan las zonas rurales para migrar  a las grandes ciudades, ya sea por cuestiones climáticas, económicas, o sociales. En América Latina este fenómeno se ha podido evidenciar a lo largo de los años y el impacto recae tanto en la población como en el medio ambiente. Dentro de las principales consecuencias se encuentra el desplazamiento poblacional, el surgimiento de zonas marginadas, tráfico, sobrepoblación, abandono del campo, incremento en la demanda de alimentos entre otros. Si se habla en términos medioambientales se puede identificar, la disminución de áreas verdes, contaminación del agua, de suelo, y lo más relevante para efectos de este artículo: la contaminación del aire y el uso de energías no renovables.

En América Latina los dos principales casos que se han reportado recientemente son los de la Ciudad de México y Santiago de Chile, sin embargo, el problema de contaminación del aire se extiende a lo largo de toda la región y afecta principalmente a las ciudades con bajos ingresos. Al identificar lo mencionado con anterioridad surge una pregunta en la que todos deberíamos pensar: ¿Es nuestra obligación hacer algo respecto a la contaminación, incluso si no somos afectados directamente?. Para muchos se trata de una elección, sin embargo, es un hecho que el aire lo compartimos todos y la responsabilidad, también debería ser compartida.

Las principales emisiones provienen de las grandes ciudades, aquellas con altos ingresos económicos, y las consecuencias las pagan los que menos tienen. De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud, las personas que viven en países de bajos ingresos se exponen en un 95% a contaminación atmosférica. En los países con ingresos mayores, la población se expone en un 60%. La diferencia es de 35% y ese incremento repercute de manera negativa en el estilo y la calidad de vida de miles de personas. Como ya se mencionó con anterioridad, las grandes emisiones de dióxido de carbono provienen de las ciudades y del uso del automóvil.  Relacionado con esto  se encuentran los combustibles fósiles, las emisiones de humo de industrias y la quema de basura.  Grandes empresas no cuentan con los mecanismos regulatorios para reducir sus emisiones y por el tema de la corrupción, a muchas no se les obliga a hacerse responsables de sus acciones. Al año, 4.3 millones de muertes se deben a contaminación del aire dentro de los hogares y 3.7 millones a la contaminación atmosférica en los exteriores. Muchos cuando pensamos en contaminación del aire principalmente lo relacionamos con el exterior, sin embargo, se ha demostrado que la contaminación dentro de los hogares también ha resultado ser un gran problema; un problema tan grande que las muertes por contaminación en hogares supera a las muertes por contaminación en los exteriores en 0.6 millones. De acuerdo con una publicación de la Biblioteca del Congreso Nacional de Chile, en América Latina, tan solo 17 de 33 países medían la calidad del aire en el año 2015.

En cuestiones de inversión, varios países ya optaron por tomar acción y destinar cierto porcentaje económico a energías renovables. En la región de América Latina los países que invirtieron más fueron México, Uruguay y Chile con 3.900 millones, 3.400 millones, y 1.100 millones de dólares respectivamente. También resulta relevante mencionar a Honduras, quien invirtió 500 millones de dólares en energías renovables. Es un hecho que  en Latinoamérica la curva de crecimiento en inversión en energía ha incrementado, pero sigue siendo insuficiente. En Chile se encuentra el desierto de Atacama, cuenta con una extensión de más de 100.000 kilómetros cuadrados y es el  lugar en donde se registra la radiación solar más grande del mundo. La demanda eléctrica en la actualidad es muy grande y se estima que para el 2030 el consumo aumentará en más de un 70%. Si se logran incrementar las fuentes de energía renovable y ampliar las conexiones transfronterizas entonces Chile podría proporcionar energía a Perú, éste a su vez a Brasil, Bolivia y Ecuador. Con lo anterior es posible visualizar una red de cooperación de la cual se beneficiarían muchos y con la cual se contaminaría menos. Más del 80% de la energía renovable que se produce en América Latina proviene de represas hidroeléctricas, la idea del uso de la energía solar cada vez es más viable debido a que la construcción de represas representa un impacto en el medio ambiente principalmente en la deforestación y el desplazamiento poblacional.

América Latina debe transitar a modos de producción y estilos de vida mucho más ecológicos. Para ello se requiere de inversión en infraestructura, adaptar las ciudades para el uso de bicicletas y el uso cada vez más constante y permanente de energías renovables. La región tiene un potencial de crecimiento impresionante pero por varias cuestiones no se ha podido aprovechar. Un gran paso adelante fue el hecho de reconocer e identificar las fortalezas y las debilidades de la región para posteriormente aprovechar las oportunidades que se presenten, es solo cuestión de tiempo.