Monitor Nacional
El arte de hacer fiestas
Insurrección mental | Javier Malo
7 de diciembre de 2015 - 7:24 pm
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Cuando un gran anfitrión cuida su obra de arte, ésta se vuelve una pieza de colección en la memoria colectiva, incluso en la memoria de los que no asistieron

De las bacanales romanas a la fiesta Maxim.

Los romanos no sólo dominaban en la guerra, también conocían otro método de conquista, las bacanales, celebraciones en honor al dios mitológico del vino, en las que se bebía sin medida, celebraban su victoria y daban un mensaje al mundo.

Cuando brincas del barbarismo a la aristocracia, entiendes que realizar una fiesta es algo más que una congregación de personas y placer.

Cuando se aprecia y domina el arte de hacer fiestas al estilo del Gran Gatsby, sabes que todo está en detalles como la iluminación, la música, la bebida e invitados que no son casualidad.

Aunque me puedan debatir la ambigüedad en la definición de fiesta, no resultaría ambigua cuando visualizamos en el tablero a diversos hombres célebres de la historia.

La historia dice que cuando el Coliseo de Roma se inauguró, la fiesta duró más de 100 días en los que corrió el vino, y esto no sólo fue una fiesta, fue la celebración calculada proporcionalmente a la grandeza de este espacio que inspira respeto.

Cuando un gran anfitrión cuida su obra de arte, ésta se vuelve una pieza de colección en la memoria colectiva, incluso en la memoria de los que no asistieron.

Todo arte se domina a través de la práctica, sin embargo hay quienes nacen con talento y en cuna donde se ejerce con carácter formativo, de la misma forma en la que sólo algunos hombres son caballeros.

Una muestra reciente del arte de hacer fiestas, tuvo lugar en una de las zonas exclusivas de la Ciudad de México, con un anfitrión que se coronó con el título de realizar la fiesta más grande del año.

Entre los asistentes se rumoreaba que tomó una semana montar el escenario que se imaginó con varias semanas de anticipación, también corrían voces de invitados denominándola ‘fiesta del millón’, por el monto invertido que algunos invitados decían conocer.

Con los dos párrafos anteriores, hago referencia a la Fiesta Maxim, en la que se manifestó una simetría del ritmo, armonía del color en movimiento a través de los atuendos de los invitados que desfilaban por la alfombra roja y una combinación perfecta de música que marcaba el ritmo de la noche; por supuesto nada de esto fue casualidad.

La Revista Maxim México, ejecutó con elegancia el arte de ser anfitrión y la puesta en escena de la definición de estilo; con brisa de sensualidad se fueron aumentando aristocráticos placeres que se vieron satisfechos entre copas, música e invitados que se entendieron con el mismo código.

Las personas al frente de la Revista Maxim demostraron una más de sus especialidades al realizar la fiesta más grande del año, en la que su tamaño radica en demostrar que el concepto de Fiesta Maxim es un nuevo canon y tendencia en el que otros anfitriones querrán competir por la Corona de éste dominio.

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