Monitor Nacional
El conservadurismo del poder
Portada | Gabriel Quezada
14 de septiembre de 2015 - 1:38 pm
MN
Existen partidos de derecha en diferentes estados que para la instrumentación de sus políticas aluden a la tradición judeocristiana que supuestamente se basa en la Biblia

La historia de las relaciones internacionales está caracterizada por la forma en que se han desarrollado los vínculos sociales entre individuos que se encuentran dentro de las fronteras de un país y los que deben representarlos en las relaciones que se tienen con la contraparte de otros estados. La tendencia en esas interrelaciones internas y externas es que en muchas ocasiones, hay una lucha constante por la obtención del poder para preservar influencias en los ámbitos: político, económico, social, cultural, religioso, jurídico, entre otros.

Los grupos de poder que han construido un statu quo, a lo largo del tiempo, demuestran con frecuencia su capacidad para adaptarse a los cambios sociales y convencer a las audiencias, que representan, de que la política que instrumentarán satisfará sus necesidades e intereses. Es cierto que dichos grupos en ciertos momentos han llegado a satisfacer las demandas sociales de quienes gobiernan, sin embargo, van entretejiendo un sistema de concentración que lleva a perpetuar sus posiciones y formas de control social para garantizar una secuencia en el mantenimiento del poder que se comparte con familiares, allegados, amigos, socios, entre otros.

Dichas formas del poder evidentemente crean nepotismo, tráfico de influencias, amiguismo, sistema de intereses compartidos, entre otros. En siglos pasados y aún en el presente es bien sabido que las monarquías son un ejemplo de cómo se transmite el poder entre familiares, hace tiempo fue muy notable en Europa, pero ahora sigue siendo una costumbre en países como Arabia Saudita.

Asimismo, como se describió con antelación, las influencias son en diferentes ámbitos, uno de ellos es el religioso, que implica un gran poder dentro de las ideas arraigadas en las sociedades que sirve como cohesionador que las convence de que el ejercicio del sistema de poder es legítimo.

En Europa, se creía que los reyes eran impuestos por Dios, independientemente de si hacían o no lo que de acuerdo a textos sagrados -como la Biblia-, deben hacer con los súbditos. Así se ejerció el poder por siglos, aunque ahora siguen monarquías pero su poder ha estado más acotado. Asimismo, continúan prevaleciendo un conjunto de ideas asociadas a la religiosidad que sirven de pretexto para simular una ideología política a conveniencia y cambiante según las transformaciones económicas en las sociedades.

Esa ideología es algo que se conoce como conservadurismo, que en estricto sentido, es un conjunto de prácticas y formas de pensamiento que pretenden exaltar la religiosidad, el tradicionalismo y el mantenimiento de la posición política, económica y social de las clases que ejercen el poder en diferentes países del mundo.

Lo interesante es que dentro de la religiosidad que tanto defienden como bandera de principios o valores, no tienen la voluntad de sustentarla en los hechos, en particular, si se hace referencia a las religiones derivadas de eso que los científicos sociales denominan juedocristianismo, cuyo supuesto sustento está plasmado en la Torá, en relación con lo judío y en la Biblia, en relación con lo cristiano (en sentido católico o incluso protestante y sus ramificaciones).

Para comprender el asunto es posible analizar lo que se señala en la Biblia, dentro de Romanos 13, relativo a la obediencia a las “autoridades superiores” que según el texto, “por Dios han sido establecidas”. Sin embargo, aunado a eso en dicho capitulo refiere que éstas “no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo”. El capítulo también contiene un sentido jurídico, ya que las denomina magistrados. En la actualidad, existen protestantes que aluden al texto, quedándose con que las autoridades son establecidas por Dios y hay que obedecerlas pero no mencionan lo demás, que es lo relativo a la aplicación de la justicia e incluso en el versículo 9 del capítulo en comento, recuerda la lista de mandamientos que deben ser practicados.

Así tenemos un conservadurismo cuestionado por la realidad que crean aquellos que son considerados como conservadores, que lo que realmente preservan no son los valores que tanto difunden en sus discursos, sino el poder que no están dispuestos a abandonar.

Existen también otros casos observados en diferentes momentos de la historia y en distintos países. Uno es el discurso utilizado por el gobierno del Estado de Israel al aludir a la Torá para manifestar que son el pueblo escogido por Dios y les pertenece la tierra de Israel, pero no mencionan que las formas a las que han recurrido para su consecución, son contra las normas del texto sagrado, algo que ha sido evidenciado por judíos ortodoxos que se oponen desde Estados Unidos al sionismo, al verlo como un sistema político no semítico.

En el mismo orden de ideas, es decir, que incluyen la creencia de un designio divino, encontramos algunos grupos denominados puritanos y protestantes estadounidenses que en el siglo XIX, plantearon que fueron escogidos para llevar la libertad y la democracia al mundo, dentro de la doctrina conocida como el destino manifiesto, algo que ha servido de pretexto -más no como justificación-, para realizar intervenciones bélicas en diferentes siglos, dentro de países de América Latina y apropiarse de recursos para la satisfacción de intereses de poder político y económico que han ido configurando la influencia de lo que hoy se conoce como el complejo militar-industrial de Estados Unidos de América.

Aunado a lo anterior, existen partidos de derecha en diferentes estados que para la instrumentación de sus políticas aluden a la tradición judeocristiana que supuestamente se basa en la Biblia, como los políticos que integran esa corriente ideológica, pero en los hechos son cambiantes y solo aplican ciertos valores o principios de textos sagrados cuando les conviene, pero si hay que transgredirlos para la conservación de su poder -ya sea económico o político-, recurren a dejar su supuesto conservadurismo y optan por ser pseudoconservadores que juegan a tener apego a lo religioso y tradicional.

Cabe aclarar que no se puede generalizar, ya que existe una minoría de ellos, que sí se esfuerzan por tener cierto apego congruente a lo que son sus principios, su religiosidad y su tradicionalismo.

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