Monitor Nacional
El deber ser
Simposios Migrantes | Andrea Martinez
11 de noviembre de 2015 - 10:53 am
Personalidad-MN
No existe una respuesta que contenga la verdad absoluta respecto a cómo debemos relacionarnos con nuestra propia vida

A través de su historia, el ser humano se ha cuestionado cómo actuar, bajo qué parámetros, y siguiendo qué modelos. Buscando el progreso de su espíritu, ha creado mandamientos, imperativos categóricos y comités de ética. Desde los antiguos griegos hasta la psicología social moderna, seguimos analizando nuestra relación con la existencia en la búsqueda de la superación individual y de nuestra especie.

Aristóteles, en Ética Nicomáquea postula la virtud moral o la capacidad de actuar por medio de la excelencia (del griego arete que significa virtud moral). Para Aristóteles nuestros hábitos y acciones reflejan nuestra riqueza o pobreza de espíritu. Entonces, para lograr la excelencia moral es necesario practicarla con disciplina, igual que el jugar un deporte o tocar un instrumento musical. Es a partir de la práctica que el espíritu se fortalece. Aristóteles propone cuatro virtudes cardinales: prudencia, templanza, valentía y justicia. Todas ellas tienen como punto en común el auto-control y la moderación, el encontrar el punto medio, la media dorada a través de nuestras decisiones.

Del otro lado del mundo, en China, Confucio y Lao-Tze también propusieron la virtud como el centro de la excelencia moral. Ren, en el confucianismo, se traduce como conducta moral, conducta de autoridad o benevolencia. Confucio buscaba la construcción de Ren para que la sociedad mantuviera su orden y armonía. Tres de las virtudes principales según Confucio son: Li, Xiao y Yi. Li representa la propiedad ritual, el respeto a las tradiciones y las costumbres de la sociedad China. Para Confucio, el respeto a los ancestros y sus enseñanzas son la base para crear una sociedad educada y virtuosa. Ritos como el funeral representaban qué tanto una familia respetaba no sólo las formas sino a sus difuntos. Xiao, piedad filial está íntimamente relacionada con Li, y representa la obligación de los hijos hacia los padres con respecto al cuidado, cariño y respeto que se les debe. Esta virtud también refleja la importancia que los antepasados tienen en la sociedad China. Finalmente, Yi se traduce como justicia, y el saber aplicarla con maestría y moderación es lo que la convierte en una virtud individual.

Un eje central de la enseñanza Taoísta de Lao-Tze es el de la virtud, o “de”, pero de manera mucho más sutil que Aristóteles y Confucio, la virtud taoísta más bien requiere que sepamos seguir el camino del Tao, el curso de la naturaleza. Es decir, debemos aceptar los cambios y entender la estructura efímera de nuestra vida. El saber fluir con el Tao, el no ejercer esfuerzos innecesarios en contra del curso de las cosas constituye una virtud para la cultura Taoísta.

Muchos siglos después, Nietzsche propondría una versión muy distinta de la conducta moral. Intentando establecer el origen de la moralidad en su obra maestra La Genealogía de la Moral, Nietzsche apunta hacia la desigualdad de clases como uno de los factores determinantes. Para Nietzsche surgen dos moralidades: la de los amos, poderosos, ricos y la de los esclavos, las masas pobres. La moral del amo se define a si misma sin considerar a las masas, se define como “el bien” y como la representante de la “verdad”. Como contraparte define a su otro, al pobre como “malo”, pero él se considera el centro. El otro, el malo no representa ninguna amenaza para él ni para su dominio. Ejemplos de esta moral son las culturas Griega y Romana, donde la élite marca las pautas de la conducta moral y cuyo entendimiento de lo heroico y la excelencia moral parte de un lugar de fortaleza y poder.

Por otro lado, la moral del esclavo es producto del  “hombre de resentimiento”. El pobre, el débil, reacciona ante el poderoso y lo envidia, definiéndolo como “el mal”, e intentando ser todo lo contrario. Para Nietzsche, esta es la moral del hombre moderno.  La moral del esclavo no es una acción que se afirme a sí misma, sino es sólo un producto, una reacción ante la fortaleza del amo. Por lo tanto, surgen valores como la humildad, la paciencia, la resignación y el perdón. Son valores de un individuo dolido, envidioso, que sin poder tomar lo que desea del poderoso, establece como valor el altruismo y  la humildad, como único consuelo a su debilidad. Un ejemplo de la moral del esclavo es el perdón. El individuo fuerte y poderoso no se inmuta ante pequeñas ofensas en la vida cotidiana, mientras que el débil guarda rencores que tal vez le duren años. El débil necesita perdonar, se carcome en su resentimiento y odio hacia los demás, mientras que el fuerte se afirma a sí mismo por medio de su fortaleza de espíritu. El concepto de Resiliencia en la psicología moderna tal vez es un reflejo de la fortaleza que propone Nietzsche. La capacidad de sobreponerse a obstáculos y situaciones dramáticas está relacionada con algo que en inglés se llama “grit”, un factor que predice el éxito de las personas en diferentes ámbitos como la educación y el trabajo.

Finalmente está el trabajo de los existencialistas, que buscan una relación auténtica con nuestra libertad y nuestra existencia. Para Simone de Beauvoir, primero está el reconocimiento de otras libertades como trascendentes para entonces afirmar nuestra existencia de una manera ética y así entablar relaciones de igualdad con los demás. Para Heidegger, la autenticidad radica en el reconocimiento de la finitud de nuestra existencia, el entender realmente nuestra naturaleza mortal para así actuar sobre nuestras posibilidades presentes. El reflexionar sobre nuestra naturaleza humana, lejos del caos urbano, de las expectativas sociales, de las normas y costumbres nos regresa a la esencia de nuestro ser, y nos revela nuestra existencia efímera.

No existe una respuesta que contenga la verdad absoluta respecto a cómo debemos relacionarnos con nuestra propia vida. Nietzsche, Lao-Tze y Beauvoir revelan distintos aspectos de nuestra existencia y nos dan temas para reflexionar sobre qué es lo  que queremos de ella. En este sentido, es posible que la jornada de reflexión sobre cómo debemos actuar sea mas reveladora que la respuesta a la que quizá lleguemos.

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