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El derecho que todos tenemos

El descontento general es evidente en las elecciones que estamos viviendo este 2018. Nos enfrentamos a alianzas sin sentido, viejos candidatos con las mismas ideas de antes, nuevos sin ninguna propuesta fuerte, independientes moviéndose con tranzas y otros espectáculos que se suman al circo de horror que es la política mexicana este año. Los militantes fieles a los partidos políticos expresan su lealtad y reafirman la decisión de por quién van a votar el primero de julio, aunque sabemos que muchos de ellos pueden estar mintiendo. Otros ciudadanos han encontrado identidad o simpatía en alguno de los discursos de los candidatos y a estas fechas ya declaran con certeza quién será su elección, a pesar de que a la hora de la hora pueden llegar a arrepentirse, cambiando de favorito. No obstante, un gran porcentaje de mexicanos se encuentra perdido, contestando encuestas con indecisión sin saber verdaderamente qué harán el día que se abran las casillas y sea su turno de votar. A finales de marzo, un estudio realizado por Twitter y la organización Juventud en Movimiento reveló que el 55% no está seguro por quién votar en las elecciones presidenciales. El 23% dice no estar decidido completamente sobre el candidato que eligieron al momento, y el 32% no tiene pensado siquiera por quién votar.

Gracias a esto, no faltan los comentarios pesimistas que se escuchan cotidianamente respecto a las elecciones. “Ni para que votar”, “nada cambia”, “todo seguirá igual”, “no tiene caso salir; estas son solo algunas de las frases que se repiten cada periodo de elecciones. La creencia de que salir a votar no hará la diferencia está muy presente en la mente de muchos mexicanos, pero la realidad es que tiene un gran impacto, aunque se quiera ignorar. Debemos votar, es muy importante ejercer nuestro derecho y cumplir con nuestra obligación ciudadana de elegir a los que queremos que nos representen, o visto de otro modo en las elecciones actuales, elegir a quienes no queremos que nos representen. Participar en las elecciones es el canal principal de un ciudadano para formar parte de la política en el país.

Entonces, ¿votar o no votar? Lo que sucede al abstenerse es que no se ejerce el derecho ciudadano al voto, haciéndose a un lado y dejando que otros decidan los resultados. Al no participar, se debilita el proceso democrático y queda fuera de la elección un gran número de votantes que podrían cambiar la historia. Nos restan entonces militantes de los partidos, ciudadanos responsables que ejercen su derecho y, muy presentes en el caso mexicano, votos comprados de personas que tampoco creen en la democracia, pero que decidieron al menos sacarle provecho a ser parte del problema. Son estas personas quienes van a tener en sus manos el peso de la elección de candidatos, los que podrán decir que participaron en el proceso y a quienes culparán los no votantes por las consecuencias de sus propias acciones. En el momento que una persona decide no salir a votar, pierde todo derecho a quejarse de cómo se pongan las cosas bajo el comando del candidato electo, pues teniendo la oportunidad de intervenir en la política, no lo hicieron.

De esta forma, la importancia del voto se refleja en que es la manera en la que los ciudadanos se hacen escuchar y fortalecen la soberanía popular. Al decidir ir a votar, hay dos formas de hacerlo: con un voto válido, cuando se destina a uno de los candidatos oficialmente registrados, o con un voto nulo, conocido también como inválido. Los votos inválidos pueden ser por error, al cometer una falta que causa que no reúna los requisitos legales para ser válido, o bien por decisión, que es cuando el ciudadano lo anula voluntariamente. Aunque con esta acción no influyen en los resultados de las elecciones, están declarando su inconformidad con los candidatos actuales ya que ninguno fue merecedor de su voto. Si bien, es respetable la elección de anularlo, en México es una realidad que lo único que un voto nulo conseguirá es darle fuerza a los partidos que cuentan con el voto duro, el cual se entiende como el voto emitido por militantes y simpatizantes permanentes de un partido político, personas que votan independientemente de los candidatos y propuestas.

Por más obvia que pueda sonar mucha de esta información, es de gran relevancia mencionarla y repetirla en nuestras conversaciones, insistir e invitar a las personas a salir a votar. La gente que cree que la situación no puede cambiarse y decide quedarse de brazos cruzados es una de las razones por las que vivimos en esa situación, donde quedamos estancados sin una salida visible gracias a que en México no existe una ciudadanía responsable y activa. “Voten por quién quieran, pero voten” es una frase que debería remplazar a todas aquellas que invitan a debilitar –más- a nuestra democracia. No va orientada a fomentar un voto sin consciencia, haciendo de tín marín, sino a la participación activa electoral. Lo importante es participar, pero además comprender las implicaciones que tiene cada decisión. El conocimiento sobre los candidatos y partidos más la comprensión del contexto en el que nos encontramos tiene como resultado una participación inteligente, un voto informado y responsable.

Es indignante llegar al punto donde debemos votar por el “menos peor”, pero la abstinencia de voto o el voto nulo solamente perjudica las elecciones. Entonces, si ninguno nos convence, habrá que analizar los candidatos que “nos han puesto” y decidir quien es el que nos simpatiza más, o el que menos nos desagrada. Puede sonar bastante conformista, pero aún votando de esta forma, podemos seguir presionando por un cambio: exigirles ser mejores, vigilarlos, cuestionarlos, informarnos de qué proponen y cómo lo quieren hacer.

Abstenerse, no salir a votar, no nos beneficiará en ningún sentido a nosotros, el pueblo. A los únicos que les vendrá siendo útil será a los candidatos que buscan el voto duro. El primero de julio habrá un ganador electo en su correspondiente puesto, es un hecho que no se puede cambiar. Es nuestra decisión si ser parte del proceso electoral o dejar que otros elijan en nuestro lugar, sumándonos al problema que es la política mexicana, de la cual nos quejamos tanto día con día sin hacer nada al respecto, ni cuando se nos da la oportunidad con la acción mínima y más propia de democracia que es salir a votar.