Ver más de Opinión

El Discurso del Perdón

El candidato presidencial, Andrés Manuel López Obrador, reconocido por muchas personas como un actor del cambio, de la alternancia y de la lucha feroz contra la corrupción, ha dado un giro fundamental en su discurso combativo. Ahora maneja un doble discurso: el discurso de la persecución y el discurso del perdón. Mientras el líder de Morena dice que perseguirá sin fin a los corruptos y que acabará con la violencia, también declara que está dispuesto a negociar, si es necesario, con los líderes del narcotráfico y que todos pueden ser perdonados si cambian su modo de actuar.

En los últimos meses, Obrador ha cambiado su postura radicalmente en su discurso de combate. Hubo cambios importantes en tres rubros: las alianzas políticas oficiales de Morena, la integración de miembros de otros partidos tanto al plantel general de Morena como al gabinete de AMLO, y finalmente, el mismo discurso que Obrador ha manejado refiriéndose a la corrupción, el narcotráfico y la violencia. Se ha dado una transición del irredentismo político recalcitrante hacia una permisividad ofensiva y una tolerancia que el candidato busca exponer como conciliadora.

Primero, la creación de la coalición “Juntos haremos historia,” donde Morena hace una alianza política formal con el Partido de Encuentro Social y el Partido del Trabajo. Así, Morena ha pasado de afirmar que no haría alianzas, a decir que “por congruencia” no podía efectuar una alianza con el PES, a pesar de que si estaría dispuesto a conjuntarse con el PT. En diciembre, Obrador declaró que no habían diferencias ideológicas ni políticas con el PES, después de formar la coalición con el mismo. Este revisionismo debería ser más preocupante que cualquier otro miedo irracional al tabasqueño, pues no es una suposición febril y desatinada sobre la transformación de México en una dictadura fascista, sino un hecho que ya ocurrió y que se puede observar y estudiar.

En segunda, entre los integrados a Morena se encuentran miembros del PRI, PAN y PRD, los enemigos manifiestos del partido “de izquierda.” A pesar de que la lista de actores  políticos exonerados por su nueva alineación es bastante larga, hay algunos casos que demuestran la variabilidad moral y discursiva de Morena. Un caso es el de la senadora panista, Gabriela Cuevas, quien jugó un papel fundamental en el desafuero de Andrés Manuel López Obrador cuando fue Jefe de Gobierno del Distrito Federal. Otro más es el de Manuel Bartlett, quien fuera Secretario de Gobernación bajo el gabinete de Miguel de la Madrid.

Finalmente, para amarrar las nuevas dinámicas discursivas del candidato, se incluye ahora en su diccionario la “amnistía.” López Obrador busca una especie de “renacimiento” mexicano, y para alcanzarlo llama a una “reconciliación.” Es por esta reconciliación que se ha vuelto admisible aliarse con partidos políticos que previamente ha atacado y cobijar a políticos que ha identificado como parte de la “mafia del poder.” La amnistía que el candidato propuso se extendería a altos mandos del narcotráfico de ser considerado necesario.

Andrés Manuel López Obrador y Morena ya no representan un cambio para México y no son una oposición, si es que alguna vez lo fueron. Debido a sus más recientes declaraciones, Morena y su líder representan una plataforma de continuidad, donde la corrupción y el narcotráfico se declaran como terribles e imperdonables enemigos en el discurso, pero se cobijan bajo el gobierno en la acción. Es algo crédulo “temer” la candidatura morenista por los cambios radicales que podría presentar para la economía y la política mexicanas pues, considerando el estado actual de la coalición, es mucho más factible encontrar a un régimen tranquilo, conciliador y “pacífico.”

Este es el nuevo discurso que representa Obrador: la amnistía y el perdón para llegar a un renacimiento. Lo incongruente es que no se puede dar un renacimiento de este modo porque no representa un cambio: México ya vive un régimen de reconciliación y amnistía ante el crimen. El mensaje que emite esta candidatura de reconciliación es sencillo y evidente: ni los miembros de los cárteles ni los políticos corruptos necesitan preocuparse; todo va a seguir igual un sexenio más.