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El dolor que todos sentimos

 

En México cada día mueren 7 mujeres como víctimas de un feminicidio. Marchas se han hecho para generar conciencia. Marchas se han hecho para exigir justicia por estos homicidios, porque en el país solo el cinco por ciento de los casos de feminicidios se resuelven. Marchas se han hecho para lograr que ni una más sea asesinada a causa del machismo. La realidad es que el feminicidio nace del machismo producido dentro de nuestra sociedad y la única manera de resolver esta problemática es al enfrentándonos a la discriminación de género para detenerlo. Tristemente en México el 66% de las mujeres ha sufrido violencia física, sexual y/o emocional en su vida.

 

México es una sociedad machista, pero no solo en México se viven y se ven estas prácticas, sino que las vemos en todo el mundo. Es común que una mujer sea subestimada ante un hombre por su género. Es común escuchar que la mujer solo pertenece dentro del hogar y que su única capacidad es educar y cuidar a los hijos. Es común escuchar que una mujer no debe de trabajar al tener hijos, porque el tener un trabajo hace que se vuelva irresponsable al “no ser capaz de cuidar correctamente a sus hijos”. Pero no solo existen hombres machistas, sino que estas prácticas también llegan a ser aplicadas por las mismas mujeres. La mujer adopta una etiqueta que establece al hombre como proveedor del hogar y a la mujer como la ama de casa que cuida a sus hijos. Al enfrentarnos a situaciones en donde uno sale de este estereotipo, nos enfrentamos a juicios elaborados por la misma sociedad donde se critican todos los actos que atentan contra el paradigma de una familia normal. Las madres solteras se enfrentan a las críticas de la sociedad, pero también los padres solteros ya que se les cataloga como incapaces de cuidar a los hijos, porque su única capacidad es proveer.

 

Se establecen etiquetas que estipulan que las mujeres no son igual de inteligentes, que solo escuchan a sus sentimientos por lo tanto no pueden pensar lógicamente. Se estipula que las mujeres no tienen las mismas capacidades, no pueden manejar igual de bien que un hombre, no pueden opinar sobre política, no saben sobre mecánica, no pueden estudiar ingenierías, son extremadamente delicadas por lo tanto son incapaces de elaborar actividades bruscas. Y la lista puede continuar, pero cabe recalcar que de la misma manera los hombres, al igual que las mujeres también reciben estereotipos. Desde pequeños se les educa con una idea en la que los hombres deben de ser fuertes, por lo tanto, no se las da la oportunidad de sentirse débiles, se les enseña a no llorar y con el paso del tiempo a dejar de sentir. Al crecer después se les cataloga como animales salvajes y bruscos incapaces de tener empatía, todo esto generado por la educación donde en un principio se les prohibió generar emociones que eran consideradas débiles. A el hombre se le educa como la persona responsable de proveer, esto genera una presión ya que se vuelve el único participante en la familia capaz de generar los recursos económicos. La educación que se le da a los hombres para que logren pertenecer dentro de la sociedad, genera a personas dominantes y agresivas que vuelven sumisas a las mujeres y muchas veces las vuelven víctimas.

 

La situación de las mujeres es agredida constantemente por los estereotipos y por las costumbres generadas dentro de la misma sociedad. Se enseña que la mujer es un objeto que el hombre debe de poseer y controlar. En el momento en el que una mujer se revela de estas etiquetas y exige respeto, un trato digno e igualitario, sueldos equitativos al trabajo que elaboran sin importar su género, lo que reciben es violencia y discriminación. La respuesta violenta hacia la mujer es causada por la ira y el desprecio que los hombres sienten al no ser obedecidos, al volverse menos hombres ya que la etiqueta social genera que un hombre al no poder controlar, se vuelva “menos hombre”.

 

Para analizar las causas de un feminicidio se debe de analizar a la sociedad que produce el asesinato a una mujer por el hecho de ser mujer. Todos nosotros somos responsables de como una discusión generada por el machismo pueda crecer hasta que se dé la posibilidad de llegar a un momento donde la mujer sea golpeada, violada e incluso asesinada por no haber nacido hombre. La sociedad debe de parar de culpar a las víctimas de lo que le sucedió. El trato y el respeto que se le brinda a una mujer no depende de la ropa que ella utilice, no depende de la manera ni de la hora en la que ella decida transportarse, el trato que se le brinda no depende de si va acompañada de un hombre o de si va sola. Las mujeres deben de ser respetadas y se les debe de brindar la seguridad de desenvolverse respetando su dignidad por el hecho de que es una persona.

 

Todos somos personas y todos estamos involucrados en la violencia producida por el machismo, este afecta a hombres y mujeres. Este tratto se debe de ver como algo personal porque en cualquier momento podemos ser nosotras la víctima, puede ser nuestra hija, nuestra esposa, nuestra hermana o nuestra madre. Pero también puede ser que nuestro hijo sea reprimido de sus sentimientos por intentar pertenecer a un estereotipo erróneo de cómo un hombre debería de ser, este estereotipo generado por una sociedad machista. Puede ser que nosotros nos sintamos discriminados al ser juzgados como bestias ya que se nos exigió convertirnos en una figura fuerte y dominante. Los estereotipos reprimen a ambos géneros y para poder hacer un cambio en nuestra sociedad, necesitamos liberarnos de esas etiquetas para tener una nueva perspectiva en la que lo que predomine sea el respeto.

 

Debemos responsabilizarnos de la educación que se le brinda a los niños y niñas, en la cual ambas partes tengan la posibilidad de tener las mismas oportunidades sin ser juzgados por ser hombres o mujeres, sin estereotipar las capacidades de cada género, ni subestimar a las personas por su género. Necesitamos una educación que brinde seguridad a todos los individuos de la sociedad, necesitamos quitar estereotipos para lograr integrar una nueva cultura que acepte la fuerza, la expresión, la debilidad en ambos géneros, de esta manera se genera libertad, seguridad y respeto para todas las personas.