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¿El empoderamiento de la mujer o el empoderamiento del ser humano?

Muchas veces escuchamos e incluso utilizamos la palabra “empoderar” sin saber verdaderamente qué significa dicha palabra. Según la RAE, empoderar significa hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido. Hoy en día se supone que se está luchando por la igualdad de cualquier individuo, se está luchando por un mundo donde cualquiera pueda levantar su voz, donde se esté permitido luchar por las cosas en las que uno cree y donde uno pueda tener una identidad propia. Sin embargo, muchas veces nos olvidamos de la persona en general por enfocarnos exclusivamente en la mujer.

No niego que ser mujer es pertenecer a uno de los grupos más desfavorecidos. A pesar de ello, no somos el único grupo. También se encuentran los grupos indígenas, las personas que tienen alguna enfermedad mental o alguna discapacidad, los migrantes, las personas trans, por mencionar algunos. Al enfocarnos exclusivamente en empoderar a la mujer estamos dejando todos estos grupos de lado, puede que muchas personas piensen que por algo se empieza. Pese a ello, los demás grupos no solamente son ignorados, sino que también son olvidados. Por impulsar políticas que beneficien exclusivamente a la mujer, dichos grupos no son tomados en cuenta y por lo tanto no tienen la oportunidad de mejorar su calidad de vida.

Soy mujer, sí. Sin embargo, también soy ser humano. Siento que el mundo ya ha tenido suficiente con las segregaciones que se han hecho a lo largo de la historia, y a pesar de ello seguimos haciéndolas. Creemos que al empoderar a la mujer, estaremos igualando la balanza que hasta hace poco se inclinaba de sobremanera al lado de los hombres. No obstante, lo único que estamos haciendo es entrar en una lucha por ver cuál de los dos grupos sale beneficiándose más. A pesar de ello, los beneficios nunca se reparten igualitariamente. Pues dentro de los mismos dos grupos se encuentran más grupos divididos por preferencia sexual, religión, color de piel, en fin. Si tanto se está luchando por dichos beneficios, mínimo uno esperaría que se repartieran igualitariamente o al menos equitativamente.

Los hombres no pueden expresar libremente sus sentimientos o ser padres solteros, a las personas trans no se les toma en cuenta en ninguno de los dos grupos, los migrantes no son ciudadanos de ningún lado, a los indígenas se les habla despectivamente, a las personas con alguna discapacidad se les subestima, a las mujeres no se les obliga a concursar por hacer o librarse del servicio militar, a las personas con alguna enfermedad mental se les tacha de peligrosos y a las personas con una pigmentación de piel diferente al de la mayoría se les excluye.

Los ejemplos mencionados con anterioridad, son pocos a comparación de todas las trabas que enfrentan algunos de los grupos que tanto nos empeñamos por identificar. ¿Cómo es posible que se esté luchando porque las mujeres puedan amamantar en público sin ser estigmatizadas, y no luchamos porque las oportunidades que se les dan a las madres solteras sean las mismas para los padres solteros, pues estos aunque son minoría también existen? ¿Cómo es que alabamos a nuestro pasado prehispánico y no nos atrevamos a mirar a los indígenas actuales como nuestros iguales? ¿Cómo es posible que sigamos creyendo que una persona de piel oscura tenga mayores probabilidades de  ser un ratero o un violador que una persona de piel clara? Dichas interrogantes son pocas comparadas con las mil y un prácticas que hacemos incluso sin darnos cuenta. Estamos luchando por un sector de la sociedad y estamos invisibilizando las situaciones por las cuales también deberíamos de estar luchando.

Debido a lo expuesto con anterioridad, siento que es necesario cambiar la línea de acción que están siguiendo muchas personas. Es necesario empezar a dejar de empoderar a un selecto grupo y empezar por empoderar al ser humano en general. Si empezamos a luchar por el ser humano, no se volverá a repetir el dilema de la balanza pues en vez de haber dos o mil platos que balancear, sólo habrá uno por el cual luchar. Al empezar a hablar de ser humano y no de mujer u hombre, al fin estaremos empezando a progresar como sociedad.