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El fallo colectivo: 2018

De frente a la cámara, dirigiéndose a las familias mexicanas, con corbata verde y con un mensaje de buenos deseos para este año que ahora inicia, el todavía presidente de la República pudo afianzar la consolidación de los últimos meses de su mandato. A sólo unos meses de pasar la estafeta, se nos da la oportunidad de mirar atrás, a un poco más de cinco años de que el Revolucionario Institucional se volvió a hacer de la grande. El inicio de un nuevo año nos invita a valorar lo que hemos logrado, dice Enrique Peña Nieto. Los logros alcanzados por el partido durante los últimos años, son sin duda grandes, lograron conservar a pesar de todo, el Estado de México, por ejemplo, y todo se conjuga para el año que inicia en el que se desplegarán los recursos hasta su máxima capacidad, cueste lo que cueste.

Este año, sin embargo, Peña Nieto logrará culminar su presidencia. Seis años de inestabilidad interna, con violencia social, con una inflación más alta de los últimos veinte años, con el dólar constantemente acariciando a los veinte pesos y un mercado que se esfuerza para no colapsar.

En su mensaje el frente del ejecutivo se alza el cuello por el apoyo dado a los afectados por el sismo de septiembre del año pasado, donde alrededor de 250.000 personas quedaron sin hogar. No obstante, la otra cara de la historia presenta testimonios en donde los recursos parecían desviarse y lo que les entregaban no satisfacía las necesidades de las familias y obligándolos a encontrar los recursos faltantes por otros medios.

Otro de las materias en las que se enorgullece, es el de seguridad interior con la recientemente aprobada ley. La militarización del país es cínicamente reconocida como un logro en el vídeo de inicio de este año y de término del sexenio, el despliegue de las bases militares llevadas a la calle para controlar lo que hace años se ha salido de control.

Se hace mención honorífica a la finalización de la primera etapa de la construcción del NAICM, en donde la torre de control que quedará para finales de este año, quedará como obelisco del triunfo del Revolucionario en el país. Y la escena de Texcoco pronto quedará como un recuerdo más antes de desaparecer ante la expansión urbanística sin control de la metrópoli que ya no sabe para dónde expandirse y que ha aprendido a hacerlo sin importarle los ecosistemas.

No se equivoca al afirmar que las elecciones que se vienen mediados de año serán las elecciones más grandes de nuestra historia, pues efectivamente después de este sexenio la guerra parece ir con todo. Las alianzas están hechas y cada bando atacará con todo su arsenal para hacerse de la grande; algunas de las alianzas resultaban impensables hace algunos años, pero la mentalidad de evitar que el rival gane se ha sobrepuesto. No sólo está en juego la silla presidencial, pero también los diputados, senadores y cargos locales. Así que habrá sólo un par de semanas de relativa paz porque a partir de marzo estaremos bombardeados como nunca con publicidad de campañas de todos los colores, en todas las formas y medios disponibles.

¿Qué pasó con esa unidad de la que el presidente habla? Hoy la política, a través de los últimos años, ha creado una división en la sociedad. Divide y vencerás, dijo Julio César. Hace poco más de cinco años, la unidad de la sociedad tenía por lo menos una cierta cohesión: retirar a Peña Nieto de la presidencia. Especialmente a raíz de casos como el de Ayotzinapa, el movimiento creció y las marchas bajo este motivo eran constantes. Parecía haber una directriz, un motivo y un motor.

¿Qué pasó? ¿En qué momento de estos cinco años perdimos esa inercia? Los casos de abuso de poder, de cinismo, de despotismo en este sexenio fueron abiertos, públicos y aun con casos como el de la Casa Blanca, donde en otros países en unos días hubiera dejado el cargo, hoy Peña Nieto puede decir que va a acabar su mandato saliendo ileso. Con Ayotzinapa, con la Casa Blanca, con el aeropuerto, con Tlatlaya, con las concesiones a los trenes, con Odebrecht, con Trump, con Videgaray, con Murillo Karam y su cansancio. Este video que hace unas horas salió no sólo es el triunfo para la personificación de todo lo que el PRI representa a través de EPN, es también la prueba fehaciente de que la Revolución Mexicana no se concluyó nunca; sino que, por el contrario, representa, nuevamente, la victoria del autoritarismo sobre el pueblo.

¿Qué tiene que pasar para que el pueblo actúe? Si hemos dejado pasar semejantes pruebas de incompetencia, despotismo, por qué no habríamos de esperar que el siguiente se dé ciertos lujos. Si a pesar de los bajísimos niveles de desaprobación, de los ridículos internacionales, de las burlas públicas y los chistes, pudo terminar ileso su mandato. ¿Qué nos faltó para echarlo para atrás?  Este video representa la derrota del pueblo mexicano y la sumisión ante la opresión, la incapacidad de actuar ante las adversidades y de dejar que se nos siga mangoneando. Perdimos. ¿En qué momento perdimos el ímpetu de pelear por la mínima dignidad que nos merecemos como país? Este video es sólo otra muestra en que se nos recuerda que no podemos vencer al Gran Hermano que todo lo ve, que todo lo puede y que por todos los medios, nos socavará. Divide y vencerás.