Monitor Nacional
El frustrado derecho a la inconformidad
Calidad de Humano | Enya Sandoval
21 de abril de 2016 - 10:23 am
columna
En este municipio del Estado de México se recuerdan las redadas y la aprehensión de gente inocente que fue golpeada hasta sangrar

Dirigentes de cambio. Percusores de la libertad. Protectores del pueblo. Así se hacen llamar los representantes populares con infinidad de promesas a favor de la igualdad y el respeto de los derechos humanos. México es ya denominado como uno de los países más violentos del planeta, a la par con países de Medio Oriente en condiciones de guerra interna, por medios de comunicación de reconocimiento internacional desde antes del 2015. Así mismo, no deja de sorprender, con injusticia tras injusticia, a una sociedad cansada que ha optado por normalizar los actos de violencia y hacerlos suyos, día con día.

A pocos días del décimo aniversario de una de las represiones más indignantes en el nuevo milenio, quedan rezagos de un pueblo dolido, traumado, que busca escapar de la impotencia ante la injusticia que siembra cimientos de crimen y violencia permanentes. San Salvador Atenco fue testigo de una violación masiva de derechos humanos, llevada a cabo los primeros días de Mayo de 2006.

Este municipio abandonado de toda protección por parte de sus gobernantes muestra constates heridas abiertas en torno a la los abusos por parte de las autoridades. Presos políticos con cargos exagerados en su contra residen en cárceles hoy en día, algunos con cadena perpetua, consecuencia de los hechos de hace diez años, en un intento de mostrar inconformidad ante las decisiones de un estado que no tomaba en cuenta los intereses de su población.

En este municipio del Estado de México se recuerdan las redadas y la aprehensión de gente inocente que fue golpeada hasta sangrar. Se recuerdan las voces, gritos y llantos de mujeres violadas, literalmente, por un grupo de hombres que cobran su salario de los impuestos, destinados a protegerlas y cuidarlas, que cotidianamente llamamos como policías. Se recuerda la vida de un niño de 14 años, asesinado en manos de la policía federal, a causa de una bala apuntada a su pecho sin razón aparente. Se recuerda la alianza de los medios de comunicación con los autores intelectuales de la represión, que, aprovechando la ignorancia a gran escala, traicionaron a un país desinformado, justificando la violencia mediante un sesgo informativo que favoreció y propagó el abuso.

Entre los responsables del Gobierno del Estado de México durante ese año se encuentra una figura política que, por consenso general del pueblo, fue electo presidente de los Estados Unidos Mexicanos el pasado 2012, Enrique Peña Nieto.

Lo único que queda es el recuerdo de un país que no tiene derecho a la inconformidad, que alimenta caprichos de gobernantes y presidentes escondidos bajo la palabra progreso, y, que con el paso del tiempo, pierde la credibilidad de aquellos que intentan gobernarlo mediante la fuerza.

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