Monitor Nacional
El gallego y el «amor» por los animales
No te enchiles wey | Manuel Guisande
25 de agosto de 2016 - 2:51 pm
perro
Del libro que publicaré en diciembre y que se titula ¿Cómo somos los gallegos?, depende

El gallego adora a los animales por muchas razones, especialmente porque forman parte de su sustento, pues la vaca le da leche, las gallinas huevos y yo conversación, por ejemplo; pero sí, amigo lector, el cariño hacia los animalejos tiene un límite, pasado el cual… se los come. Ya puede ser una gallina preciosa, cariñosa, que haga un pío-pío nunca oído en el mundo de la zoología, que o la salvan los geos o termina al ajillo.

Ya sé que a ti te resultaría imposible; ya sé que si cuidaras gallinas, al verlas todos los días serías incapaz de ir al corral, coger la más oronda y ¡zas!, rebanarle el cuello como quien corta fiambre. Con lo cual la deducción más inmediata, por si te sirve de alivio y consuelo, es que dale gracias a Dios que te llamas Joaquín o Alberto, de la familia de los homínidos, y no de la de los faisánidos.

Y cómo los animales completan su dieta… pues todas las atenciones son pocas. Que si tienen agua suficiente, que si la comida está en condiciones, que si hoy les ponemos restos de patata cocida que les va bien, que esta mampara en el gallinero para el frío…

De verdad que hay gallinas a las que solo les falta hacer pilates. Unos cuidados, unos mimos… pero ojo con que a alguna le pase algo, especialmente con los perros, que en ocasiones les dan así como un arranque visceral y se lanzan contra ellas.

Cuando eso ocurre, el gallego lo tiene claro y el perro en dos o tres minutos también. Y lo que sucede a continuación forma parte de ese inframundo de la naturaleza que pocas veces es posible ver y que pocos somos los que hemos tenido el privilegio de comprobarlo.

El paisano coge al perro en brazos y el can se acojona. No es que el canelo haya estudiado, no; pero sabe que algo va a pasar porque, aunque siempre recibe atenciones y carantoñas, ser llevado en el regazo es demasiado porque no va mucho con el estilo de Cholo. ¿Y qué hace Cholo?, ¿lo lleva a donde la gallina y le dice con voz candorosa «no se muerde, a las gallinas no se muerde, malo más que malo…?».

No; coge unas plumas sueltas que hay en el gallinero, lo lleva al pastor ese para las vacas, que es un hilo por el que pasa la electricidad, le pone las plumas en el morro, lo acerca al cable y…  esto no lo tengo controlado, no sé si el aullido es justo cuando le cae la descarga en todo el hocico o segundos antes. Quizás con una foto finish… pero bueno.

¿Y qué hace después el perro…? pues escapa a toda leche, se mete en su casa y no sale en tres días. Y ahí, en ese momento para mí es todo un misterio. Yo, la verdad, no sé si el can medita en su casita, si hace así como un acto de contrición o rebota por las paredes de la sacudida voltaica. Lo que sí sé es que el paisano entra en casa con un cabreo de mucho cuidado y murmura algo indescifrable, y lo mejor, lo mejor es callarse y no decir ni mu, y claro, menos, pero mucho menos, guau.

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