Monitor Nacional
El golpe en Brasil
Opinión | Eduardo Gonzalez
20 de abril de 2016 - 12:13 pm
Dilma Rousseff
Llama la atención, que la petición de juicio político contra Dilma no se fundamenta en asuntos que tengan que ver con la corrupción Petrobras

A lo largo del siglo XX en los países de Sudamérica la derecha impuso su ley con las armas. Los golpes militares se sucedieron en cascada; las dictaduras horrorizaron a las poblaciones; la Casa Blanca dio el espaldarazo necesario a los arribistas y mantuvo su apoyo para su permanencia en el poder sin importarle el alto costo en vidas humanas que eso acarreaba.

Hoy, la estrategia ha cambiado, pero los golpes continúan existiendo para quitar de en medio a los gobiernos nacionalistas de centro-izquierda que han puesto en marcha políticas favorables a la población con la idea de recuperar el control de sus recursos naturales, económicos y financieros. Así como generar un reparto más equitativo de las riquezas y las oportunidades.

El montaje de la nueva estrategia de los golpes de Estado en el sur del continente lo vemos con eficacia en Brasil. Los grupos políticos contrarios a la presidenta, Dilma Rousseff y al ex presidente, Lula da Silva no han dejado de operar para terminar con el proyecto gubernamental del Partido del Trabajo. Llama la atención, que la petición de juicio político contra Dilma no se fundamenta en asuntos que tengan que ver con la corrupción Petrobras, ni por el presuntamente desvío de dinero de la petrolera para la campaña presidencial de 2014. La acusación es por haber violado normas fiscales y maquillando las cifras del déficit presupuestal el año pasado.

Sin miramientos en la sesión de la Cámara de Diputados, los representantes populares aludieron a Dios, a los cónyuges, a los hijos, a la historia, pero de los presuntos delitos no dijeron nada. Así las cosas, los diputados votaron por iniciar el juicio político. Ahora los senadores deberán ratificarlo con una mayoría simple de los 81 miembros o echarlo para atrás. En caso de que la iniciativa sea aprobada, la mandataria brasileña será apartada temporalmente de su cargo, y Michel Temer, vicepresidente, asumirá la presidencia de manera interina.

Una cosa es el desgaste que genera el ejercicio del poder y las malas decisiones de gobierno que Dilma ha tomado; y muy otra, el golpe de Estado orquestado desde el seno del poder por parte del vicepresidente, Michel Temer y el presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha para llevar a cabo el impeachment o impedimento de la mandataria brasileña.

Temer y Cunha siente el poder que les proporcionan los grupos radicales de los lobbies “del armamento, de las religiones fundamentalistas, del agronegocio, de los planes privados de salud, de los medios de comunicación, de la enseñanza privada”. El proyecto del arribismo brasileño tiene como principal objetivo minar las medidas laborales que protegen a los trabajadores por medio del salario, pensiones y jubilaciones. Asimismo, se busca poner en marcha un el viejo modelo económico que de un golpe de timón hacia las recetas neoliberales que tanto daño han causado en América Latina.

Por otro lado, no deja de llamar la atención que en caso de que Dilma deje la presidencia, ex el presidente Lula sea ubicado como como puntero en las preferencias electorales para 2018.

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