Ver más de Opinión

El miedo jaló el gatillo, no el zapatista

Oventik, el segundo caracol zapatista, donde sus gobernantes y sus guardias, usan paliacates para ocultar su identidad indígena y revelar la zapatista; sus mujeres, protegen a sus niños de los turistas y sus satánicas cámaras roba almas; y sus hombres, buscan vengarse con la mirada de quien los traicionó. Pero, principalmente, Oventik se caracteriza por sus habitantes quienes transpiran miedo y no es fortuito. Su batalla no comenzó en 1994 con pistolas cargadas de valentía, sino que ha sido una lucha histórica impulsada por el factor miedo el cual ha llevado a los zapatistas a tomar las armas.

Para que nuestro cerebro reaccione ante una amenaza necesita existir un estímulo y ante éste una reacción que conocemos como miedo. Cuando estamos en una situación de peligro, nuestro organismo crea una autodefensa mental, y posteriormente física, que altera las funciones de nuestro cerebro y corazón. En el caso de los zapatistas, sus estímulos fueron: La marginación, la inferioridad, la discriminación, la carencia de un reconocimiento como mexicanos; y todos esos factores recaen en su adversario, el gobierno.

En Oventik, los políticos mexicanos al mando son vistos como una amenaza ante su autonomía y para combatirla era necesario reconocer su miedo que han llevado en sus hombros desde hace más de 500 años. El miedo que los incitó en 1994 a salir de su zona de confort para atacar a su amenaza y dominar su angustia de ser olvidados. Sin embargo, ese año resultó ser un parteaguas para la historia de México, gracias al TLCAN, por ello, el gobierno mexicano no podía dejar pasar tan fácil su momento de brillar y dejar que alguien más le robara el reflector. Asimismo, con base en el miedo, fue el camino que decidió tomar el gobierno contra los zapatistas a través de misiones encubiertas, tratados utópicos y armas de fuego. Haciéndoles entender que trabajaban en coordinación, cuando en realidad era subordinación. Acallando una vez más los sueños del subcomandante Marcos y su movimiento revolucionario… de manera efímera.

La valentía zapatista ha sobrepasado las barreras creadas por el miedo y, gracias a ella, han levantado sus esperanzas para crear un mundo en donde muchas realidades sean no sólo aceptadas, pero valoradas. Los zapatistas pelean con armas hechas en chinga  y no en China, pistolas cargadas de resentimiento y quien jala el gatillo es el miedo, no un rostro cubierto por un paliacate actuando ante las amenazas que atentan contra su sobrevivencia.

Su miedo puede ser visto como una justificación ante las acciones de ambos bandos, tanto del gobierno como de los zapatistas, ese miedo al cambio y, por otro lado, a estancarse. Oventik tuvo que dejar su realidad y luchar con fuego para ser escuchado, los zapatistas no confían en nadie más que en sus ideales ya que su pensamiento es el arma más peligrosa.

Escrito por: Alejandra Vizcarra Jonsson