Monitor Nacional
El negocio de la migración
Divisadero | Eduardo Gonzalez
18 de mayo de 2016 - 10:25 pm
Migración-MN
La tragedia humana de la migración no se debe detener en los países de arribo, ni mucho menos en los territorios de tránsito

¿Cuánto dinero cuesta salir huyendo de la miseria sin adjetivos que aprisiona a los ciudadanos a la mitad en África y Medio Oriente? ¿Quiénes se benefician de las millonarias cantidades que produce la migración “ilegal”? ¿Qué costo tiene acceder a un lugar en donde vivir? ¿A cuánto asciende la riqueza derramada por quienes no tienen el derecho a no migrar? ¿Quiénes y cómo articulan las redes de tráfico de personas desde más de cien países? ¿Cuántos y cuáles “funcionarios públicos” se encuentran detrás del negocio de la “pobreza”?

Esta semana la Interpol y la Europol (La Jornada, 18 de mayo de 2016) dieron a conocer un informe donde dan cuenta del tamaño del negocio migratorio; si bien dan cifras que nos muestran la urgencia en la que viven millones de personas y la cantidad de dólares que pagan por salir de su penosa situación, nos quedan a deber los nombres de funcionarios que se ven beneficiados de esa situación. Menciono a los funcionarios por ser figuras públicas que deben brindar seguridad a los gobernados, y desde luego, porque son personas que podemos aprehender con mayor facilidad que a los coyotes o facilitadores quienes terminan por diluirse en la maraña de manos que transportan a los migrantes.

Según el reporte, más de 90% de los migrantes que arribaron a Europa en 2015 utilizaron a los coyotes o facilitadores, quienes obtuvieron por sus “servicios” al menos 6 mil millones de dólares. Resulta evidente que los millonarios recursos no terminan solo en las manos de los traficantes. Es un negocio muy jugoso para no tener la obligación de compartirlo con autoridades de todos los niveles de gobierno quienes utilizando su poder permiten el ingreso de los migrantes por controles fronterizos a cambio de cuantiosos sobornos. Al menos se han identificado 250 puntos “calientes” o ciegos de tráfico en estaciones de ferrocarril y autobuses, y aeropuertos dentro y fuera de la Unión Europea.

La mayoría paga entre 3 mil y 6 mil euros; aunque 52% al no contar con los recursos suficientes terminó por cubrir la cuota “en especie”, esta situación los coloca en un alto grado de vulnerabilidad y potencia las condiciones para experimentar la explotación sexual o laboral. Otra manera de pagar los traslados es comprometiendo al menos la mitad del salario que obtendrán en el lugar de arribo. Para ello, los coyotes establecen el trato con los empleadores de los migrantes, quienes solamente recibirán la mitad del sueldo prometido, el resto llegará a manos de los traficantes. Así, la estructura de las redes migratorias cada vez se complejiza más para garantizar la existencia del “negocio” migratorio. Sea por mar, tierra o aire los hacedores del negocio establecen los contactos necesarios para obtener pingües ganancias de la desesperación humana.

Por otro lado, domina la narrativa del peligro que implica migrar, de las difíciles condiciones para asentarse en Europa, del negocio de los traficantes; pero no escuchamos casi nada de las condiciones que generan la expulsión de los africanos y asiáticos de sus comunidades. Del histórico saqueo de esos continentes. Casi no se dice nada de la obligatoriedad migratoria, y únicamente se menciona: “los africanos y asiáticos decidieron migrar”.

La tragedia humana de la migración no se debe detener en los países de arribo, ni mucho menos en los territorios de tránsito. La migración debe pararse en las mismas comunidades de origen, si las persona no tiene el derecho a no migrar nada de lo que hagamos terminará por humanizar el acto de supervivencia que es migrar. Por el contrario, la desesperanza de millones seguirá siendo el negocio de unos cuantos.

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