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El niño cristero

El Papa católico acaba de canonizar —reconocer como santo— a José Sánchez del Río «El niño cristero». ¿Quién necesitaba en México una guerra cuando llevábamos más de 70 años peleando entre nosotros mismos siguiendo a caudillos e iluminados?  Beneficiados del hambre de la población, reclutaban niños, jóvenes y hombres a cambio de obtener un salario de un peso con cincuenta centavos (contra los diez centavos por semana que nos mataban de hambre sin dejarnos morir).

Habían soportado todo excepto que les quitaran el placer de visitar el lugar dónde hablar con Dios, no se pondrían de acuerdo en ningún tema en este país, pero que cierren las parroquias, ¡eso sí nunca lo vamos a entender! ¿A quién le hace mal que después de nuestra labor nos sentemos en las bancas del templo que nosotros mismos habíamos construido? ¿Qué culpa tiene un niño de que no le quiten el «pecado original»? ¿Cómo iba a juntarse con su mujer sin antes pasar por la bendición de Dios?

Los curas nos dijeron que no debíamos tomar las armas y que ofreciéramos nuestro sacrificio a Dios. ¿Para qué quería otro sacrificio Dios si ya le habíamos ofrecido todos? Fue una época de simulación en donde los afectados nunca conocieron las razones del cierre de los templos, la mayoría de los ministros del culto se refugiaron —por órdenes de Roma— en las ciudades para dar misa privada a los generales que los protegían (hoy parece de risa, en esos momentos era de rabia).

Esta ocasión sería diferente, pues no había armas suficientes —además de que a nadie le interesó venderlas—, no hubo dirección de guerra, ni caudillo, ni iluminado sin municiones y con una fe traicionada por casi todos los padrecitos, tras de ellos un ejército regular siguiendo los pasos con la ventaja de quienes conocían el terreno. Los cristeros pelearon una guerra de guerrillas tomando el armamento del bando contrario en cada una de las batallas.

Fue una lucha desigual de labriegos y campesinos convertidos en soldados de Cristo Rey, fue una lucha de hermanos separados por la paga y las creencias, de rezos de madres pensando que habían parido dos tipos de seres: unos cumpliendo su fe y otros siguiendo órdenes, reunidos en cenas acompañadas de familias divididas entre los que nunca se pusieron de acuerdo. Es una herida que no deja de sangrar⬦

Las mujeres tuvieron un papel activo en este movimiento, caminaban jornadas nunca antes pensadas por lugares nunca antes imaginados, transportaban en su ropa interior y en su pudor balas, para posteriormente ser deportadas en lo que parecía más una visión de endomingadas y encopetadas hijas de María a un convite lleno de mojigangos y mojigatas.

Si ya fue traicionada la guerra cristera, que al menos no sea olvidada. Si fue traicionada por los ministros de culto quienes plegados por sus votos de castidad, pobreza y humildad se refugiaron en las ciudades en lugar de luchar con los integrantes de sus parroquias (salvo contadas ocasiones se mantuvieron cerca de sus fieles y sus creencias). Decían que era un edicto del centro de la República, a todos les parecía un eructo, pues oían lo que no querían escuchar, veían lo que no querían ver y no leían porque no lo sabían hacer, eran analfabetos resultantes de 30 años de dictadura Porfirista y 20 de revolución sin revolución, de peleas entre bandos apoyados por distintos países con diferentes intenciones.

Para ellos la intención era la misma: ya nos han quitado todo, ¿por qué nos cierran el lugar donde nos encontramos con Dios? A todos aquellos que lucharon por su fe, seguramente el reconocimiento del niño cristero hecho hoy por el Papa será un aliciente de quienes movidos por su fe tomaron las armas y una lección para comprender que la solución nunca será la violencia.